MÁs AllÁ de Lo que Ves
El príncipe la hizo esperar un buen rato, pero finalmente apareció (el corazón de Miriam se puso a dar brincos como loco). La chica lo recibió con una sonrisa.
—¿Qué has preparado? —preguntó Marco, devolviéndole la sonrisa (el corazón de Miriam se derritió como si fuese de mantequilla).
—Oh... algo de gramática latina, para empezar —respondió ella—.Y las crónicas de Casiodoro, para repasar la historia. Si quedara tiempo, podríamos ver algo de Virgilio, Horacio o Aristóteles.
—Me parece bien. No me gusta mucho leer, pero haré un esfuerzo.
Marco se sentó junto a ella (el corazón de Miriam se estremeció de emoción) y echó un vistazo a los libros.
—¿Cuánto tardaré en poder hablar como un hombre instruido?
—Pues... eso depende de con cuánta dedicación estudiéis, alteza. En unos meses...
—¿Meses? —cortó Marco, frunciendo el ceño—. Sólo tengo dos días.
—¿Dos días? —repitió Miriam, sin comprender—¿Por qué?
—Porque, dentro de dos días, Rosalía se irá —explicó Marco (el corazón de Miriam fue súbitamente atravesado por un puñal invisible)—.Y tengo que demostrarle que no soy ningún «vanidoso ignorante». Sé que, si su padre le dice que se tiene que casar conmigo, ella no podrá negarse. Pero, aun así, quiero que me respete, quiero demostrarle que no soy un estúpido. Por eso necesito que me des clases, aunque esto debe ser un secreto entre nosotros dos. No quiero ni pensar en lo que diría la gente, y en especial Rosalía, si supiera que estoy recibiendo enseñanzas de una mujer. ¿No estás de acuerdo...? —se detuvo un momento y la miró—. ¿Cuál era tu nombre?
El corazón de Miriam se rompió en mil pedazos.
—¿Qué has preparado? —preguntó Marco, devolviéndole la sonrisa (el corazón de Miriam se derritió como si fuese de mantequilla).
—Oh... algo de gramática latina, para empezar —respondió ella—.Y las crónicas de Casiodoro, para repasar la historia. Si quedara tiempo, podríamos ver algo de Virgilio, Horacio o Aristóteles.
—Me parece bien. No me gusta mucho leer, pero haré un esfuerzo.
Marco se sentó junto a ella (el corazón de Miriam se estremeció de emoción) y echó un vistazo a los libros.
—¿Cuánto tardaré en poder hablar como un hombre instruido?
—Pues... eso depende de con cuánta dedicación estudiéis, alteza. En unos meses...
—¿Meses? —cortó Marco, frunciendo el ceño—. Sólo tengo dos días.
—¿Dos días? —repitió Miriam, sin comprender—¿Por qué?
—Porque, dentro de dos días, Rosalía se irá —explicó Marco (el corazón de Miriam fue súbitamente atravesado por un puñal invisible)—.Y tengo que demostrarle que no soy ningún «vanidoso ignorante». Sé que, si su padre le dice que se tiene que casar conmigo, ella no podrá negarse. Pero, aun así, quiero que me respete, quiero demostrarle que no soy un estúpido. Por eso necesito que me des clases, aunque esto debe ser un secreto entre nosotros dos. No quiero ni pensar en lo que diría la gente, y en especial Rosalía, si supiera que estoy recibiendo enseñanzas de una mujer. ¿No estás de acuerdo...? —se detuvo un momento y la miró—. ¿Cuál era tu nombre?
El corazón de Miriam se rompió en mil pedazos.
0 comentarios
Ingresá para dejar un comentario.
Todavía no hay comentarios. Sé el primero en dejar uno.