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Una Ciudad Entre Los Hielos.


Los sueños del princeps son míticos. Creo que ya he reconocido que supe por mi abuelo que gracias a que el princeps recibe la Sagrada Sabiduría con el aliento vital tiene una diferente relación con el tiempo, porque a diferencia de lo que nos ocurre a la gran mayoría de los mortales, el tiempo pasado fue, y nada podemos hacer al respecto. Tampoco podemos ver el futuro porque para nosotros el futuro no es, al menos no lo es aún. Pero para el princeps pasado, presente y futuro son sólo diferentes puntos de vista de una única realidad. He tenido la oportunidad y el privilegio de leer Los Libros de Tude, que cada princeps reescribe. Y he sabido de la lectura del sabio texto que el princeps es sólo uno a través de los hombres, pero no a través del tiempo porque como he dicho, para el princeps el tiempo sencillamente no existe. Por ello es que es uno y sólo uno.

Es cierto que el cuerpo es materia y como tal es pasible de corromperse cuando el aliento vital se apaga. Es cierto que si el alma es de naturaleza divina se encuentra más allá de nuestra comprensión, más allá aún de la comprensión del princeps mismo. Pero es la tercera naturaleza humana la que en el princeps se manifiesta capaz de trascender las limitaciones del tiempo. Es la conciencia, que el princeps domina aún a través del sueño –y sobre todo a través del sueño- porque a él le ha sido concedida la potestad, porque a esa potestad se accede únicamente con la posesión de la Sagrada Sabiduría, la que se transmite de padres a hijos con el aliento vital, y cuya posesión exclusiva es propiedad privativa del princeps, que por ese motivo es que es sólo uno. Y uno a través del tiempo porque el tiempo no existe para el princeps del mismo modo y con las mismas limitaciones en que existe para nosotros, el resto de los mortales. Es por esto que el princeps posee naturaleza profética. No adivina el futuro, sino que, sencillamente, lo está viendo. Es esa conciencia del princeps la que se encuentra aquí y allá, en el espacio; aquí y allá en el tiempo.

Sarmiento –que no fue un princeps, pese a su origen familiar- soñó una única capital para Argentina, Uruguay y Paraguay en Argerópolis, en Martín García. Mucho más modernamente Alfonsín –que tampoco fue princeps, y que no casualmente compartía con el gran sanjuanino un origen familiar en Galicia- soñó la capital hacia el Sur, bien adentrado en el Reino del Nuevo León. En la mesa familiar aunque quizás algo distorsionado, habrán escuchado u oído ecos de palabras del princeps a sus barones cuando la hora del Reino de Patagonia no era aún llegada, lo cual como queda dicho en nada condiciona al princeps.

Yo personalmente he escuchado a mis mayores que don Astolfo ansiaba que la Nueva Roma y la Nueva Jerusalén coincidiesen con una Nueva Lima, capital de una Sudamérica unida. Primero resurgiría el Reino de Nuevo León que es su restauración en el Reino de Patagonia, luego la unión de las tres coronas, Patagonia, Argentina y Chile, estos dos últimos restañando las diferencias que las pusieron repetidamente al borde del conflicto, más tarde reunificando lo que fuera el Virreinato del Río de la Plata primero y luego el más antiguo Virreinato del Perú, para finalmente integrar el Camino del Inca, para luego, restaurado el meridiano de Tordesillas, recibir en fraternal abrazo al litoral brasileño. La restauración del meridiano de Alejandro VI obligando a la reivindicación de Austrasia, porque su ocupación fue tan ilegal como la de Malvinas y el archipiélago de la isla San Pedro.

Evidentemente el pensamiento del princeps expresa la convicción de que el Nuevo Tiempo que debe surgir bajo la regencia de la Nueva Roma en la Nueva Jerusalén es una reconstrucción de Sur a Norte, una reconstrucción que purifique las almas tras la victoria sobre el Dragón Negro en la batalla del Monte Geddon, una reconstrucción en la cual los Justos y los Bienaventurados dicten cátedra de ejemplo a los débiles mortales tibios de corazón. Por eso la reconstrucción debe iniciarse desde el extremo más austral.

Fue en esas tertulias familiares en las que supe que su visión profética reclamaba la creación de una ciudad en el territorio antártico. Porque el Reino que le asignara la Iglesia reúne en uno sólo Patagonia, Austrasia y la Terra Australis. Y así será.

Sor María Ceferina.
Londres, 37 de febrero de 2056.
Ceferino19 de mayo de 2016

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