TusTextos

El Amor Perdido

En algún momento, me dejaste de querer,
y no se sabe por qué se deja de querer,
es como abrir la mano y encontrarla vacía,
y no saber de pronto qué cosa se nos fué.

En un momento, me dejaste de querer...
Y es como el río de corriente fresca que no calma la sed,
es como andar en otoño sobre las hojas secas a tu merced,
y pisar la hoja verde que no debió caer.

Me dejaste de querer...
Como el ciego que llorando se despide,
mientras escucha a su amor perdido que rie al irse...
O como quien despierta recordando un camino,
pero sabe que lo recorrio acompañado y vuelve abandonado.

Me dejaste de querer...
Como quien deja de andar una calle sin razón y sin saber,
que en mis manos había un diamante brillando todo mi ser,
y a al recogerlo se evaporó con mi corazón también.

Me dejaste de querer...
Como un viaje detenido en las sombras,
sin seguir, ni volver...
Como cortar una rosa para adornar la mesa,
y que el viento destruya la rosa en el mantel.

Me dejaste de querer...
Como un niño que mira cómo se hunden sus barcos de papel,
y que al escribir en la arena la fecha de cuando sentí tu piel,
el mar se la lleve con tu nombre y tus recuerdos del ayer.

Me dejaste de querer...
Como un libro que aún abierto,
Quedó a medio leer,
Cual sortija que te quitaste del dedo,
Que solo a mí se me marcó en la piel.

Me dejaste de querer,
Y nunca tendré claro el porqué...

Viendo pasar las nubes, mientras está pasando mi vida,
y tú, como una nube que pasó por mi hastío,
yo creí que se habían unido tu corazón y el mío,
como se van uniendo los bordes de una herida.

Los últimos días de cordura y de vida sana,
Se entristecieron a la sombra de todas las cosas bellas,
y hoy, nuestra pequeña historia son como las estrellas,
aunque puedan parecer juntas, están lejanas.

Yo conozco el olvido, como un agua maldita,
nos da una sed más honda que la sed que nos quita,
y por esa misma sed, hoy puedo recordar,
todo aquello de lo que te arrepientes y quieres olvidar...

Con esos recuerdos, miraré a las nubes sabiendo que te quiero,
con mi hábito sordo y solitario de un joven y viejo marinero,
uno que conoció a la sirena que lo engañó y convenció de amar,
y que aún en tierra firme siente la ondulación del mar.

Mansamente e insoportablemente, me dueles...
Me dueles tú, la reina que vivía por los cuarteles,
Toma mi cabeza y córtame el cuello,
Nada queda de mí después de este amor doloroso y bello.

Entre los escombros de mi alma, búscame,
Entre mis llantos y lamentos, escúchame,
En algún sitio, mi voz sobreviviente, espera tu retorno,
pide tu asombro, el fin de tu silencio y ser de tu entorno.

Atravesando las dificultades como un moribundo,
tu rostro blanco y suave vive en mi recuerdo,
que aparece como la muerte de este escritor cuerdo,
que muere las horas antes que amanezca este mundo.

Y aunque mis ojos al pensar en ti se mojen y estén rojos
yo aún amo los tuyos, me muero por ver otra vez tus ojos,
Levántame. De entre tus pies levántame,
del suelo, de la sombra que pisas, recógeme...
Del rincón abandonado de tus recuerdos sácame...
Y levántame... Porque he caído en tu trampa,
en tus brazos, piernas, pechos y tus labios como estampa...

Pero no me recojerás, ya te has ido...
Ahora solo renacerá mi nostalgia,
pensar que no te volveré a ver me da cardialgia,
ya llevado el fín, encontré el fin del encuentro del amor perdido.

Cuando mi voz te recuerde,
y mi garganta se quiebre,
como un palido sol, se apagará mi corazón,
porque soy una perdida de tu tiempo, tenías razon.

Ella se aleja de mí...
¿Cómo saber si es lo mejor?
Se va de mi,
De ilusiones ella era mi creador...

Se va de mi,
Y se que no la olvidaré,
Se va de mi,
Se que si es que no la he perdido, en poco la perderé.

Cuando el dolor de perderte,
vaya dejándome solo,
No se como me lo montaré,
para seguir con mi vida y sus protocolos.

No sé si soy capaz de entender,
que alguien más llenó aquellas horas,
en las que prometiste que este amor ibamos a enceder,
cuando mi existencia, incluso ahora la ignoras...

Lo cierto es que todas las noches pasas por mi camino,
y siempre me tiembla en el alma el mismo ridículo afán,
pero ya lo asimilé, soy cociente de mi trágico destino,
que es mirarte ser feliz desde lejos, y nada más.

No, tú nunca quisiste vivir conmigo la primavera,
ni enseñarme las rosas ocultas en tu rosal,
Ni yo debo yo, aunque quiera, mirarte de otra manera
que no sea de lejos... Y no poder volver a más.

Y así pasas a veces tranquila y bella,
así como esta noche te vi pasar.
Más yo debo mirarte como a una estrella
inalcanzable y perfecta, de lejos y ya está.

Y así pasan las rosas de cada día...
Dejando sus raíces que nunca se van...
Y yo con mi secreta melancolía,
de aquella dulce niña que me llenaba como el pan.

Y así seguirás siempre... Siempre has sido prohibida,
solo deseando llegar más allá de la muerte, si hay más allá,
porque durante esta vida de mierda, si es que hay otra,
solo me queda amarte y desearte de lejos, y nada más...
Andresmb04 de agosto de 2020

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