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Grupo Omega - Parte 6/16

3. Reconocimiento

¿Sabes cómo ingrese al comando?... es una pregunta que tiene una larga respuesta.
Supe tener hacia pocos años lo que todos se suponen que tenían que tener: una naciente familia. A menudo recuerdo el día que conocí a mi esposa, o a mi pequeña hija el día que cumplió sus ocho años. Los días en que dejo de ser el jefe, y me convierto en un ser humano, días como esos son menos recurrentes, días en que soy el más débil de los hombres.
Recuerdo la luz de los días anteriores a mi ascensión, recuerdo los detalles con la mayor claridad posible. Guardo de mi esposa su alianza, y de mi hija su cadena plateada. Ambas alianzas enhebradas en esa cadena fina, con sus nombres en el interior del anillo.
Los ojos luminosos de mi niña solían ser el por qué de mis días, o bien, el cariño que me daba la portadora de este anillo cada noche que llegaba agotado de la dura jornada. Siento haberles fallado, no fui completamente protector, como debía.
Una noche normal, hablando en la sobremesa. Eva coloreaba su cuaderno rojo con mucha dedicación, que a pesar de su corta edad, prometía ser una artista considerable. Los dotes de pintura de su madre, quizás heredaros desde el vientre, se reflejaban en las hojas que dejaba encima de mi mesa de noche, cada mañana encontrando una nueva.
-¿sabes porque te elegí?
-no… ¿por qué amor?
- todos los hombres que conocí, todos lo que querían estar conmigo, tenían cosas en común: eran guardianes, divertidos y muy cariñosos. Pero vi algo en ti que nadie más era capaz de ver; algo que se escondía entonces, pero que me daba la certeza de esperar a que madure. Eras un hombre en definitiva, un hombre escondido dentro de una coraza impenetrable de aparente frialdad y lejanía. Me hubiese gustado verte florecer, ver como esa parte oculta nacía de dentro de ti. Después de cinco años, cuando nos volvimos a encontrar, supe que ya habías terminado de madurar.
-sigo siendo frio, incluso, los demás tienen aun más cosas a favor que yo.
-no… ¿sabes que ha pasado con ellos?... no han logrado nada de sus vidas, por que entre todos ellos había un factor común, que me hacia rechazarlos: no tenían sentido de la responsabilidad. Hace meses uno golpeo la puerta de la casa cuando dormías. Entro sonriendo y queriendo recordar los días anteriores, cuando éramos adolescentes terminando la escuela. No sabía que estabas en la pieza, descansando de la semana agotadora, que estuviste detrás de los Lazártela, ¿recuerdas?...
-¿y después que paso?
-bajo Eva de su cama y vino a la sala de estar, llorando por una pesadilla. Cuando él la vio, se borro esa sonrisa inmensa que dibujaba en su rostro. Luego, cuando la alce para arrullarle, se acerco a verla. Cuando vio sus ojos, grandes y brillantes, del color del chocolate, se alejo. Me pregunto si era tuya. Me lo pregunto una y otra vez, mientras se alejaba por la puerta.
-si Eva no hubiese entrado…
-se lo que piensas, se la gran confianza que me tienes, y sabes bien por lo que hemos pasado para estar juntos, y lo que vale para mí eso y esta familia que empezamos. Nunca hubiese accedido, y nunca permitiré a nadie a entrar aquí y ocupar tu lugar en la mesa.
Mantuve la boca cerrada, viendo sus ojos y asintiendo con la cabeza. Eva llego corriendo con el dibujo en su mano y me lo enseño. Había hecho a mano un dibujo de mi cara, sonriendo.
Bese y lleve a la cama a mi hija, tapándola bien para que no sufra por el frio. Apague la luz y deje entreabierta la puerta, para que entre una leve claridad. Siempre me lo pedía, la hacía sentir segura y por eso no volvía llorando a la sala, donde se acurrucaba en el sillón, y amanecía desvelada, temblando por esos sueños horribles.
