TusTextos

14/01/2022 Experiencias

La historia no comienza el 23 de Junio de 2021, pero siendo yo el narrador me vais a permitir tomarme las licencias creativas que considere oportunas.

Bien, la historia comienza el 23 de junio de 2021, el día que una relación amorosa que había mantenido durante los últimos tres años y medios -redondeando al alza- se rompió. Y pensarás, ya estamos con los desamores. Sí, lo estamos. Porque desde luego, si algo nos une a todos, es que los hemos experimentado o los vamos a experimentar.

Es muy curioso como cuando nos dejan hacemos dos cosas. La primera, contarlo con sinónimos: hemos roto, lo hemos dejado, ya no estamos juntos, etc. Supongo que es una evidencia de la negación de la realidad. No, no "hemos": han. Sí, te han dejado. NO ha sido decisión tuya y no tienes que echarte la culpa. Fácil, ¿no? Pues no, obviamente.

Como se suele decir, del dicho al hecho hay un trecho y cuando se meten de por medio los sentimientos ese trecho puede parecer un abismo insalvable.

Pero bien, no nos desviemos. Estábamos a finales de junio de 2021.

De esos primeros días -entendidos como primeros el siguiente mes y medio- solo recuerdo una cosa: llorar constantemente. Pensaba en la situación y mi respuesta automática era llorar. Y, claro, después de 3 años y medios el problema es que tienes señales que te hacen recordar en todos lados: la foto de perfil de WhatsApp, las historias destacas de Instagram, el marco que te regaló en la pared de tu cuerto, algunos dibujos debajo del cristal de la mesa y un larguísimo etcétera.

Por tanto, viene la respuesta más habitual -y que recomiendo profundamente-: meter todos los recuerdos en una caja. Si la relación fue bonita -la mía fue increíble- y la ruptura no ha sido mala -dolorosa siempre va a serlo- estoy seguro que algún día querrás y te gustaría recuperar esos recuerdos.

Bien, sigamos con la cronología. Instalados en el mes de Junio la situación fue sostenible. Siempre que entiendas por sostenible no ser capaz de estar solo en casa sin mantenerme ocupado y buscar personas en la calle constantemente para estar en compañía.

Pese a que a muchos, en una situación de duelo -así he descubierto que se llama científica al estado psicológico tras una pérdida-, prefieran encerrarse entre las cuatro paredes de su habitación, yo me mantenía seguro fuera, ocupado y haciendo cualquier otra cosa que no fuera pensar. Muy sano todo.

Conforme pasaron los días la evolución parecía nula. El efecto de dar golpes hacia adelante a los problemas y no afrontarlos es que no hay aprendizaje ni evolución. Y yo en ese momento me estaba comportando como Cristiano Ronaldo en una final de Champions. Correr y no mirar atrás.

El golpe de realidad -siempre llega cuando se hacen las cosas mal- empezó con el mes de Agosto. Principalmente por dos motivos: mis amigos se habían ido fuera -y estaba bastante solo- y tenía un examen de recuperación el 2 de septiembre que me lo tomé como un reto personal. Quiero decir, si conseguía estudiar sin preocupaciones es que lo tenía superado, ¿cierto?

La respuesta es que no. Sencillamente porque no fui capaz de estudiar bien y me derrumbé un día en la biblioteca con la suerte de poder ir a casa de un buen amigo que ya estaba de regreso para desahogarme. El examen lo aprobé, con buena nota incluso, pero eso es un detalle sin importancia.

En agosto toqué fondo por completo. Padecí lo más cercano que he estado nunca a una situación de depresión: estaba continuamente triste, lloraba, no tenía motivación por nada, no recordaba dónde había aparcado el coche, absolutamente ninguna de mis pasiones me llenaban y no paraba de seguir pensando en ella.

Posiblemente porque, en un alarde de desconocimiento y cobardía -no quiero juzgar a nadie más que a mí mismo, pero en estas situaciones tienes que ser fuerte. No por nadie, por ti- seguí hablando con mi exnovia. ¿Cómo, cómo cómo? Sí, hablábamos aproximadamente cada dos semanas para contarnos cómo estábamos y qué estábamos haciendo.

Menuda estupidez. Lo afirmo sin tapujos. Superar la dependencia emocional de una relación es incluso más difícil que sobreponerte a la ruptura. Al menos así ha sido en mi caso. Incluso todavía no me siento 100% "curado" -si se me permite la expresión. Claro que se te permite, idiota, es tu narración. Tss, calla.-

Ese mismo dos de septiembre que hice el examen de recuperación acordé con mi exnovia que no íbamos a volver a hablar en dos meses y fue también el primer día que acudí al psicólogo.

Por suerte las cosas están cambiando y hoy en día, al menos en mi generación y en las venideras, la salud mental empieza a estar normalizada. Por supuesto hay que darle las gracias de estos avances a que múltiples voces (expertos y famosos) están contando sin miedo sus experiencias.

