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Taxista al Pasado, por Las Buenas O Forzado

Vayan entrando, por favor, no se queden en la puerta. El despacho es pequeño, pero creo que habrá sitio para todos.

Me estaba volviendo un hipócrita desalmado. Aquello no era un despacho. Era el minisótano guarro de mi colega, el pintor, que me lo dejaba cuando vuestro amado detective Fiz Arou, tenía visitas campanudas. Eso sí, era un esfuerzo inútil vaciarlo de sus lienzos nunca acabados; aquel tufo a pintura, barniz y aguarrás seguía presente.

¿Cuántos son?
Diez -contestó una señora mayor con aires de marquesa.
Uf, no sé si habrá sillas para todos.
No se preocupe, estaremos poco rato. Además, las doctoras pueden permanecer de pie, cerca de la puerta. ¿Verdad, chicas?
Sí, claro, doña Gertrudis, no habrá problema.
Ah, estas chicas, son muy ambiciosas, pero tienen buen corazón.

Doña Gertrudis y sus dos vetustos compañeros ocuparon las tres sillas disponibles. Detrás, apoyados precariamente en los respaldos, se formó un segundo grupo formado por dos hombres y dos mujeres de mediana edad. Las tres jóvenes doctoras escoltaban a los otros desde el fondo del tugurio.

Permítame una mínima presentación de la gente que me acompaña y de mi propia persona.

Desconecté al momento. No soporto la insidiosa insistencia de los enfermos de titulismo cuando quieren hacernos partícipes de sus éxitos académicos. Al final, solo tuve claro que los tres sentados, entre ellos mi interlocutora, eran catedráticos eméritos de la universidad; los de detrás eran tres idem pero en ejercicio, mientras que el otro era un profesor titular. Las tres jóvenes del final, eran profesoras contratadas pero con mucho futuro por delante dada su aviesa facilidad para la zalamería....

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Doctorkrapp10 de marzo de 2022

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