La casa, espaciosa, tenía tres habitaciones, dos eran habitaciones, y la tercera la había acondicionado para que fuese un despacho. El escritorio, viejo y pesado, de pino, tenía un vidrio encima, que cubría enteramente el área de trabajo, donde me dedicaba a llevar al día las deudas y los archivos. Dos cajones inmensos contenían papeles, lapiceras y hojas en blanco, además de muchas cosas de oficina.
Levante el vidrio con cuidado y puse el dibujo, procurando ponerlo derecho. Ella miraba desde la puerta, apoyada sobre el marco.
-y dices que eres una maquina helada y calculadora.
-ustedes son mi debilidad…
Cerré la puerta y la acompañe hasta la pieza, donde nos acostamos a dormir.
La alarma del despertador me despertó a la hora habitual, a las siete de la mañana. No encontré a nadie junto a mí. Pensé que había ido a despertar a nuestra hija, pero la pieza, la sala y la cocina estaban vacías. Volví a la habitación matrimonial, y encontré el dibujo de Eva. Era el dibujo de una madre, y su hija, abrazadas.
Desesperado, Salí al jardín de enfrente, aun sin camisa, a mirar por todos lados. No había cartas, ni mensajes en el teléfono, ni una mínima nota. Solo el dibujo en mi mano. Lo di vuelta temblando, la luz del sol naciente aclaro las letras y me permitió leer:
“esta es tu vida… no, en realidad es la mía…”
Supuse que el responsable seria el hombre de la noche anterior. No sabía su nombre ni dónde encontrarlo. Entre corriendo a la casa y me vestí. En donde trabajaba, la comisaria del centro, había una denuncia, en cuyos detalles estaban los nombres de mi familia. Mis compañeros me miraban sin entender, algunos incrédulos, y otros, odiándome.
-la denuncia de un vecino dice que te has encargado de liquidarlas. Te han visto entrando y saliendo de tu casa muchas veces, regando el patio o estirando. Luego, se escucho un grito, y un disparo. Saliste en el auto rápido para vaya a saber dónde. La grabación que dejaron muestra tu cara con claridad.
-jefe, sabe que nunca les tocaría un pelo a ambas.
-las pruebas son irrefutables. Están tus huellas y la grabación. No puedo tener en mis filas a un delincuente, a un asesino. No vuelvas mañana, y el miércoles te espera el juicio.
Indudablemente el sistema cayó con todo su peso sobre mí. Las grabaciones eran claras, se veía mi cara con claridad. Muchos testificaron en contra, vecinos a quienes visitábamos con mucha frecuencia.
Nunca más las volví a ver, llore en la celda donde me arrojaron sobras del perro cada dos días, sintiéndome claustrofóbico y solitario.
Dura fue la estadia, corta, pero muy dura. Los presos azotan con mucha bestialidad a los policías reclusos. Los guardias cárceles reían fuertemente mientras era arrinconado y golpeado. Fui humillado por asesinos en serie, pirómanos y delincuentes de todo tipo.
Tres meses de ese insoportable periodo, hasta que fui sacado bajo fianza. Volví a mi casa, determinado a investigar por mi cuenta lo que había pasado esa noche. No encontré nada, ni un solo mueble, ni siquiera los cables de cobre de la electricidad.
Los hogares vecinos se imponían majestuosos, siendo la gris y triste edificación la única que estaba desembelleciendo el barrio. Muchos grafitis con palabras dolientes, con la palabra cerdo escrita de lado a lado. El patio había sido incendiado y no quedaba un solo brote.
Camine por la vereda, mientras salían los vecinos, furicos.
-¡no tuviste que haber venido! ¡Te vas ya!
No respondí. Me caí al suelo, sobre mis rodillas al descubierto. Se acercaban insultando y lanzando piedras, golpeándome en la cabeza.
Mire el suelo, con la mente en blanco e inerte a las provocaciones. Algo no encajaba. Todas las casas se erguían más majestuosas que antes. Hasta que lo entendí.
