TusTextos

12 Horas

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Sentado en la terraza la observo. Me encanta recordarla con la camiseta blanca y los vaqueros que vestía cuando la conocí. Aún recuerdo como su olor corporal se enredaba con mi deseo hasta acabar haciendo que nos encontráramos en las miradas el uno al otro. Poder respirar a su lado era un lujo. Aunque está tumbada en la cama y me da la espalda, recuerdo tan bien cada centímetro de su cuerpo que podría adivinar la arruga de su cara al reposar en la almohada. Me pongo en pie y camino hacia ella... Y no es porque yo quiera... Pero el deseo de estar a su lado embriaga mi mente hasta hacerme abrazarla por detrás y susurrarle.

-11
Sentir que no existe distancia entre ella y yo es la única manera de morir en paz. Le pido que se gire... Cuando me mira, entiendo por qué he estado tan perdido todo este tiempo. Me acerco suavemente, y tras un breve amago repetido, la beso... Y todo cobra sentido... Ella hace del caos un arte. Mis labios tiemblan cuando sienten que se van a despegar de los suyos. El intercambio de respiración se acelera. Acaricio su rostro, recorro su pelo. Se me erizan los bellos cuando sondeo su figura con la yema de los dedos mientras la siento conmigo... Le arrebato la camiseta, le retiro la ropa interior, la miro, me mira y me roba el alma.

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Mientras mi cuerpo se mece entre las sabanas buscando el sitio perfecto para no separarme de ella... La siento. Le hablo, me responde y la vuelvo a sentir. Su movimiento es fluido, suave... Perfecto.
Me besa, la acaricio, la beso, me acaricia... Siento como su cuerpo, envuelto en sudor, me roba mi calor. Recorro sus pechos con un movimiento pausado. Los beso. Los siento míos. Mis labios se paran en ellos y descansan una lengua que zigzaguea a su alrededor mientras ella me besa los dedos de mi mano izquierda... La derecha alcanza su fruta prohibida. La recorre de arriba abajo sin pausa... Lentamente. Ella curva su delicado torso. Retiro mi mano izquierda y aprovecho su curva para posarla en su espina dorsal y levantarla un poco más. Ella se muerde el labio pero parece que muerde mi corazón.

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Mientras el movimiento de mi mano es paulatino, ella junta sus labios a los míos. Respira frente a mi. Cierra los ojos y sigue respirando. Gime, abre los ojos, me mira y me susurra... Te quiero...
No consigo ahogar una sonrisa mientras la miro... Yo también... Mantiene su boca ligeramente abierta y la desliza por mi nariz. Su aliento es el aire que nos falta. Ladea su cabeza y se coloca en mi lado izquierdo. Me susurra. Me pide que no pare... Aparto mi mano derecha, la abrazo suavemente y la hago mía. Siento sus pechos en el mío... Con los ojos cerrados, su boca deja escapar una mueca de placer y su aire me mueve el cabello... Me derrite lentamente.

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Se eleva. Me eleva. Desciende... Pero a mi me sigue elevando. Un movimiento sincronizado, una curva perfecta que me regala una de las visiones más preciosas que mis ojos serán capaces de retener. Me inclino levemente, la tomo con fuerza y la giro velozmente hasta que mi espalda reposa en la parte frontal de la cama. Ella se acelera. Estira sus brazos hasta conseguir colocar las manos contra la pared, que al sentir fría, le da la sensación de calidez y se vuelve a elevar. Comienza a mezclar movimiento vertical con horizontal y me hace suyo. Por momentos pierdo todo tipo de noción, solo quiero tocarla, observarla, sentirla... Le acaricio los brazos, desde las muñecas hasta sus hombros, dejando caer las mías finalmente a sus pechos, que se mueven continuamente.

