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11 Historias Capitulo 08: la Fanatica (parte 3)

Al día siguiente cuando Catherine despertó encontró al señor Bennett sentado en el mueble cerca a la cama, tenía una expresión de confusión, de remordimiento, muy diferente la expresión de Catherine, quien mostraba una cara de felicidad que iluminaba la habitación, al ver la expresión del señor Bennett se levantó, cubierta solo por una sabana y se sentó en la orilla de la cama.

— ¿Ocurre algo?— pregunta aun sonriendo— no era la expresión que imaginaba que tendrías esta mañana, Señor Bennett…— le dice y se acerca a el.

— Esto… esto no fue una buena idea, Catherine, me siento muy avergonzado por lo ocurrido. — dice sin mirar a la cara a ala Joven quien poco o nada entendía, pensaba que el señor Bennett estaría complacido y feliz al igual que ella.

— ¿Cómo puedes decir que fue un error? Si fue lo más hermoso que me a ocurrido en muchos años… yo… hacer el amor con usted a sido una de mis experiencias más gratas… me ofende al decir que para usted ha sido un error— le dice algo consternada.

— No se supone que esto ocurriera— le dice esta ves mirándole a los ojos y poniéndose se pie frente a ella— Me disculpo con usted señorita Gueiler.

El señor Bennett avanza unos pasos tras ella hasta el medio de la alcoba.

La señorita Gueiler no entendía a que se refería el señor Bennett, intentaba pensar en que pudo haber fallado, la pasión, el amor, se había sentido en la noche y en el encuentro sexual pero pensaba que algo no andaba bien.

— Señor Bennett, la verdad no entiendo…explíqueme…— le ruega.

— Usted… usted no me ama y yo a usted tampoco, Señorita Gueiler…— gira a verla— solo… solo fue una especie de atracción y admiración en su caso, en el mío, pues… debo aceptar que confundí su admiración y me deje llevar, ahora tengo la cabeza fría y puedo pensar con claridad, lamento que haya sucedido esto, es usted una joven preciosa y… de haber sabido que esta seria su primera vez, créame que no hubiera accedido, dado que… no merecía ese honor, no yo, señorita.

— Pero… Señor Bennett…soy una mujer y no le permito que califique mis decisiones personales, aunque usted haya sido parte de estas…— se acerca a el y lo abraza por detrás. — Yo lo amo, Señor Bennett. Dígame que me cree…hágame el amor nuevamente.

El señor Bennett se suelta de los brazos de Catherine y avanza hacia la puerta de la habitación.



— Señorita Gueiler, lamento lo ocurrido desde el fondo de mi corazón, le pido no me guarde rencor y se olvide de mi y de esta situación tan penosa.

— ¡Pero Señor Bennett!— Catherine se acerca a el al borde de las lagrimas. — ¡¿como le hago para que sepa que mi amor por usted es verdadero y no es solo el capricho de una fanática de sus obras?!

— No hay nada que pueda hacer señorita Gueiler, usted es una buena muchacha, tiene un talento para la escritura y una pasión por la lectura envidiable, estoy seguro que les sacara un buen provecho… ahora… le ruego que se vista y… regrese a casa, yo hoy mismo luego de terminar unas cosas estaré regresando a España. Le deseo con el corazón que olvide esto, y que prosiga con su vida.

— Pero…

Antes que si quiera Catherine pueda decir algo más el señor Bennett sale de la habitación a toda prisa, no se podía ocultar en su mirada un gran dolor aunque también una gran vergüenza.

Unos minutos más tarde Catherine se marchó de la alcoba del señor Bennett con lagrimas en los ojos y sintiéndose muy ofendida.

El señor Bennett por su parte fue a casa de su ex esposa donde trató de excusarse por haber faltado al recital de piano de su hijo, pero las escusas no fueron suficientes, ya que su hijo se había sentido muy mal al no ver a su padre en uno de los días más importantes de su vida, Joven Bennett entonces se negó a ver a su padre y a que este le explicara lo corrido, mayor fue el golpe cuando Sofía se encargó de encararlo y recordarle que esa fue la causa principal de su separación, su ausencia en momentos importantes, le rogo encarecidamente no regresar hasta que las aguas se calmen. Lamentablemente el había preparado todo para partir esa misma noche a España, insistió en ver al muchacho, despedirse, odiaría tener que irse con su hijo enfadado, pero el pequeño se sentía decepcionado, ante sus forma de verlo, no le interesaba a su padre.

