La Real Orden de Las Perdularias 19
Al mismo tiempo que el taxi se detenía en la puerta del hotel y Alexander pagaba al taxista mi móvil empezó a sonar desde las más profundas simas de mi bolso. Revolví su contenido durante un minuto como una posesa, y por fin encontré el dichoso aparatito, que cada día los hacen más pequeños. Ni siquiera me dio tiempo a mirar quien me llamaba, aunque solo oír la voz quejumbrosa al otro lado supe que era Laura.
-¿Qué tripa se te ha roto ahora?-le pregunté de malos modos, refugiándome bajo los soportales del hotel. Me arrebujé en mi abrigo, pero el viento en esta ciudad norteña era tan fuerte que no había nada capaz de detenerlo.
-¿Te molesto?-me preguntó, sin necesidad; yo sabía que le daba igual si me molestaba o no.
-¿Tú que crees? Acabo de bajarme del taxi y todavía no he entrado en el hotel; hace un frio de tres pares de narices y este hombre me mira como si estuviese loca, de lo cual no le hago culpable. Más te vale estar muriéndote para haberme llamado.
-Me he enamorado-sollozó.
-La Virgen-exclamé por segunda vez en lo que llevábamos de día. No es que yo fuese irreverente, es que estas asquerosas de perdularias me obligaban a decir barbaridades.
-¿Te parece mal?
-Mira, guapa, a mi ni me parece mal ni bien, pero es que cada vez que te enamoras, tiembla el misterio. A ver, ¿quién es esta vez? ¿Un yogui, un santón, un sufí?
-No sé que quieres decir-susurró con voz sibilina. Es un chico al que he conocido en la sala de espera de Sara Patricia.
-Adiós un chalado.
-No, bruja. Un chico muy especial que necesita toneladas de cariño.
-Ya, y tú, la buena samaritana, estás dispuesta a dárselas. Mira, déjame en paz, haz lo que te de la gana, pero si acabas recogiendo mierda de cerdo y de gallina, a mi no me vengas con milongas.
-¿No quieres saber más?
-No-le chillé, apartando el teléfono, en un vano intento de que me oyera mejor.
-Eres una cafre.
-Y tú una gilipollas sin remedio. ¿Sabes lo que te digo?
-¿Qué?-me chilló ella también.
-Que si, que quiero saberlo, pero mañana por la mañana. Cuando me levante, y depende de qué humor lo haga, te llamaré.
-Quieres decir dependiendo de como te haya sentado el polvo.
-Ordinaria-le grité.
Me colgó. Con todo el descaro del mundo, me dejó con la palabra en la boca. Cuando Alexander llegó a mi lado arrastrando el equipaje, estaba roja de furia y le dirigí una mirada airada. Se encogió de hombros, pero no me dijo nada. Con un ademán galante me invitó a pasar al interior del hotel. Bien estaba ganando puntos para ser beato, al menos.
11 comentarios
Bueno, sigues haciendome reir a carcajadas, desde la aventura del bano y la llamada de tu Perdularias a tu encuentro con Alexander. Esos detalles son las joyas del vivir que tu los recoges, con una impecable gracia. Un besito muy fuerte!
jajajajaja!!!!!:)
Pero que capítulo más cortito. ¡ Vamos ponte a escribir! que no nos puedes dejar en la recepción del hotel. Muy divertido. Un saludo.
A riesgo que quede como un tonto: ¿lo de publicaciones lulu es un chiste local o si existe?, digo en este siglo ya nada me sorprende.
Por otra parte (madre superiora), creo que yo no soy nadie para negar una oportunidad, pero necesito que me hables más de Leticia, digo, sólo como referencia. De anastacia pues que te digo; no me niego pero ya he conocido mujeres así y creo que no congeniaríamos. Sería buena idea en contestar a través de un mensaje y así se evitarían las conversaciones inoportunas, en mi humilde opinión.
Amiga, aquí poner un libro en papel resulta demasiado fácil si te lo propones. Lo difícil es colocarlo en el mercado. Me temo que la industria editorial en mi país es tan miedosa como un sentenciado a muerte, y esto hace que sólo se tomen en cuenta a las personas que ya cuentan con una imagen que los ampare en ventas.
Pero en lo que pueda colaborar para ver tu trabajo culminado; cuenta conmigo. Un beso y un abrazo!
=)
jajajjaja ...Eso de la mirada airada a quien no corresponde también me pasa a mí ... Es que hay veces que las situaciones te llegan a desubicar totalmente.
Bueno, es solo un pequeño comentario al caso. Por lo demás, reiterarte que esta historia es una joya, y que espero que dure y dure ...
Un gran beso.
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Querida Beth, insisto, esta joya debia estar en papel
Un abrazo por este buen rato
Antonio