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Raro.

Raro. Como mínimo habría que admitir que es raro. Sentada en la cama reflexionas sobre todo lo que ha pasado hasta ahora. ¿Enamorarte de alguien así? ¿Tú? ¿Desde cuándo? Y lo más importante, ¿Por qué? Por qué sigues cayendo una y otra vez en su trampa, sabiendo que lo único que quiere es que tú sigas ahí. Que lo único que hace es utilizarte cuando le viene bien. Y caes, y vuelves a caer, y una y otra vez sigues cayendo. Tus amigas te lo han dicho más de una vez, pero es difícil ver lo que no queremos, aunque sepamos que es así. Desde el principio supiste que no era en absoluto lo que tú buscabas. Arisco. Poco cariñoso. Introvertido. Pero tenía algo. Sí, tenía algo. No era guapo tampoco, pero... algo había. Y desde ese día te ha sido imposible pasar un día sin hablar con él, sin verle, sin pensar en él. Pese a haberlo intentado, no puedes. Y cuando tratas de distanciarte lo único que consigues es pasar días con él en la cabeza. Sabes que no merece la pena, que no va a cambiar, que no te quiere, que te utiliza, pero sigues ahí. Y eso es raro.



Intentas dejarlo de lado, no pensar en ello. Una y otra vez te repites a ti misma que le has olvidado, que ya no hay nada, que no sois más que amigos. Que puedes enamorarte de otra persona cuando y donde quieras. Pero sabes que no es posible. Que las cosas no funcionan así. Y te asustas. Porque nunca habías sentido algo así. Porque tienes miedo a que esto no acabe nunca. Que sea como la pescadilla que se muerde la cola. Le quieres, pasa de ti, te alejas y vuelve. Y así eternamente. Un tira y afloja continuo.

Pero un día te levantas y mientras desayunas te das cuenta de que no has pensado aun en él. No le echas de menos. No sientes la necesidad de hablar con él. Llegas a clase y charlas animada, no tienes en la cabeza más que esa cháchara banal con los compañeros. Y así un día detrás de otro. Él trata de llamar tu atención pero tú te das cuenta de que estás muy por encima. Sí, te has cansado de él, de sus tonterías. Por fin.

A lo largo de tu vida es posible que esto te ocurra más veces, pero habiendo pasado la primera ya no tienes tanto miedo. Porque sabes que tarde o temprano, ese día llegará.
Dinamite03 de abril de 2011

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