— ¡Creo que lo mejor será que te largues, Humberto!— terció Patricio acercándose a la entrada de la casa, donde discutían Sofía y Humberto, invitándolo a salir y dejar de importunar la mañana del sábado.

—¡¡Patricio, no te metas, eso se trata de mi hijo!!— le dice con fervor.

— ¡¿tu hijo? ¡Ha! ¡Pues no parece que lo fuera, si pones cualquier cosa antes que el! ¡Eres una vergüenza!— le dice duramente logrando que Humberto Bennett se enfureciera e intentara lanzarse contra el y golpearlo.

Sofía se interpone entre ambos gallos de pelea listos para destrozarse.

—¡¡Ya basta!!— Exclama separándolos—¡¡Ambos cálmense!! ¡Humberto…es mejor que te vayas, no somos nosotros quienes te negamos ver a Alan, es el quien se niega a verte!— le dice con frialdad. Luego de una pausa de unos segundos mientras los tres se calmaban, ella continúa. — así que… por favor... Vete, si de verdad te interesa Alan, entonces buscaras la forma de no irte este coche… ya conoces a Alan, en uno o 2 días estará contento nuevamente…

— Si, listo para que le rompas el corazón nuevamente— terció nuevamente Patricio con ironía.

Esta vez el buen Señor Bennett simplemente guardo silencio y respiro profundamente, tenía muchas cosas en la cabeza como para preocuparse por Patricio y sus estupideces.

— De acuerdo, no me iré hoy, me quedare hasta el próximo sábado… dile a Alan que tuve un motivo de mucha fuerza, que… regresare después para hablar con el, se lo dices...

Sofía asienta y Humberto se aleja caminando por la acerca meditabundo.

El señor Bennett regresó al Hotel con la confianza de quedarse en cama el resto del día, dormir y tratar de olvidar los problemas y el pensamiento que lo atormentaban, al subir a su habitación, previamente asegurándose de que haya sido limpiada y de que Catherine había abandonado el lugar y obteniendo la promesa del recepcionista de que no dejaría subir a nadie sin su consentimiento, directamente se acostó en su cama, pensando en muchas cosas, sintiéndose muy mal por lo ocurrido. ¿Abre hecho bien? Pensaba y el mismo se respondía: Era solo una fanática, no debí dejarme embelesar por sus atenciones, fui un ridículo y cometí un gran error… pobre muchacha, pensaba atormentándose.

Finalmente se durmió el resto de la mañana.

Los días siguientes no supo nada de Catherine, ignoraba que seria de la pobre chica que había humillado con su rechazo y desprecio, aun le dolía cuando pensaba en ella, pero trataba de mitigar ese dolor no pensando y suponiendo que pasado ya un mes y medio la chica habría regresado dejado Vermut. Bennett había retomado su trabajo, ya había dejado mucho de lado la escritura por estar jugando al enamoradizo, ahora estaba concentrado en terminar su novela lo antes posible.

Una noche de miércoles mientras escribía acostado en la cama y bebía un café que lo mantuviera despierto tocan a su puerta. Rápidamente y algo extrañado, dado que no espera a nadie ni había enviado por algún recado, se dispone a abrir.

— ¡Va!...— dice mientras se coloca las pantuflas y avanza hacia el recibidor de la habitación, entonces al encender la luz encuentra bajo la puerta unas hojas, rápidamente las recoge.

—Capitulo 3— lee en la primera hoja, Rápidamente abre la puerta y ve a los lados del largo y amplio corredor lleno de puertas, sale unos pasos algo confundido y al no encontrar nada ingresa a su habitación ojeando las paginas.

Era obvio que esas hojas habían sido escritas por Catherine. Bennett se sorprende mucho ya no imaginaba que la joven seguiría en la ciudad.

— ¿Qué intenta enviándome esto ahora?— se preguntaba mientras dejaba las hojas sobre el mueble del recibidor.

Se acerca al teléfono y llama a la recepción preguntando algo ofuscado si es que la joven de la vez anterior había regresado al hotel, la respuesta fue clara y negativa, la muchacha no había entrado al hotel. Pero alguien claramente había dejado ahí los papeles.