Acudir al psicólogo ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida. Por dos motivos sencillos, pero con mucho trabajo detrás. El primero lo obvio, un profesional -una, en mi caso- siempre va a saber más que tú sobre tus sentimientos, te va a ayudar a ordenarlos y te va a dar consejos sobre cómo solventarlos. Y precisamente ese es el segundo punto: el o la profesional te va a dar consejos, pero tienes que ser TÚ quien los ponga a prueba.

Cuando decidí recibir ayuda lo hice, como todo en mi vida -soy un cabezón- pensando que iba a esforzarme todo lo posible por reconstruirme, por mantener absolutamente todo lo creía bueno en mí mientras mejoraba todo lo que podía ser mejorado.

Aunque suene a frase motivaciones de un sobré de azúcar en el bar de tu esquina, no podría ser más cierto. La ayuda psicológica ha sido fundamental, estoy profundamente agradecido y contento, pero el cambio ha surgido a raíz de mi trabajo y de mi esfuerzo.

Creo que esto es importante mencionarlo, porque noto cierta tendencia a la mitificación de la terapia. Claramente es buena, es maravillosa y ojalá que si estás en una situación similar a la mía o mucho peor te propongas pedir ayuda. Porque yo, desde luego, de no haber sido por eso no sé en qué situación estaría ahora.

Antes de empezar las sesiones yo ya había hecho un riguroso examen de conciencia, sabía qué cosas quería cambiar y a partir de eso, con los consejos de mi psicóloga, he ido trabajando, aprendiendo y mejorando. No diré lo típico de que hoy soy una persona nueva, porque siempre he estado orgulloso de ser -o al menos así me veo- como una buena persona.

En cambio, toda mi vida he dudado de mí, tenía una enorme crisis de autoestima, me costaba relacionarme con grupos ajenos a mis amigos de siempre... Y todo eso no ha desaparecido, ni mucho menos, pero me encantaría poder mostrarte dónde estaba ese 23 de junio y dónde estoy ahora que han pasado apenas siete meses.

No querría terminar un par de conclusiones. La primera es que sentirse mal es NORMAL, llorar es NORMAL, no querer hacer cosas es NORMAL y podría seguir así durante horas enumerando cosas que desde muy pequeños nos han hecho ver cómo negativas, cuando son inexorablemente propias del ser humano.

La otra cuestión va, no por el ánimo, porque no sirve de nada decir "pero siéntete bien" cuando estás en la mierda, pero sí me gustaría mandarte esperanza. Porque siempre, siempre, siempre hay una solución para lo que creemos imposible, solo tenemos que estar dispuestos a encontrarla.

Si alguien ha llegado hasta aquí seguramente pueda pensar que no es para tanto, pues las comparaciones también son inevitables en la conducta humana. Sin embargo, otra de las cosas que he aprendido a raíz de haber estado casi en una situación de colapso es que TÚ problema IMPORTA y lo ocupa todo de ti mientras vives con él.

Obviamente la ruptura, por mucho que he querido a esa persona, no ha sido el hecho exclusivo de mi situación, sino una gota más en un vaso que venía derramándose desde años atrás. Y esto también es importante, porque cuando te digan, todos hemos pasado por situaciones así NO tienen por qué acertar.

Dicho esto, hoy en día me encuentro muy animado, he superado a todas luces la ruptura y la dependencia emocional y no te puedes ni imaginar lo que ha reforzado mi autoestima, sobre todo en las relaciones con los demás. Todo ellos a raíz de aplicar los consejos, ser valiente y ponerle mucho esfuerzo.

Por tanto, una vez más -mira que eres pesado. Que me dejes, que digo lo que quiero- te pido que no desesperes por completo, que busques ayuda en los demás aunque parezca un mundo, que llores mucho, sí, pero no dejes que dure mucho tiempo.

Por último, me gustaría recordarte que tustextos ofrece la posibilidad de mandar mensajes directos y que suelo entrar cada dos o tres días a la página. Muchas veces hablar con un desconocido es mucho más fácil. En mi caso así lo fue.

-2KX
2kx14 de enero de 2022

1 Recomendaciones

4 Comentarios

  • Beatrix

    He leído con mucha atención tu historia, quizás, porque me he sentido identificada. Me alegro mucho que te estés recuperando, eso es lo más importante.
    Un abrazo!

    14/01/22 11:01

  • Eleazar

    Ole, porque tu testimonio ayudará a otros.
    Eres valiente y se nota en tu actitud

    17/01/22 12:01

  • Maruska

    Me parece muy maduro por tu parte escribir este relato. Gracias

    19/01/22 11:01

  • 2kx

    Gracias, Beatrix, Eleazar y Maruska. Por la lectura y por los comentarios.
    Un saludo!

    20/01/22 09:01

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