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Cuando Me Dejo

¿Cómo? ¿Por qué? Son las dos preguntas que no me dejan dormir. Que me taladran la cabeza cada vez que miro el anillo que me diste. Y me pregunto si alguna vez, en todo este tiempo, me amaste de verdad, o si solo fui un juego, un pasatiempo, algo que usaste hasta que dejó de ser conveniente para vos.
Porque yo sí te amé. Te amé con cada parte de mí. Te respeté. Te cuidé. Te elegí todos los días. Y vos… vos no fuiste capaz de nada. Lo único que hiciste fue criticarme, minimizarme, hacerme sentir insuficiente. Me llamaste inmadura. Dijiste que no era capaz de formar una familia. Me reprochaste por tomarme 14 días de vacaciones porque "soy joven", porque "no pienso en el futuro".
Decime, ¿qué más querías que hiciera? ¿Qué más tenía que demostrarte? A los 22 años trabajé, estudié, sostuve una relación a distancia. ¿En qué parte de todo eso fui inmadura? Hice todo lo que estuvo en mis manos para construir algo con vos, y vos me destruiste sin piedad. Y lo peor de todo es que lo hiciste cuando estaba sola en Córdoba, lejos de mi casa, lejos de todo lo que me hacía sentir segura. ¿Qué clase de persona que dice amar puede ser tan cruel?
Pero ahora lo entiendo. Amaste más la plata que a mí. Y eso fue lo que más me dolió. Porque yo nunca quise nada de vos, nunca te pedí nada. Solo quería tu amor, tu cuidado, tu compañía. Solo quería sentir que a tu lado tenía un hogar.
Y por vos, lo dejé todo. Dejé la facultad. Dejé mi trabajo. Dejé Córdoba. Dejé mi vida entera por un futuro que vos me prometiste y que nunca tuviste la intención de cumplir. ¿Para qué? Para que me rompieras. Para que me destruyeras sin mirar atrás.
Y sí, en mi enojo, en mi dolor, deseo que te quedes solo. Que sientas en carne propia el vacío que me dejaste. Que pierdas todo, como me lo hiciste perder a mí. Que algún día te despiertes y te ahogue la soledad. Que te duela tanto que no puedas ni levantarte de la cama.
Pero la verdad… la verdad es que en el fondo no quiero nada de eso. Porque soy una idiota. Porque, a pesar de todo, te sigo amando.
Daría mi vida por vos. Porque para mí, amar es eso. Y eso fue lo que prometí desde aquel fin de semana en las sierras: amarte como Dios me ama a mí. Y así lo hice. Lo di todo. Cambié por vos. Me transformé en la mujer que pensaba que querías, trabajé en cada detalle, en cada cosa que te molestaba, porque creí que así sería suficiente. Pero ni eso te alcanzó. Porque vos nunca supiste amar.
Qué triste es darme cuenta de que la persona que creí que me amaba nunca lo hizo. Que nunca fue capaz de sentir amor de verdad. Y lo peor es que ni siquiera tenés la decencia de asumir la responsabilidad de lo que hiciste.
Confié en vos. Creí en tus palabras. Construí mi vida a tu lado y me dejaste con una excusa cruel, absurda, sin sentido. No solo me lastimaste: me obligaste a cambiar toda mi vida para después abandonarme.
Y ahora, por fin, lo veo claro. Sos un egoísta. Me faltaste el respeto a mí, a mi familia, a todo lo que construimos juntos. No tenés ningún derecho a llamarme inmadura o incapaz de formar una familia, cuando fui yo la que hizo sacrificios, la que apostó, la que lo dio todo. Vos, en cambio, fuiste un cobarde. Un mentiroso. Un hombre que nunca tuvo la valentía de ser honesto antes de que lo dejara todo por él.
No te deseo el mal. Te deseo justicia. Te deseo que la vida te haga pagar por cada una de tus decisiones.
Y lo más triste es que, a pesar de todo, todavía te amo. Te amo desde el primer día que me invitaste a salir. Y ojalá no fuera así. Ojalá pudiera arrancarte de mi corazón. Ojalá pudiera odiarte tanto como te merecés.
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ruptura amor sentimiento dolor

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