Bennett da unas vueltas por el cuarto algo confundido y curioso, quería leer el capitulo aunque sabia que era una mala idea, ¿ya para que lo leería? Pero mostrando debilidad ante sus sentimientos nuevamente y curiosidad los toma y se dirige a su alcoba donde comienza a leer el tercera capitulo.

Luego de un rato de leer con mucho detenimiento y poniendo atención a cada párrafo de la narración, Bennett descubría que la muchacha había dado un giro a la obra que de algún modo hacia quedar ale escritor de la historia como la victima, en ves de la joven muchacha.

En la historia Catherine contaba como la chica, había rechazado al buen escritor cuando este le confeso su amor, todo lo contrario a lo que el supondría ella escribiría, detallaba con claridad y mucho detalle a través del capitulo, los sentimientos de los personajes, el dolor inmensurable que consumió al escritor y lo envolvió en un inmenso dolor que oscureció su alma. Sentimientos que eran obviamente pertenecientes a Catherine, en un fragmento escribe literalmente:

“Sintiéndose humillado, rechazado por la joven, el escritor se dejo llevar por el odio que era lo único que ahora habitaba en su corazón, en su mente llena antes de bellas historias ahora solo habitaba la oscuridad, el sentirse rechazado por la joven a la cual malinterpreto a través de sus poemas, el decidió que se vengaría, su corazón pronto sucumbió ante el dolor y la rabia, el antes buen hombre, ahora no era más que uno de sus personajes tétricos de quizás una de sus sagas de terror y suspenso, pronto la joven y todos aquellos que en algún momento lo han hecho sufrir, sentirían lo que es el terror y la venganza”

Líneas que dejaron al Humberto Bennett consternado y algo preocupado, era obvio que la joven sufría, le dolía haber perdido una fan, una amiga, pero sobretodo sentía lastima por que el corazón de la chica podría ahora verse oscurecido como describe en la historia.

Humberto no dio importancia a las palabras vertidas en la narración, pensó que era el corazón amargado de la joven la que escribía esas palabras dolorosas, pero pronto descubrió que esas palabras no solo eran producto de el odio y que solo eran eso, palabras.

Al día siguiente Bennett fue a casa de su ex esposa para intentar hablar con su hijo, pero fue recibido por patricio quien siempre haciendo gala de su mal carácter con el no fue del todo cordial en sus palabras.

— Ya te dije que no están, han salido a hacer algunas cosas madre - hijo, Humberto. — le explica Patricio en la entrada de la casa.

— Dime donde han ido, quizás pueda aprovechar para hablar con Alan.

— No, no creo que sea buena idea, Humberto, el niño no te quiere ver, sigue muy enfadado, es verdad que se le ha olvidado un poco, pero seguramente verte lo dejaría mal nuevamente, así que… ¿Por qué no te largas de Vermut? ¿He? Si me dejas darte un consejo…seria el que te largaras de aquí y… solo vengas cuando nosotros, particularmente yo, quiéranos verte…— le dice con aires de superioridad y prepotencia.

Humberto rápidamente le pone un alto.

— Patricio, yo no vengo a verte a ti, o a ver a Sofía vengo, desde donde quiera que este, para ver a Alan, es para mi una maldita pena, que el viva contigo, asi que no me hables— le dice igualando el tono— como si pudieras decirme cuando demonios ver a mi Hijo…¿te queda claro?

— Lo que me queda claro, Señor Bennett, es que usted habla mucho de su hijo, su hijo, pero cuando debe actuar como el padre del niño, esta en cualquier otro lado, haciendo cualquier maldita cosa, y olvidando que ese hijo suyo lo necesita, y es mucho más importante que lo que sea que tenga e su cabezota…— le dice con tono altanero, pero algo de cierto había en sus palabras por lo que Bennett se calló unos segundos buscando un buen argumento para defenderse, aunque un buen argumento ante la declaración del Señor Arboleda era algo escaso.

— Tengo razones, Patricio, razones que solo se las debo a mi hijo y quizás a Sofía, pero que a ti no debe interesarte, ahora te pido con respeto que me digas cuando regresaran “mi hijo”— hace énfasis— y mi ex esposa.— solo opta por alegar.

