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Me Gusta

Me gusta la ingenuidad de la sonrisa que sostiene condenas e infortunios. Me gusta el no tener que gustar de la manera que lo requieren los demás. Me encanta que las críticas sean insaciables e insultantes, ya que eso quiere decir que algo correcto sí llevo a cabo, pues así me lo aseveró hace años el filósofo Juan Vidal Fraga: “Si todos te aplauden preocúpate, será que algo estás haciendo mal”. Me gusta la lluvia que se precipita quedamente por mi rostro corroído por los gusanos de la doble moral. Me gusta el mar alocado donde los corazones palpitan disparatadamente, donde la posibilidad de encontrarnos con seres ilusorios es alta. Me gusta cuando “ella” me dice con voz melancólica: “Lo entiendo, no desesperes, espera que el viento sople a favor”; y sonrío como un perro sin correa, ya que por mucho que observo en mi interior, no logro comprender cómo pueden continuar desempeñando su función esas arterias que suministran sangre e impulsos a mis letras, al verso que anhela ser glorificado por la pasión de un amor tan ágil como entusiasta. Gusto de Confucio cuando murmura por las esquinas de las ajadas librerías: “Me preguntas por qué compro arroz y flores. Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir”. Y viviendo, la columna de humo se desvanece, el amplio horizonte se ve reflejado en la marisma de los ensueños que aún están por venir, las semanas son invenciones de siete, ocho o nueve días, el apretón de manos entre enemigos es el verdadero significado de la palabra “perdón”, la noche se enciende con fulgores de oro, incienso, pan, humanidad y mirra… Me hipnotiza ver los ojos inofensivos e íntegros de Martina, esos mismos ojos que le dan la vida y el frenesí al bueno de Nardo, que ha descubierto en el amor hacia su hija, el verdadero sentido de la vida. Me gusta la ceja caída del político ficticiamente lúcido que mintió, miente y, sin duda, continuará mintiendo en las próximas elecciones, probablemente prometiéndonos una vez más sustento para todos, crisis evaporada y/o pleno empleo (lo malo del poder es que engancha como un alfiler las ideas inadmisibles de unos cuantos incompetentes). Me gusta la pureza de lo que no es enteramente puro, pero que puede serlo. Me encantaría comenzar mi vida de nuevo, y cometer los mismos errores, o más, si cabe, porque de los errores voy aprendiendo, ya que soy todas las veces que erré y pedí perdón por ello. Me gusta que me mal juzguen, porque la mayoría no tiene ni idea de cómo soy o quién soy, dudo mucho, siquiera, que sepan quiénes son ellos. Me gusta el afecto poco hecho. Me gusta mirar de frente a la muerte, y luego invitarla a una copa de aire grumoso y cosmos recóndito.
Alexandervortice11 de enero de 2011

2 Comentarios

  • Francuer

    q bueno

    11/01/11 02:01

  • Norah

    Me gusta el afecto poco hecho, y en eso acordamos amigo, cariños.

    11/01/11 09:01

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