Apoye la mano sobre la vereda, y levante mi cabeza. Camine en silencio, haciendo oídos sordos a la multitud. Volviendo a lo que había sido mi hogar, con el cuerpo dolorido y la ropa rotosa. Fui hasta lo que quedaba de la habitación de Eva y escarbé el suelo, encontrando nada más que su collar. Con la esperanza de encontrar algo mas, fui hasta la habitación matrimonial y busque por cada recoveco algo, un collar, una pulsera, un peine o por dios, incluso algún invisible. No encontré nada. Pero al abrir el placar, que era parte de la pared, me sorprendí al encontrar un traje de etiqueta negro, con su camisa, corbata y zapatos lustrados incluso, además, el anillo de mi mujer estaba; lo enhebre junto al mío a la cadena de plata, que puse en mi cuello. Lo saque con cuidado para revisar cada bolsillo, encontrando una nota escrita en cursiva:
“ascensión. Posibilidad de venganza. Ven ahora mismo vestido con este traje a el lago que se ve desde tu ventana...”
Por suerte el tanque de la casa tenia algunos litros de agua fría, con la que me limpie, habían algunos avisos bajo la puerta que avisaron del corte, hacia solo un par de semanas. El traje estaba a medida, lo cual era muy extraño, pero dada las circunstancias, no era de extrañar.
Salí de allí y camine por las calles, viendo a los vecinos asomarse por la ventana con cara de pocos amigos. Baje la pequeña colina verde al final, pasando los juegos infantiles, las bancas blancas inmaculadas, de estilo griego.
Bordee la ruta un tramo corto y llegue al lago. Una canoa negra de fibra de vidrio me esperaba con sus remos, y otra nota:
“siguiente paso: cruza este cumulo de agua en línea recta hasta donde acaba, entra en la cabaña del otro lado”
Naturalmente volví mi vista a los barrios superiores, y escondido entre los pastizales vi un resplandor rojizo en el cielo. Luego, se estaba quemando mi propiedad. Mire un minuto, en silencio. Esas imágenes se grabaron muy fuertemente en mi memoria. Las llamas salían violentamente de las ventanas, escapando para tomar aire desesperadamente.
Subí a la canoa serenamente, y reme marcha atrás viendo como ardía detrás de la colina. El techo se desplomo y el fuego comenzó a gritar más intensamente, proclamándose con autoridad como amo y señor de las ruinas. Luego comenzó a calmarse, cuando se le acababa el tiempo de vida. Tras unos momentos, se retiro en silencio a su tumba.
El borde opuesto del lago ya estaba próximo. Una cabaña de madera, prefabricada, estaba con la puerta entreabierta, aparentemente esperándome. Toque la grava del borde y metí la mitad de la canoa dentro de la playa.
Solo unos pasos para estar frente a esa puerta de chapa fueron necesarios. Espere sentado frente a ella un sonido o a alguien. Entendí que debía entrar, por lo que lo hice.
Después de pasar tanto frio, encontrar esta construcción acogedora fue una bendición. Aun tenía agua caliente, y toda la mercadería suficiente para comer bien por un día. Sobre la mesa principal, había un video-casete rotulado como “veme y destrúyeme en la estufa”
Una vieja y empolvada casetera estaba conectada al televisor, una luz verde indicaba que estaba con corriente. Encendí el televisor y puse el canal “video”. Luego, introduje el casete, y esperé.
Un hombre canoso, de alrededor de cincuenta años, con una barba nevada y un bigote que se conectaba a esta de forma uniforme, comenzó a hablar en un despacho ordenado y limpio, sentado sobre el escritorio.
