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Casa de Escarnio

Un debate entre los principales dirigentes políticos en un país con más de 5 millones de parados es como si a un budista se le ocurre dar lecciones de karma a un pobre hombre que sobrelleva un tumor cerebral en fase terminal. Me impresiona observar como una amplia mayoría de la ciudadanía se posiciona cinco minutos antes del inicio del susodicho, jadeando los nombres de estos líderes, engullendo patatillas con sabor a jamón asado, haciendo la ola como si Rajoy fuese Cristiano Ronaldo y Rubalcaba Messi, ambos en claro estado de gracia, dispuestos a marcar el gol de sus vidas, pero ambos sin levantarse de sus sillas. Es increíble ver las banderas de colores rojo y azul hondeando gracias al viento electoral y al clima del estremecimiento social (un clima de política embellecida que dura poco más de dos semanas, hasta que llegan los resultados electorales y adiós muy buenas a mujeres, niños y transformistas). Y es que yo, visto lo visto y padeciendo lo que desde años llevamos padeciendo, no necesito un debate electoral, requiero, si se me permite decirlo, explicaciones. Mi voto vale por una explicación que me ayude a entender cómo diablos hemos llegado a este punto fatal, cómo es que el paro suma y sigue sin que nadie le ponga la zancadilla; ¿y qué decir sobre la crisis de valores, la educación en el “agarra lo que puedas y corre” o el desasosiego que padece la amplia mayoría de la ciudadanía a la hora de intentar confiar en la clase política? España –casa de escarnio, de pandereta electrónica y gaita gallega- se muestra a día de hoy demasiado alicaída, porque en su día depositamos nuestra confianza en un Gobierno híper responsable, y éste se pasó dicha responsabilidad por donde no se puede citar. Más que promesas y debates a última hora de la tarde, la sociedad que piensa por sí misma exige esclarecimientos para aliviar su irritación. Está muy bien ver a los líderes políticos mirándose malamente durante una hora, mostrando sus ademanes cabreados con el partido de enfrente; mas, si nadie muestra sus verdaderas cartas para intentar amansar a las personas de bien que se ven aturdidas por la presente crisis moral y financiera, hoy más que nunca tendrá sentido la frase pronunciada por Groucho Marx: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”; y de problemas, por desgracia, ya vamos más que sobrados.
Alexandervortice07 de noviembre de 2011

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