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Los Suicidas

No recuerdo muchos días en mi recuerdo,
Viajando introducida en un sobre sin sellos postales para este éxodo.
Es así que, que como una liviandad innombrable, soy reemplazada.

Aún a la sazón, no poseo ensueño contra la vida.
Conozco bien los retoños de hierba que aludes.
Y los enseres de la residencia que situaste bajo el sol.

Mas los suicidas asumen un enunciado personal.
Así como los tallistas construyen féretros con herramientas que inventaron.
Nunca se les pregunta a ellos como construirían las últimas moradas.

Dos tiempos escuetamente me expuse a mí similar.
Haber endemoniado al enemigo, haber engullido al enemigo,
Hurtado sus artimañas, su hechicería.

De esta grafía, recóndita, rumiada,
Apática como lluvia o óleo,
Me he resultado escupiendo por la salida de la boca.

No alimento en mi pleno tal si frontalmente fuera un labrado.
Inclusive el ojo y los despojos del orín se mancillaran.
Los suicidas viven capaces para abandonar siempre su cuerpo.

Aun preexistiéndose abortos, no siempre fenecen,
Pero alucinados, no pueden relegar el dulce veneno.
El cual desde impúberes maquinaban pensando ¿Qué hay más allá?

¡Jugarse una vida sólo a un sorbo!
Eso, por sí renacido, se evangeliza en pasión.
La defunción es un esqueleto triste; tumefacto, tú muerte lo escribiste.

Y ahora tu muerte esperas por mí año tras año,
Para desbaratar regaladamente un arcaico deseo.
Para agotar mi aliento de esta mala prisión.
Forjando un balance, de todos los suicidas.
Eliakazan09 de mayo de 2019

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2 Comentarios

  • Mujerdistinguida

    Un texto con una personalidad especial, me atrae tu escritura, la traduzco a mi vida cotidiana.
    Elisa.

    13/05/19 10:05

  • Eliakazan

    Distinguida mujer, toda mujer creo que lo es, te agradezco tú comentario.

    30/06/19 08:06

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