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HabitaciÓn 33 07 de febrero de 2024
por magic

Daniel se encontraba en un pequeño hotel de carretera, un lugar que parecía haber quedado atrapado en el tiempo. Las paredes descascaradas y los muebles antiguos le daban una sensación de nostalgia y, al mismo tiempo, de inquietud. Había llegado allí buscando un refugio para la noche, pero pronto se daría cuenta de que había algo más en ese lugar.

La dueña del hotel, Adela, era una mujer mayor con ojos cansados y una sonrisa triste. Le asignó la habitación número 33, la última en el pasillo. Daniel subió las escaleras de madera crujiente y entró en la habitación. El aire estaba cargado y frío, como si alguien hubiera dejado abierta una ventana durante años.

Esa noche, mientras intentaba conciliar el sueño, Daniel escuchó un sonido extraño. Era como un susurro lejano, una voz que parecía venir de las paredes mismas. Se levantó de la cama y siguió el sonido hasta el pasillo. Allí, frente a la puerta de la habitación 33, encontró una vieja grabadora de casetes.

La grabadora estaba encendida, pero no había nadie cerca. Daniel la tomó en sus manos y escuchó. La voz que salía de los altavoces era inquietante, como si alguien estuviera hablando desde el más allá. Las palabras eran apenas audibles, pero Daniel pudo distinguir algunas frases: “No deberías estar aquí”, “Vete antes de que sea demasiado tarde”.

Intrigado y asustado, Daniel decidió investigar más. Preguntó a Adela sobre la grabadora, pero ella solo le miró con tristeza y dijo: “Las psicofonías”. Según ella, esas voces eran mensajes de los muertos, atrapados entre el mundo de los vivos y el más allá. El pequeño hotel de carretera era un lugar propicio para esos fenómenos, un punto de encuentro entre dos mundos.

Daniel pasó las siguientes noches obsesionado con las psicofonías. Escuchaba las grabaciones una y otra vez, tratando de descifrar los mensajes. Pero cuanto más se adentraba en ese oscuro misterio, más extraños sucesos ocurrían a su alrededor. Sombras que se movían en la oscuridad, susurros que parecían seguirle por los pasillos, y una sensación constante de que algo lo observaba.

Una noche, mientras estaba solo en su habitación, Daniel sintió una presencia. La grabadora comenzó a reproducir una nueva psicofonía. Esta vez, la voz era más clara: “Daniel, no deberías haber venido aquí”. El miedo se apoderó de él mientras las luces parpadeaban y las paredes parecían cerrarse sobre él.

Desesperado, Daniel buscó respuestas en los archivos del hotel. Descubrió que el pequeño hotel de carretera había sido construido sobre un antiguo cementerio. Las almas de los difuntos clamaban por justicia, y las psicofonías eran su única forma de comunicarse.

Decidió enfrentarse a la verdad. En la habitación 33, rodeado de las voces de los muertos, Daniel pronunció las palabras que liberarían sus almas atormentadas. Las paredes temblaron, la grabadora se detuvo y, por un momento, Daniel pudo ver las sombras de los fallecidos desvaneciéndose en la oscuridad.

Desde entonces, el pequeño hotel de carretera permanece en silencio. Adela sigue allí, con sus ojos tristes, esperando a los viajeros perdidos. Gracias a Daniel, ya las almas descansan en paz y el silencio reina en todo el lugar.

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