Vértigo (de Manuel Vicent)
"Que te dé un vahído después de contemplar una obra de arte se conoce como el síndrome de Stendhal. A este escritor le sucedió en Florencia al salir de la iglesia de la Santa Croce, donde se levantan los mausoleos de mármol de los artistas más insignes del Renacimiento.
Ciertamente a algunas personas muy sensibles la belleza les altera el ritmo cardíaco hasta llegar al desmayo, pero a veces el síndrome de Stendhal también conduce al vértigo, a la locura e incluso al crimen y en plena alucinación un esteta se ve impelido por una fuerza interior a acuchillar un cuadro de Rembrandt o a partirle con un martillo la nariz a La Piedad de Miguel Ángel.
En uno de los viajes a Grecia presencié una escena estremecedora. Un turista alemán totalmente desnudo y alucinado trataba de arrancar con una gran maza de hierro parte de una columna del Partenón para llevársela de recuerdo a casa. Poseído por un furor divino golpeaba el Partenón y al mismo tiempo parecía destruírse también a sí mismo con el afán de apropiarse de su belleza.
A partir de aquel suceso, los municipales de Atenas esparcen cada mañana sacos de esquirlas de mármol por el ágora y la Acrópolis, como el que echa maíz a las gallinas, para que los turistas las recojan creyéndolas antiguas y calmen la fiebre de adornar la estantería con los despojos de aquellas ruinas sagradas.
El síndrome de Stendhal se puede producir no sólo frente a una obra de arte sino también con el recuerdo de una playa o de un amor que nos llenó de felicidad en un tiempo ya lejano. Aquel viaje a una Ibiza prehippy de los años cincuenta, la travesía a Formentera en la barcaza La joven Dolores ya desguazada, aquella muchacha de la falda de flores y el rostro soleado apoyada en la borda contra el viento, las calas desnudas a las que nos llevaba la vela latina de un bote compartido con amigos se puede comparar con cualquier obra de arte.
Recordar los soles tan azules de la juventud produce una dulce ebriedad como le sucedió a Stendhal, pero también puede llevar al dolor y a la cólera si al vovler a aquel paraíso o a aquel cuerpo esplendoroso los descubrimos destruidos.
Ahora en Ibiza han construido una autopista para que Stendhal pueda llegar un minuto antes a casa a rascarse una pierna.
(texto de Manuel Vicent publicado en El Páis del domingo 25 de enero de 2009).
8 comentarios
Yo tambi?n me llevar?a medio parten?n si pudiera jejejeje. Pero bueno, me contentar? con el pienso de gallinas, que a mi me da igual los a?os que tengan, mientras haya pisado esa tierra ya tiene valor suficiente para mi jejejejejej. Pero hasta que llegue ese d?a...
Si lo conoces le dices que un gran art?culo, si no, no hace falta jajajajaja, gracias por ponernoslo diesel.
Me encanta Manuel Vicent, Diesel, es un escritor magn?fico. Sin embargo, aunque me he le?do su columna de los domingos durante a?os (?ltimamente ya no compro el peri?dico, ca? en el mismo agujero que el 99,75% de los espa?oles) reconozco que no he le?do nada de ?l. Ver?s: me gustaba tanto -y me sigue gustando much?simo- mi adorado Juanjo Mill?s que me compr? El Desorden De Tu Nombre y sorprendentemente no me gust? mucho. Me qued? un poco chafada y al pobre Manuel Vicent le castigu? al rinc?n por analog?a...
Genial el texto. Qu? interesante lo de que en Grecia esparzan esquirlas de m?rmol para que la gente se lleve lo que no vale nada. En Espa?a podr?an hacer algo similar, pero claro, no me imagino a la Cibeles con 6 ? 7 falsas manos saliendo de cada brazo (chiste malo). Como no van a poder con ellos, asumen esa realidad y la combaten del mejor modo posible: y as? todos contentos.
Besos
Buff, no me hables de Ra?l que soy del atleti!!!
Recomi?ndame alg?n libro de Vicent, anda, y le saco del castigo. Adem?s dir? una frivolidad sobre ?l, y es que siempre me ha parecido muy atractivo. Y con unos elegantes ojos azules...
Besitos.
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El final del texto me ha hecho reir...vaya con Stendhal, le pica todo....jejejeje.
reflexiones que no nos falten, me estoy haciendo adicta a ellas.
Un beso