“Bienvenido… tengo la obligación de informarle que tengo conocimiento sobre los lamentables acontecimientos recientes de su vida. La injusticia es un clavo permanente dentro de la carne de su víctima, por lo que estamos dispuestos a tenderle una mano. Sepa usted que estoy dispuesto, más que a darle mí pésame, a darle una solución. Pero esta solución requiere un sacrificio que deberá usted aceptar. Supone ser un futuro miembro prometedor en nuestro frente, por lo que deberá, si desea continuar, ir hacia el interior del dique mañana, a las cinco de la mañana. Pero debo aclararle que una vez que salte la cerca de entrada, no tendrá posibilidades de salir, ya que esta se electrificara. Los términos de este contrato se le serán aclarados uno vez dentro”
El video era imposible de rebobinar, la cinta se había cortado y fue expulsado inmediatamente. Obedecí la orden de quemarlo después de bañarme y comer. Arriba de la cama había un bolso negro, con ropa en su interior. Era un equipo de camuflaje militar negro y un par de botas. También se encontraba un sobre dentro, el cual contenía una carta escrita a mano.
“llévalo dentro del bolso mañana a la represa. Usa el traje que se te ha dado anteriormente. Mañana será un día memorable”
Me acosté muy temprano, no había televisión, estaba agotado y tenía que madrugar. El descanso reparador ayudo mucho a mi cabeza también. La alarma sonó a las cuatro de la mañana, fuertemente. Me di un segundo baño, quedando de una vez por todas, impecable. Salí de allí cerrando la puerta con una llave pequeña plateada. La guarde en mi bolsillo y salí a la calle. Aun era oscuro, pero no había peligro, a esa hora nadie pasaba por ahí. Solo con quince minutos de caminata me encontré frente a la cerca olímpica. La escale y salte dentro, tras lo cual esta comenzó a chirriar con chispazos frecuentes.
Un sendero bajaba por la montaña y se metía hasta el centro del embalse. La vista era impresionante, se podía ver todo el rio hasta el codo que daba unos kilómetros más allá. Una puerta oxidada se encontraba al final de ese pasillo angosto sin barandales, doble la esquina y la abrí. Un corredor oscuro se me presento. Una voz se escucho:
“camina con confianza”
Cerré la puerta y camine despacio por ese pasillo. Las luces se prendieron, zumbando. Al final había una puerta aun mas oxidada, con una enorme manija de bronce. Detrás de esa había una cámara pequeña con una mesa de acero inoxidable, iluminada con una luz blanca titilante, encima de la cual había un expediente. Me acerque, y la misma voz dijo:
“lee, y cárgalo en tu bolso”
Tenía mi nombre y una foto, decía que había fallecido en el incendio del día anterior, incluso estaba mi acta de defunción. Había un documento de identidad nuevo con la misma foto, la misma fecha de nacimiento, el mismo nombre… e incluso el mismo número. Guarde todo dentro y examine la habitación. Había frascos vacios de algunos remedios antiguos en el botiquín, solo el frasco de alcohol yodado tenía un poco, pero no se veía en buenas condiciones.
Encontré la perilla de la luz y la pulse. Estaba en una especie de sala de primeros auxilios abandonada, sus azulejos celestes quebrados cubrían las paredes enteramente. Un olor a humedad invadía el ambiente. La cruz roja del botiquín era lo único que desentonaba allí. Unos ... (continua en la proxima entrega)
Mastera17725 de septiembre de 2014

3 Comentarios

  • Mastera177

    Sexta entrega de la narracion "grupo omega". paginas 27 a 31.
    espero que sea de vuestro agrado.
    saludos atentamente.
    Master A-177

    25/09/14 04:09

  • Polaris

    Te sigo, aunque no deje comentario.



    Pol.

    25/09/14 07:09

  • Mastera177

    esta bien, polaris. si no tienen nada que comentar o decir, no los voy a obligar a hacerlo. gracias por seguirme, de todas formas, me alegra :)

    26/09/14 08:09

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