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Concierto En a Menor En El Asiento Trasero de un Renault ClÍo


Antonia cumplió setenta y siete años hace tres días, y hoy, se enfrenta a unos de sus grandes enemigos, un enemigo que la hace descender y decender a lo más profundo de sus miedos. Antonia no mira alrededor, pues a su pánico se suma la vergüenza de que en ese preciso instante alguien la esté observando. Antonia y bajo ella, su demonio, una escalera mecánica del Corte inglés, que la lleva desde la planta de señoras hasta el exterior, o que la llevaría de tener le valor suficiente de dar el primer paso sobre su oponente. Debería preguntar donde queda el ascensor en el que ha subido.

Alberto está sentado en el asiento trasero de un Renault Clío, mientras sus colegas ríen bajo los efectos de la maría, su corazón sigue el compás de un concierto de cuerdas en a menor que radio3 ofrece a sus oyentes. No deja de pensar en Ana, tiene novio, pero en este momento eso no le importa, ya ha pasado demasiado tiempo pensando en los demás. Tal vez se arrepienta para siempre si esta vez no piensa en él. Todo es mucho más sencillo de lo que en principio parecía. Acaba de enredársele el alma en el pentagrama que sale de los altavoces y que al parecer sólo escucha él, ya sabe lo que tiene que hacer. Es en ese momento cuando el locutor dedica esa magnífica pieza a Ana de parte de su alma gemela, el sonríe, sus colegas creen que ríe sus chistes. Alberto considera aquel juego del azar como una señal y empieza a escribir un mensaje de texto en su móvil.

Alejandro está nervioso, ha oído rumores de que puede ser despedido al acabar el mes y se cuestiona ir a hablar con su jefe. El sabe que hace su trabajo de vendedor a la perfección y que no merece ser despedido, y además, la relación con su novia no marcha nada bien, y tiene varios préstamos, no es un buen momento en su vida. Pero si tiene algo claro es que no puede ser despedido en ese momento. Sudando y sin saber bien que decir, se dispone a entrar en la oficina, pero en ese instante suena su teléfono móvil.

Antonia siente que un brazo agarra con fuerza el suyo, cuando mira a la izquierda ve a un guapo muchacho de unos veintitrés años que se ofrece a ayudarla, ella le sonríe y le explica el terror que le causa bajar por aquellas escaleras, el joven con chaqueta, camisa y corbata le explica que no hay nada que temer, Antonia se aferra a él como si estuviera a punto de subir al altar con su yerno, el sonríe, y dice “una,…dos,…y…tres”, para a continuación empezar a descender.

Ana llora desconsolada, necesita a un amigo al que contar que en el momento mas duro su novio la acaba de dejar, todo va mal, “no quiero ser bióloga”, le quedan solo dos asignaturas, pero ella solo quiere ser bailarina, ha escuchado a su padre mil veces decir que aquello no la llevará a ninguna parte, y a todos los demás decir que para lo poco que le queda, acabe la carrera. Ha llamado a su novio, y él le ha dicho que no quiere seguir con esa relación, ella ha colgado sin llegar a decir que ha decidido abandonar todo por su sueño. “Te tengo dicho que no me llames al trabajo, estoy a punto de hablar con mi jefe”, Han sido las últimas palabras que ha oído de Alejandro antes de colgarle.

Alejandro sale sonriente de la oficina, su jefe ha admirado la manera de expresarse y lo convincente que ha sido a la hora de exponer el tema, es cierto que va a haber recortes de personal, pero no están dispuestos a perder a un empleado como él. Cuando se dirige feliz a su puesto de trabajo se encuentra a una anciana en la orilla de la escalera mecánica que no se atreve a bajar.

Antonia se despide del joven que la ha defendido del gran monstruo de acero y goma escalonado, pero en lugar de marchar mira hacia atrás y observa las escaleras de al lado, las que suben a la planta de donde viene. Se queda pensativa mirando justo donde acaban los peldaños: “es imposible que me pase nada”- piensa. Empieza a temblar y sus débiles e inseguros brazos se acercan al engomado pasamanos. Cierra los ojos, respira hondo y con paso firme adelanta un pie, y luego en un movimiento rápido y torpe, el otro. Hace un amago de caer pero pronto recupera el equilibrio y se le escapa de su boca una sonrisa desafiante, una sonrisa vencedora, ha dejado K.O. a su adversario, subir ha sido toda una hazaña, bajar será aun más sencillo.

Ana saca de su bolso un paquete de pañuelos de papel, y una luz intermitente en el interior le hace ver que le ha llegado un nuevo mensaje, en un principio piensa que es de su novio, o quizás debería pensar “exnovio”. ¿Alberto clase?- piensa para sí. Al leerlo, se enjuga las lágrimas y no puede evitar una risa boba mezclada aun con los quejidos de su reciente llanto.

Alberto va a casa, sabe el modo de conseguir a su amor, no tiene dudas, sabe que el posee las armas, y las va a utilizar todas. Cuando Ana le ha respondido al sms no podía creerlo, iba a verla, fuera de clase. Se lo ha contado a sus colegas y estos lo llevan a casa, aun tiene tiempo de sobra, pero tiene que ponerse guapo, y conectar consigo mismo para no olvidar el modo en que lo va a conseguir. Ser él, hacer el payaso, explotar lo que sabe que a los demás gusta de él.

Somos nosotros cuando reímos, cuando tememos. Esos miedos pueden estar justificados o no, pero ahí no fingimos nada, ese miedo somos nosotros, cuando dormimos somos nosotros, cuando amamos de verdad somos nosotros.
Pero en mi opinión es cuando luchamos por lo que queremos cuando más nosotros somos, cuando creemos que somos capaces y seguimos adelante, ahí somos nosotros. Cuando nos enfrentamos a lo que más tememos, cuando rechazamos el camino que han trazado para nosotros solo para seguir nuestra propia senda, cuando sabemos con reservas de confianza que podemos conseguirlo, y decidimos hacerlo, ahí, ahí es donde y cuando más nosotros somos.

Alberto mira sonriente por la ventanilla trasera de un Renault Clío y observa a una anciana saliendo del Corte Inglés, mira a Jorge al volante y dice:
“Jorge para, me bajo aquí y ya sigo a pie, voy a ayudar a mi abuela con las bolsas”. Aun me sobra tiempo, tengo toda la vida para conseguir lo que me proponga.






Debenetash24 de octubre de 2010

3 Comentarios

  • Omissap

    Muy Bueno, como siempre. Una gran verdad lo que describes en uno de los parrafos, el que empieza con:
    "Somos nosotros cuando reímos, cuando tememos..."

    A la espera de más relatos tuyo!

    Un saludo!

    24/10/10 06:10

  • Mary

    Es muy buena tu historia, y eres todo un filosofo. Siempre ando
    buscando la manera de encontrarme a mi misma y lo que has dicho
    me ayuda bastante a analizarme. Es realmente bueno..

    Un besazo, dios fuego ;)

    26/10/10 11:10

  • Debenetash

    me has llamado SOL????? jajajajaaj, muxas gracias niña.

    27/10/10 01:10

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