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Hierro y Diamante

Le pesaban los años. Su vista vacilaba al mismo tiempo que lo hacían sus pasos y muchas veces cuando llegaba a una habitación de la casa ya no se acordaba para que había ido allí. Sin embargo recordaba perfectamente las cosas del pasado. Era capaz de revivir el olor de los geranios en la casa de su bisabuela cuando iba a verla los domingos, o sentir en sus labios el sabor de los polos de naranja que algún día de verano su madre le compraba.
Siempre temió la soledad y siempre estuvo sola; aunque ahora, en sus últimos años, le parecía que la acompañaban los fantasmas de las personas que de una manera o de otra habían pasado por su vida y la habían convertido en la persona que era. Y como tenía mucho tiempo, hablaba con ellos durante horas. Eran monólogos que en ocasiones le proporcionaban paz y otras veces la sumían en el dolor. Aunque era un dolor sordo, como el de una enfermedad crónica y de ninguna forma se parecía a ese padecimiento lacerante que había sufrido cuando era más joven. Ahora solo le cabía sentarse por las tardes al lado de la ventana, dejar que los escasos rayos de sol la acariciasen y adormecerse ligeramente pensando que no estaría mal quedarse así, tranquila, y no volver a despertar. Ya no temía a la muerte, más bien había llegado a verla como esa visita ansiada que se hace de rogar. Había amado mucho, había sufrido, había sido feliz en unas pocas ocasiones y de alguna manera también había sido amada. Ya todo estaba hecho y no dejaba cosas pendientes.
Mientras acariciaba las páginas del libro de poemas que estaba leyendo recordó una conversación que había tenido con su nieta Jimena la última vez que vino a verla. Habían hablado precisamente del dolor y de cómo enfrentarlo, porque su nieta había tenido una discusión con su novio y estaba preocupada y triste a partes iguales.
-Hay dos tipos de personas, hija-le había dicho ella. Las que están hechas de hierro y en las que prevalece el diamante.
-¿Y tú de que eres abuela?
-Por desgracia, de diamante.
-¿Por desgracia?-se asombró Jimena. El diamante es puro y hermoso, el hierro es feo. No entiendo por qué dices por desgracia…
-Es verdad que el diamante es precioso y también que es duro y fuerte; pero no olvides que también es el material más frágil que existe y es muy fácil romperlo en mil pedazos. Sin embargo el hierro, aunque tú digas que es feo, es muy útil, igualmente duro, y sobre todo, es muy maleable. Las personas no elegimos cómo ser; simplemente nacemos de una manera y también la vida se encarga de transformarnos. Si yo volviese a nacer y pudiese elegir, elegiría ser fuerte pero maleable, como el hierro. Porque ya sé lo que es ser dura en apariencia pero tan frágil que cualquier golpe pueda hacerme añicos. Tú que todavía estás despertando a la vida, si puedes, hazte de hierro. Vivirás mejor.
Jimena la miró y la anciana dudó de que la hubiese entendido. Pero ella se quedó más tranquila; no sabía si por haberla advertido o por haber dicho en voz alta lo que le había costado una vida entera comprender.
Beth01 de abril de 2015

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4 Comentarios

  • Mateo

    Mi querida BETH....que cierto es que nacemos de una manera y la vida se encarga de transformarnos.....y que cuesta toda una vida descubrir de que forma podíamos haber sido más felices?? y si ella hubiese sido de hierro??.....crees hubiese estado plena??....me ha llenado y emocionado este relato y el mensaje que en el nos trasmites....bueno....siempre hay un trozo de ti en cada relato...poesia o reflexion....y el trocito de ti que hay aquí es muy especial.....
    gracias siempre por emocinarme....mi corazón te lo agradece...mi alma lo percibe....
    siempre abrazos BETH....y siempre se feliz...y cuidate....

    01/04/15 06:04

  • Beth

    Gracias a ti Mateo por tu tiempo, que valoro, y tus palabras. Probablemente si ella hubiese sido de hierro...le hubiesen faltado cosas, pero siempre valoramos más aquello de lo que carecemos. Confieso que yo soy de diamante y quisiera ser de hierro. Un gran abrazo

    01/04/15 09:04

  • Danae

    Veo que no salió mi comentario ...
    Pues te decía que me ha gustado mucho esa imagen del hierro y del diamante.
    La verdad es que conozco pocas personas que realmente sean hierro, aunque hay quien se jacta de serlo.
    Bien es verdad, también, que los diamantes tienen distintas purezas. Ahí es donde puede haber más discusión, quizás inútil, porque ya se sabe que nadie puede sentir las cosas por otra persona.
    Un abrazote, Beth

    13/04/15 02:04

  • Beth

    Muchas gracias querida Danae. Precisamente hoy ese abrazo me hace muchisima falta.Un beso

    13/04/15 09:04

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