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Movido por el deseo, la agarro de sus brazos y la retiro de la pared, haciéndola prisionera por las muñecas y tumbándola delicadamente hacia atrás, dejándome caer con ligereza sobre ella. Le acaricio su pierna izquierda hasta llegar a su muslo. Desde ese punto, consigo levantar su pierna hacia un lado y me deslizo de arriba abajo, sintiendo como respira, escuchando como gime. Mientras la deseo, sigo tocándole la pierna que aún es mía. La levanto hasta mi hombro y me deslizo furtivamente hacia arriba... Ella ahoga un grito mientras aborta la respiración... Y aprovecho para decirle que me vuelve loco.

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Tuerzo su cuerpo y entro en ella. Puedo ver su perspectiva lateral y siento ganas de morderla. Con su cabeza girada, me besa mientras su saliva me recorre parte de la comisura de los labios mientras me muevo. Descanso mi mano izquierda en sus pechos, sin darle prioridad a ninguno mientras mi mano derecha le recorre el cabello, haciéndolo reposar detrás de su oreja. Su rostro me invade. Su respiración entrecortada pasa levemente por su boca y me obliga a poner mi cara junto a la suya... Moriría junto a ti ahora mismo.

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Totalmente ensimismado, arremeto contra ella una vez más. Me muerde el labio y me araña la espalda. Me muevo hacia abajo. Mi lengua termina de encontrar su sitio y la hace gritar. Pausadamente, sigue el camino previsto. Sus manos se posan en mi cara y su movimiento comienza a ser continuo y más rápido. Mi mano derecha acaricia la parte exterior hasta que se desliza hacia dentro... Su voz se eleva. Su movimiento entra en una dinámica frenética. La velocidad cobra protagonismo hasta que súbitamente todo se para... Su grito ahora es interior. Sopla hacia fuera, llenando sus pómulos de aire para dejarlo escapar poco a poco en medio de un gemido débil pero intenso.

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Ella descansa en mi pecho. Sus labios no paran de hacer dibujos en él. Le meso el cabello y comienzo a ser consciente de que me queda poco. Miro hacia el techo. Intentaría pedir piedad, pero sería inútil. Todo parece ir en cámara rápida... Todo menos mi corazón, que late muy despacio, tranquilo. Estoy a su lado. Ella está ahí, conmigo. Quizás me sienta, quizás no... Pero que está ahí, es una realidad.
Se mueve ligeramente. La acerco a mi. No la quiero dejar escapar... No quiero huir.

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Luchamos ferozmente contra todo... Fue en vano. Dormimos. Profundamente. Podríamos haber dibujado planetas y hacerlos girar. Haber escrito relatos que trascendieran de generación en generación. Vivido experiencias sin igual que seguramente, hoy recordaríamos sentados en una terraza como esta, rodeados de gente de nuestro agrado y riéndonos a carcajadas...

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... Viajado hasta la luna e incluso haberla traído con nosotros. No había nada que no fuéramos capaces de hacer... No había sitio oculto que no pudiéramos encontrar... No había persona que no consiguiera envidiarnos... Recuerda cariño, pase lo que pase...

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Me llamo Eric Grants. Tengo 89 años. Padezco una enfermedad mental que no tiene cura ni precedente. Solo salgo del estado de trance durante 12 horas al año. Es el momento en el que mi cerebro hace un reset para volver a encerrarlo todo de nuevo durante otros 364 días y 12 horas... Pero en ese periodo, puedo recordar cualquier momento de mi vida... Padezco esta enfermedad desde que tengo 50 años... Llevo 39 años en los que he tenido 468 horas para recordar... Pero el recuerdo siempre es el mismo... Tu y yo la noche que nos conocimos.

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Los médicos dicen que antes de volver a entrar en trance, siempre me levanto, me acerco a la mujer que está sentada a mi lado, la beso y después me quedo parado hasta que ellos me acuestan... Lo curioso es que esa mujer hace lo mismo todos los años en sus últimos minutos de lucidez.
Ericgrants28 de julio de 2013

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