— No te diré nada. No merecerías tan si quiera volver a ver a Alan, yo he sido todo el padre que el a tenido durante estos años, yo he estado ahí cuando el ha necesitado apoyo, ayuda, consejos, Yo, ¿Dónde estaba usted, señor Bennett?— pregunta con sarcasmo— seguramente escribiendo…como dice Sofía, lo único que para ti esta sobre las letras con las tildes. Tu familia esta al final.

— No te permito…— Bennett intenta detener el discurso incomodo de Patricio pero este continua.

—… ¿sabes, Humberto? Le harías un favor a Alan y a Sofía no apareciéndote más por este lugar, vete a España, sigue trabajando, saca más libros…para eso quizás tengas algo de habilidad y destreza, pero como padre no tienes ni la más mínima habilidad.

Esas palabras llenas de altanería y falta de respeto provocaron el odio en el amable y ofuscado señor Bennett quien sin pensarlo si quiera se lanzó contra Patricio envolviéndose ambos en una trifulca donde no faltaron puñetes, patadas, cabezazos, y donde claramente el señor Bennett muy enfurecido mostro que tendría un buen futuro en el mundo de las peleas, dado que aunque se llevó sus buenos golpes, la peor parte se la llevo Patricio quien por momentos extensos se encontró debajo de Bennett siendo recipiente de sus golpes enfurecidos. La pelea que se extendió unos minutos solamente y llevo a ambos hombres enfurecidos a luchar mas cómodamente en el jardín de la casa, termino cuando los vecinos de Patricio comenzaron a gritar y a separar a ambos hombres quienes seguían gritándose improperios muy subidos de tono mientras eran separados.

—¡¡No regreses, maldito estúpido, que ni se te ocurra regresar!!

— ¡¡te vas a arrepentir, estúpido, no me separas de mi Hijo!!— gritaba enfurecido el señor Bennett.

Unos minutos después Bennett simplemente decide retirarse al darse cuenta del papel tan deprimente que había desempeñado, y las miradas de los vecinos que no se estaban llevando una buena impresión de el, Bennett se va decepcionado obviamente, pero con una pequeña sensación de desquite al haberle propinado a Patricio unos golpes que ya se merecía hace mucho tiempo.

Esa noche luego de que Humberto se cura las heridas provocadas por la trifulca que tubo en la tarde, recibe una visita que no fue muy agradable.

Sofía había ido a hablar con Humberto, esta lo hace llamar y se reúnen en el lobi del hotel.

Antes que si quiera este pueda saludar a Sofía, sucede lo que ya suponía, esta le grita como en los viejos tiempos, sin medida y ante el mayor publico posible, Sofía muy enfadada por lo que había pasado con patricio en la tarde y seguramente después de haber escuchado la versión, exagerada seguramente, de Patricio.

— ¡¡¿Cómo es posible que vayas a mi casa y ataques a patricio?!! ¡¡¿Qué estas demente o que demonios te pasa?!! ¡¡le has roto una costilla y le has dejado la cara toda hinchada!! ¡¡¿ese ejemplo le das a tu hijo?!! ¡¡¿Qué los problemas se arreglan a golpes de karate?!! ¡¡la verdad es que me decepcionas, Humberto, pensé que tendrías más recato e inteligencia, no digo que Patricio no te haya respondido o quizás provocado, pero debiste responder de forma diferente!— Sofía no lo dejaba defenderse y el de algún modo estaba perdido en sus recuerdos, los gritos de Sofía le recordaban a sus épocas de novios, de casados y el final de la relación, —¡¡no se que te esta pasando, pero no me gusta para nada esa actitud tuya, no sabes lo que me ha costado convencer a Patricio de no demandarte por daños y perjuicios, amenazas, me ha costado convencerlo, ya que si el ejecuta una demanda, con los amigos que tiene en los juzgados… Humberto, no volverías a ver a Alan!!

Esas palabras dejaron frio a Humberto, sacándolo de sus recuerdos.

— ¡¡no, eso no, no es para tanto!! ¡Sofía, yo te juro que fui con la mejor intención, fue un error atacarlo, es verdad y reconozco que di el primer golpe, pero si hubiras escuchado la altanería e irrespetuosa manera de hablarme…y no me arrepiento de haberle propinado una golpiza a ese descarado! ¡Pero lamento que vengas contra mí! ¡Pensé que me entenderías!— le dice.

