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Lunes Sin Consuelo

Tengo alumnos/as que, esta mañana, al comienzo de las clases, han entrado avergonzados en el cole, con la cabeza baja y sintiéndose culpables de ser seguidores de ese equipo que los utiliza en su propaganda preguntando a sus progenitores: “papá, ¿por qué somos del Atleti?”

Se les notaba en la mirada la angustia y el temor de tener que comentar este lunes el partido del fin de semana del equipo de sus amores. No sabían cómo ni dónde colocar sus sentimientos desde que ayer domingo por la mañana se vieron obligados a presenciar un espectáculo tan bochornoso y terrorífico como el sucedido en las cercanías del campo de fútbol que desde pequeños han idolatrado.

Todo esto y mucho más, que las palabras serán siempre incapaces de describir, es lo que he presenciado durante el día de hoy en una escuela donde el tema principal ha sido la tragedia de un domingo sangriento y negro que nunca debió amanecer, pero que desde primeras horas tiñó de tristeza, terror y violencia las vidas de todos aquellos niños y niñas que se enfrentaron, sin estar preparados, a semejante esperpento en una sociedad que parece cada día más abocada a la autodestrucción.

Cómo explicarles a esos niños y niñas, a partir de hoy, que el equipo por el que han suspirado y hasta llorado en muchas ocasiones, no tiene nada que ver con unos sucesos tan deleznables, si sus mandatarios no son capaces de ponerse claramente en el lado diametralmente opuesto a tan desmesurada barbaridad.

No he sido capaz, no disponía de palabras de consuelo ante tanta desazón, no he podido responder al socorro que me gritaban con sus ojos, desorbitados ante la crueldad y el salvajismo que han presenciado durante la jornada de ayer.

Cómo decirles que lo que menos me importa es que hayan destrozado a golpes a un ultra con una barra de hierro y lo hayan arrojado al río como un fardo inservible e inútil. Cómo contarles que estoy insensibilizado ante estos grupos de energúmenos que se revientan los órganos a puñaladas, que no me preocupa lo más mínimo la muerte de los unos a manos de los otros, porque no representan sino todo aquello que más odio: la violencia como forma de vida y de muerte. Cómo responder al estupor y a la indignación que he apreciado en sus ojos de niños y niñas sometidos a toda esta tortura gratuita que han tenido que soportar a pesar de su corta edad.

Puede alguien explicarme cómo vamos a subsanar este grave error del que todos somos partícipes en menor o mayor medida.
Jucapega196302 de diciembre de 2014

1 Comentarios

  • Superandoloimposible

    Nadie puede hacer nada, esa es la gran verdad. Hechos como este hacen que poco a poco la infancia de un niño se valla destruyendo. Un beso.

    03/12/14 06:12

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