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Hoy

Es de noche otra vez y, por no variar, vuelvo a sentir una sensación de mareo intensa. No es algo que pueda describir como una sensación física pero no me atrevería a considerarlo mental. Se mueve en una franja, en un limbo de entumecimiento.

Me levanto todas las mañanas con esa misma sensación que se disipa paulatinamente tras una bajada de tensión que nunca tarda en llegar y así empieza (o acaba) de nuevo el círculo.

Las horas pasan y los recuerdos se vuelven confusos, casi no consigo distinguir aquello que ha acontecido de lo onírico.

No son los sentidos los que nos mienten, soy yo, de nuevo, por incapacidad para ser sincera. Sigo queriendo decirme lo que necesito oír, pero los conceptos pierden la fuerza cuando mi cerebro los concibe.

Tanta abstracción y deformidad me absorben. El segundero oscila de forma ambivalente y pretenciosa, casi desafiándome a que intente comprender su dirección. La peonza sigue girando, sigo soñando.

Cuando me interpelan directamente siento la presión del aire directamente sobre mi como si intentase sumergirme en el mar muerto, demasiada salinidad, aunque de diferente tipo, no me deja sumergirme en lo que me rodea.

Me convenzo de que no soy la que era ni la que me he convertido para aliviar mi conciencia, para cargar mi confusión. Tengo unas cuantas decenas de preguntas que no quiero responderme y unas cuantas más que no se plantearme.

Hay algo que me calma dentro de la incertidumbre, no sé el qué. Quizá sea la sensación de que el caos que me rodea está controlado y regido por algo mucho más grande que yo que se escapa de mi control y entendimiento, que me convierta en irrelevante.

Probablemente no sea eso, seguramente sea más una cuestión de ego, de decirme que nada puede sorprenderme ya y que el porvenir carece de matices negativos o negativos, que he llegado al nivel de dejar atrás el maniqueísmo.

No creo que sea la una ni la otra, como digo, a menudo hablo por hablar, sin decir nada realmente por mucho que intente cargar de significado cada palabra en un contexto banal. He intentado parar, pero supongo que encuentro en intentar expresar uno de los placeres más grandes a los que puedo acceder y al mismo tiempo mi utopía frustrada.

Me hace gracia así que voy a citar ahora a 27 de yung beef (que me perdonen en la universidad por no hacerlo en APA) y es que “me levanto con dios, me acuesto con el demonio” define bastante bien esa sensación inconstante de la que trato de hablar y a la vez no tiene nada que ver con lo que intento transmitir.

Al punto al que quiero llegar (si es que quiero llegar a alguno) es que hay cosas que se pueden cambiar ya sea por nosotros mismos (ya sea con ayuda interna o externa), por ejemplo, el físico, pero que muchas otras ni siquiera toman forma conceptual como para que puedan identificarlas.

No puedo ir al médico y simplemente decirle que me duele, o al psiquiatra y pretender que interprete el simbolismo de lo que trato de decir, si es que hay alguno.

No sé nada, estoy muy cansada y dentro de poco va a salir el sol otra vez. Poético, casi ilógico como el tan inexplicable sentido de mi existencia. Intuyo que en unas horas aparecerá la niebla mental y me alejará de mí el tiempo suficiente como para sentir que como en memento cada mañana todo empieza de cero.

En fin, creo que no he dicho nada en 500 palabras.
Reid30 de septiembre de 2020

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