— ¡¿Qué estas idiota?!— Le responde— ¡¡le rompiste las costillas, tiene un ojo negro, casi no lo puede abrir, maldición no podrá ir a un juicio que tenia mañana temprano!! ¡¡Maldita sea, Humberto, reza por que no insista en demandarte!!

— ¡Sofía, por favor yo…!

— ¡¡Nada!! ¡¡¿Así demuestras tu interés por nosotros y por dar un buen ejemplo?!! —Saca algo de su bolsillo y se lo da —¡¡te lo envía Alan!!— le dice entregándole el reloj que le había dado en su cumpleaños— dijo que no quería tener nada tuyo, quedó muy mal cuando vio a Patricio tan lastimado…¿Qué no pensaste que para Alan, Patricio es también su padre y que lo quiere muchísimo?

Humberto se queda en silencio mirando el Reloj muy entristecido.

— Yo te rogaría… que por un buen tiempo te alejes de nosotros, vete a España… ya no hace falta que te quedes aquí… — le dice dando la vuelta y dirigiéndose a la puerta de salida.

Humberto se queda pasmado, triste y pensativo ante la mirada de las personas en el Hotel quienes si desearlo habían sido testigos de la vergonzosa escena.

Esa noche el Señor Benet se la pasó frente a la catedral de la ciudad pensando, repasando la situación disfrutando del aire fresco de la primavera, medito mucho, sabia que esta ves la había malogrado toda, había caído ante las provocaciones, sabia que estaba justo donde Patricio quería colocarlo, ahora su hijo, su ex esposa, sus vecinos, todos pensaban que Humberto era un mal ejemplo, sabia que con los contactos de Patricio y dado lo ocurrido, solo tendría que hacer un pequeño papeleo y jamás le dejarían acercarse a Alan.

Regresó al hotel a eso de las 2:00 PM, de frente a dormir, no escribió, no vio televisión, ni se cambio. Solo se hecho a su cama, había decidido partir a España la tarde del siguiente día, ya tenia todo preparado.

A las 10 de la mañana del día siguiente, cuando Humberto regresaba de la cafetería del hotel y se acerca a la recepción, el recepcionista le informa que lo estaban esperando unas personas desde hacia ya unos cuantos minutos.

Esto extraña a Humberto quien se acerca a los 2 hombres que lo esperaban en el lobi. Al ir acercándose Humberto noto por el porte de los hombres que estos eran policías, lo que lo extraño muchísimo.

— ¿Señor Bennett?— pregunta uno de los hombres, el más alto y con una cara más seria, Bennett asienta y saluda respetuosamente, el hombre saca su placa y se presenta entonces — detective Alighieri, Samuel Alighieri, buenos días.

— ¿Ocurre algo Detective?— pregunta Humberto muy confundido.

— ¿Nos podría decir donde estuvo anoche entre las 11 de la noche y la 1 una de la madrugada?— pregunta con tanta seriedad, Humberto miles de veces había escrito escenas similares, y había visto tantas películas de detectives que simplemente sabia que algo no estaba para nada bien.

— Pues… estuve en la catedral, frente a ella, estuve… ahí pensando… ¿Por qué?— pregunta— ¿acaso ha ocurrido algo?

— Anoche la residencia de los señores Arboleda fue atacada. — Le dice, Humberto se queda frio, rápidamente exigió más detalles.— anoche en la madrugada, entre las 12 y la una lanzaron algunas botellas con liquido inflamable, quemaron la fachada de la casa, por suerte no ocurrió un desgracias, la señora, el señor y el menor se encuentran a alvo, aunque muy asustados obviamente.

— Es verdaderamente lamentable, — dice Humberto muy preocupado—pero… ¿acaso… sospechan de mi?— pregunta.

— Pues se nos informó que usted tubo algunos líos con los dueños de la casa, discusiones que terminaron en golpes y amenas, y la descripción de una vecina que vio al perpetrador, extrañamente— dice con sarcasmo— coinciden con su descripción.

— Vamos, en esa casa vive mi hijo, ¿Cómo es posible que piensen que yo fui capaz de…?

