TusTextos

Vino Viejo--1

En sueños camino por callecitas azules de asfalto que bullen lentamente bajo el punteo constante del sol de la tarde, en sueños me veo doblando cualquier esquina, encontrando personas agradables tras las puertas y escalones interminables que surcan barrios enteros de casitas elevadas. Hay muchas flores saliendo de cualquier parte, y ninguna esquina se parece a la otra, no hay dos casas de otro material que no sea madera o vidrio, piedra, aunque éstas se veían rudimentarias y hermosas, imparciales al esteticismo. En sueños, las personas creían en lo importante no detener el tiempo: construirían más cuando esto se gastara. Confiaban en su mente, ni les importaba tanto permanecer como el juego de rehacer las cosas...
En sueños no alcanzo la gravedad porque no quiero, porque deseo venialmente, desde el comienzo y hasta donde estoy en sueños, quedarme en el mundo de los vivos para ver cómo es la lluvia. Y la lluvia danza, explota los platillos, siembra un poco de agitación. Hace saltar la hora de las tres de la tarde a las siete. Huyo por avenidas y amplios espacios techados para ver más barrios, más tejado y temple; entonces me refugio entre dos edificios, en una casa oculta tras la sombra proyectada en la vereda, una casa alfombrada, llena de colgantes, de maderitas y calor. Afuera se nota como sobra el reloj, las piedras se erosionan a una velocidad que podría sentir en lo hondo si así lo deseara. Todo en su plena magnitud se me vuelve visible y específico. Cada milagro de la madre natura, cada gemido de la tierra, de las plantitas creciendo fuera de toda variación. Las antenas no existen ni los cables están molestando con sus líneas sin fin, conectando nada. En mi sueño nos volvimos escritores de nuestra propia superación y no hay lugar para la vergüenza del juego*, por lo que es una aventura mirar tras las ventanas, una aventura contar las zancadas de los espasmódicos contados personajes que huyen a refugiarse en sus cuevas artesanales grabadas y adornadas; cuento las piedritas, una, dos, tres…

Nos reímos de la cultura y de los cristos. Nos reímos con ellos, que aparecieron de la nada y posiblemente brotaron de mi propia espalda. Compartimos algo caliente, intercambiamos opiniones, no tememos a la altura del otro, estamos contando historias... veo en el reducido grupito repentino de desconocidos al menos tres veces a la mujer de mi vida: todas sonríen genial, no pretenden demasiado.
Ni yo pretendo nada desde allí, por lo que me prolongo dentro de la misma imagen un poco, tal vez deformándola; de pronto me cuentan de las épocas sucias, corruptas, cuando se encontraban estacionados en el error y el tropiezo. Me cuentan, como si fuese yo un extranjero, yo los escucho ciertamente como uno, como si aquello hubiera sido siempre y nada entrase en la memoria. Me cuentan como si hubiese sido hace poco, o en ese mismo lugar exacto en el que descansábamos las almas. Proferí a lo largo de los relatos mezclados ciertas imágenes mentales como de cómic, en las que todo estaba como debía estar (turbio y confuso, roto) y sumado a aquello cada cuadro permanecía horriblemente quieto. Vi bastante, escuché demasiado sobre las personas, caminé en círculos por la habitación, escalones por todas partes, pasillos con plantas colgantes que se bifurcaban, habitaciones contiguas a los pasillos, pisos de tablas... Había algo en la historia del error de estas personas que me picaba, me picaba en lo profundo, poniéndome ansioso. De pronto, consideré que estaba buscando algo, razón por la que en primer lugar había entrado allí fuera de la calidez ansiada y la lluvia que sofrena repentinamente. Motas de luz se filtran en el espacio. Ellos me proveerían de algo, y no tendría ni que preguntarme qué era para recibirlo.

Tenían algo, algo de mujer para toda la vida, algo eterno, el ápice del compañerismo menos banal acompañado de belleza límpida y sin pretensiones. Pero no pude detenerme en eso. Apuré la bebida olvidada para frotarme las manos como esperando, y una de aquellas caras sin facciones resonantes, pues en el sueño los rostros son nubes hermosas e indistintas, hizo un movimiento poco perceptible pero claro: seguiría algún perfume por un pasillo típico, de suelo de zócalos a cuadritos, lo tibio y lo limpio, una aspereza natural producto del paso de la historia, seguirlo azorado, hasta un cuarto vasto y viejo con ventanales que primeramente se alumbraba por la tarde renacida tras la gotera y más allá, cerca de la mitad de la habitación, se sumía en la ceguera total. Tal vez había una mesa. El ventanal de la puerta estaba abierto, y era la suficientemente grande como para que pase sin inclinarme demasiado. En sueños, tuve la sensación de la antigüedad cada vez más vívida en el pecho. Entonces la miro suplicándole y ella se decide a no existir, dejándome sólo al lado de un helecho colgante, sabiendo que necesito completar mi cometido sin razón. Quedan las sensaciones como prueba definitoria, las sensaciones y sólo eso, para proseguir dentro de la misma historia.
Entonces ingreso, y la luz de la tarde se pierde en mi espalda, tras limbos de insectos y ronquidos, bastante más lejos que aquella habitación, arriba en el cielo, quien sabe... Sentía estar a una distancia increíble y, en efecto, era un sueño. Lo que significa, nada para dudar. Pronto me encontré perdido en una marea imaginativa que superaba las palabras con que pudieran describirla estando despierto.
Gentio17 de febrero de 2012

3 Comentarios

  • Gentio

    Mi escritura necesita alivianarse mucho, pero a eso vamos, supongo. Gracias Democles, soy un gran fan de tu trabajo :)

    17/02/12 02:02

  • Libelle

    Me paseado por tu sueño elocuente me gusto saludos

    17/02/12 03:02

  • Buitrago

    Muy entretenido, me ha gustado
    un saludo

    Antonio

    17/02/12 04:02

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