— En mi trabajo he visto muchas cosas, señor Bennett, así que el hecho de que su hijo viva ahí no es prueba de nada.

— esto es ridículo…

— ¿Alguien lo vio anoche mientras estaba en la catedral?, ¿estuvo acompañado?— terció el otro detective preguntando mientras abre un pequeño cuaderno de notas.

— No, estuve solo… yo…nadie me vio…

— Muy bien— continua el detective Alighieri— tendrá que acompañarnos para su declaración, señor Bennett, — le dice con seriedad.

Bennett algo más que ofendido por la duda solo podía acceder.

Bennett fue llevado a la estación de policía donde se encontraban también Patricia, Sofía y Alan, quienes al ver a Humberto solo giraron la cara, a excepción de Patricio quien lo vio con gran coraje e ira.

Bennett fue interrogado por el detective con más detalle, durante cerca de 20 minutos hablaron de la situación, más tarde la vecina que dijo haber visto al perpetrador fue llevada frente a Bennett por su puesto tras un cristal donde Bennett no vio a la testigo por seguridad, lo que dijo la señora fue claro y contundente. Había visto a una persona, encapuchada, de la misma estatura del señor Bennett con su contextura delgada, no le vio el rostro, por lo que su declaración solo era por cumplir, lo que hacia difícil la situación para Bennett era que no tenia una cuartada de la noche anterior, nadie lo había visto frente a la catedral, pudo haber estado en cualquier lugar a la hora del incendio, incluso perpetrándolo.

Ante los detectives el atentado fue tomado, basándose en las declaraciones de Patricio y de Sofía los dueños de la casa, como una amenaza o una venganza, Patricio obviamente se encargo de culpar a Humberto, quien se defendía negando la acusación, en un momento dijo con clara certeza, que quizás se trataba de alguna venganza contra Patricio de algún ex cliente o alguna persona a la cual había encarcelado, como abogado tenia algunos enemigos, por lo que la acusación contra Humberto era circunstancial por así decirlo, luego de 5 horas de debates y de declaraciones por así decirlo, por fin Humberto pudo irse al Hotel, pero le dijeron que no debía acercarse a la casa de patricio ni a Sofía y menos aun a Alan durante la investigación y hasta que se confirme su inocencia y tampoco podría dejar la ciudad, Esta decisión ofendía a Humberto, simple sospecha de que el pudiera ser capaz de eso le hacia sentir muy mal.

Durante los días siguientes, Humberto salió poco del hotel se quedó ahí, trataba de terminar su novela, debía entregarla antes de fin de año, pero las palabras no le salían, no podía concentrarse, tenia mucho en que pensar, deseaba hablar con su hijo, con Sofía, pero le era imposible hacerlo.

Esa noche mientras veía la televisión en su alcoba nuevamente le tocan la puerta, extrañado acude a abrir con celeridad, entonces nuevamente encuentra bajo la puerta unas hojas. Las recoge y lee la primera — ¿Capitulo 5? — decía en ella, era de Catherine. Le sorprendió que no hubiera recibido el capitulo 4, pensó que quizás le había llegado en algún momento que no estuvo y alguna mucama se había desecho de el, simplemente no le importo tanto. Rápidamente abre la puerta y sale a lasillo, pero fuera de ver a una mucama y a algún huésped que regresaba a aun habitación, no ve a nadie extraño, mucho menos a Catherine. Estas ves Humberto no se sorprende, siente en cambio gran curiosidad, rápidamente se sienta en el mueble del recibidor y le da una ojeada.

Al comenzar a leer la historia no podía creerlo, lo que la chica había escrito era realmente sorprendente y a la ves macabro.

“El escritor entonces quien ya había gozado del poder que se siente terminar con la vida de un ser humano, decidió seguir encargándose de los que le habían hecho daño, el siguiente era la nueva pareja de su esposa, el cual lo había humillado en varias ocasiones, y le había amenazado con quitarle a su hijo, y no dejarlo verlo jamás, golpearlo no había sido suficiente, tenia que darle una buena lección, tenia que limpiar su honor, esa noche salió de su hotel, compro unas botellas de diluyentes de pintura, preparó unas bombas molotov con ellas, y esa noche cuando todos dormía las arrojo contra la casa de su odiado rival y primera victima, pero esto había sido solo una amenaza, un entremés para lo que el escritor tenia planeado y maquinó con frialdad, el incendio no logró gran cosa, pero si preparó el camino, que es lo que el deseaba, el sabia que nada le pasaría, no probarían con certeza que el había sido el perpetrador”

Bennett se levantó muy sorprendido de su asiento, dejando caer las hojas al piso, ¿Qué era esto? Se preguntaba ¿Cómo era posible que Catherine supiera eso? Por un momento la idea de que ella tenía algo que ver en esto pasó por su mente, se agachó para recoger las hojas cuando encontró algo entre estas, era un volante del colegio de su hijo, en este se comunicaba a e invitaba a los padres de familia que el recital musical se realizaría el viernes— ese mismo día— de 7:00 a 10:00 de la noche, se presentarían entre otros niños Alan, para Humberto eso era una novedad, no sabia absolutamente nada. Dejo el papel a un lado y se dispuso a continuar leyendo.

En concreto la historia mostraba como el escritor maquinaba sus planes para vengarse de la pareja de su ex esposa, gran parte del capitulo Catherine narraba las macabras ideas que pasaban por la mente del enloquecido escritor, finalmente narra cerca al final lo que este pensaba hacerle a su primera victima.

“El escritor tenia todo planeado, sabia que esa noche su hijo y su esposa estarían en el recital de piano del niño, había averiguado todo lo necesario como para saber que el recital comenzaba a las 8 y que terminaría a las 11 de la noche, sabia que su odiado rival llegaría a casa para cambiarse entre las 8:30 y 9:00pm, decidió escabullirse en la casa de este y esperarlo, aprovechar que estarían solos unos momentos y matarlo sin dejar huella alguna, se encargaría de todos los detalles, su cuartada era que saldría del hotel por la escalera de incendios, nadie lo vería salir del hotel, para el resto el jamás había salido, era perfecto el plan, al terminar su macabro plan regresaría al hotel y se escabulliría por la entrada trasera, nadie sospecharía, era el plan perfecto, pero lamentablemente el escritor cometería un error que le podría causar muchos problemas”

Ahí terminaba el capitulo, Humberto no pudo evitar sentir un poco de temor y de preocupación, no entendía que era todo esto, ¿una amenaza? ¿Advertencia quizás? No podía dar crédito a lo que había leído, aunque estaba claro que era más que una simple historia, había detalles que le hicieron temblar más de una vez.

Humberto entonces ve el reloj, eran las 7:46PM, el recital había comenzado, sabia que Patricio regresaba del trabajo a las 8:00PM, ¿y si lo que decía era verdad y algo le iba a ocurrir a Patricio? Había cosas que no podían dejar de pasar por su cabeza, pero todo era tan increíble, el hecho de suponer que Catherine estaba tratando de deshacerse de Patricio y de algún modo incriminarlo le parecía una idea muy descabellada, ha habido coincidencias, pensó, pero solo eran eso, hasta ahora nada importante

No le dio importancia a eso y simplemente arrojo la historia a la basura junto con el volante, decidió echarse a dormir y no hacerle caso a sus pensamientos que rayaban en lo absurdo, aunque lo atemorizaban.

Entonces esa noche cerca de las 10:15PM le vuelven a tocar la puerta con mucha fuerza que lo hacen despertar de un brinco, — ¡Señor Bennett, abra, es la policía!— escuchar esas palabras le enfriaron hasta el alma, mientras caminaba a la puerta su cuerpo no podía evitar sentir un temblor que le recorrió desde el pelo a los pies a cada paso que daba hacia la puerta.

Al abrir la puerta las palabras que escuchó lo hicieron pensar que estaba aun dormido y estaba teniendo una desagradable pesadilla.

— ¡Señor Bennett…— le dice el detective Alighieri dándole la vuelta y esposándolo—…queda arrestado por el intento de asesinato del señor Patricio Arboleda, todo lo que diga puede ser utilizado en su contra, tiene derecho a un abogado, si no puede pagar uno, se le ofrecerá uno de oficio!

Mientras le leían sus derechos no era capaz de decir nada, estaba perplejo, solo se quedó en silencio meditando, perdido en el miedo, preocupación, y pesando a cada segundo que era una pesadilla.



Continuara...
Franckpalaciosgrimaldo18 de junio de 2011

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