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Las Crónicas de Sir Arthur de Aguasverdes: El Puente de Páramo Helado.

Montura y jinete avanzaban de manera pesada, casi imperceptible a los sentidos, a travs del extenso y desolado pramo. Haca tiempo que la nieve lo haba cubierto, con su blanco manto, en su totalidad, lo que les dificultaba caminar ms an si cabe. El jinete luca una armadura que debi ser bella y reluciente en otros tiempos mejores pero que ahora apenas alcanzaba a ser la sombra de lo que antao fue. Le cubra desde los pies hasta el cuello y presentaba ms de una abolladura y alguna que otra parte bastante oxidada, sobre todo por los bordes. El glido viento recorra el pramo con furia y los golpeaba sin ninguna contemplacin, helndolos hasta lo ms profundo de sus cuerpos.

- Maldito seas jamelgo, si no fueras tan lento habramos llegado hace ya algunos das a nuestro destino gru el jinete.

- Si no estuvieras tan gordo y viejo, tal vez podramos ir ms rpido le contest la montura sin ninguna contemplacin.

- Deb dejar que te murieras de hambre en la mugrienta cuadra de aquel malvado mago que derrot en las Montaas Oscuras, hace tanto tiempo que no alcanzo a recordar.

- Si no lo hubieras matado quizs me hubiera devuelto a mi forma humana y seguira siendo aquel apuesto joven que era antes y a cuyos pies caan rendidas por igual doncellas y mozas.

- Apuesto? - Si eres feo hasta para ser caballo, desgraciado. Dudo mucho que fueras bello como humano respondi el jinete mientras se sacuda algunos trozos de hielo de la espesa y descuidada barba de color gris.

- Debera ponerme en pie sobre mis cuartos traseros y arrojarte al suelo para que fueras caminando el resto del trayecto. Siempre que alcances a ponerte en pie, nuevamente, claro.

- No te molestes Yo mismo me arrojara al suelo si consiguiera reunir las fuerzas necesarias para hacerlo. Antes que seguir montado sobre tu lomo soportando esa horrible cojera que tienes y que terminar por molerme todos los huesos del cuerpo, maldito.

Frente a ellos, se abra camino un caudaloso ro que surcaba, de lado a lado, cuanto abarcaba la vista. Un puente de un solo arco y piedra griscea, tan viejo como las montaas que se divisaban a lo lejos se ergua, o al menos eso intentaba, uniendo las dos orillas.

- Andando! - Orden mientras azuzaba a su montura.

- En serio piensas que vamos a cruzar por ah? pregunt el caballo.

- Ves algn otro sitio mejor? fue la irnica respuesta que recibi por parte del caballero.

- Oh, vamos! Ese puente es una autntica ruina a punto de venirse abajo en cualquier momento. Tienes idea de qu temperatura puede tener el agua? No pienso morir hoy ni congelado, ni ahogado cuando caigas sobre m con tu enorme barrign.

- Cllate ya de una vez y camina, maldito jamelgo. Ese puente aguantar nuestro peso con total seguridad.

- Muy bien, seor sabelotodo, pero cuando caigamos al agua no me digas que no te lo advert. Qu lugar tan horrible para venir a morir! continu gruendo el caballo, mientras pona temeroso una de las patas sobre el puente. Maldito sea, mil veces, el da que me sacaste de la cuadra del mago.

- No seas estpido! De no ser por m hace ya tiempo que habras muerto de hambre en aquel apestoso agujero le respondi al caballo.

- Tampoco es que ahora comamos mucho. Al menos yo! - respondi mientras pona la otra pezua delantera sobre el viejo puente.

- Alto! exclam una voz ronca y grave desde la parte baja del puente interrumpiendo la discusin de jinete y caballo.

- Quin es? Quin anda ah? pregunt el caballero mientras paraban en seco y giraban la cabeza a ambos lados buscando a su interlocutor.

- Al fin alguien sensato! exclam el caballo. Qu ms da quin lo haya dicho? Hagmosle caso y demos la vuelta.

- No nos detendremos! grit con todas sus fuerzas el jinete mientras espoleaba a su montura para que reiniciara la marcha.

- No podis seguir avanzando por m puente! advirti la voz del desconocido.

- Desde luego es lo mejor que podemos hacer. Es de locos cruzar esta porquera de puente que est a punto de venirse abajo persisti el caballo en su idea.

- Mi puente no es ninguna porquera! respondi la voz, esta vez adoptando un tono dolido -. Y nadie pasar sin mi permiso!

- Con t permiso, o sin l, yo, Sir Arthur de Aguasverdes cruzar este puente y proseguir mi camino sentenci de manera solemne.

- Cmo decs...? Sir Arthur de Aguasverdes! exclam la voz con asombro.

Con un salto torpe, que hizo vibrar hasta los cimientos de piedra, se plant en mitad del puente un ser deforme, de nariz ancha, enorme joroba y piel olivcea llena de arrugas que levantaba unos diez pies del suelo.

-Sir Arthur de Aguasverdes! Por todos los Dioses! grit mientras dejaba apoyado en una de las balaustradas del puente su pesado garrote y se acercaba para estrechar a continuacin la mano del caballero de manera afectuosa -. No puedo creer que ests aqu en mi puente! Es todo un honor!

- Pero Qu diablos se supone que eres t? pregunt el caballero con asombro mientras el ser segua estrechndole la mano al jinete.

- Soy el gran trol Gortras. Amo, seor y guardin de este puente que ves aqu. El Puente de Pramo Helado - respondi con voz solemne mientras apoyaba los puos cerrados, con orgullo, a ambos lados de su cintura.

- Perdona amigo - interrumpi el caballo, pero a m me parece que no eres ms que un viejo y jorobado trol que ya no puede ni con su propio cuerpo.

- Quieres hacer el favor de cerrar t bocaza y callarte? reprendi Sir Arthur a su montura.

- Haz caso a t amo animalejo, si no quieres que te aplaste como a un gusano con una sola de mis poderosas manos amenaz el trol mientras levantaba su brazo derecho y cerraba el puo en alto.

- Difcilmente aplastars algo, torpe - lo desafi la montura.

- Cllate de una vez! dijeron caballero y trol al unsono.

- Bueno amigo - se dirigi Sir Arthur al trol , ahora que ya nos hemos presentado me gustara cruzar t puente y que nos permitieras proseguir nuestro camino. Tenemos prisa por llegar a nuestro destino antes de que el tiempo contine empeorando.

- Lo siento no puedo dejar que cruces, as como as, mi hermoso puente.

- Hermoso? respondi el caballo al trol -. Si est a punto de venirse abajo.

-Quieres hacerme el favor de no abrir ms la boca? recrimin nuevamente Sir Arthur a su montura.

- No entiendo. Hace un momento has dicho que era un honor tenerme aqu en

- Y lo es! lo interrumpi Gortras . Pero y mi reputacin? Qu dirn de mi si te dejo cruzar el puente tranquilamente?... Todos querrn cruzar sin pagar el peaje! Sera mi ruina!

- Todos? Pero aqu no hay nadie respondi Sir Arthur mientras miraba a ambos lados . Nadie sabr nunca que me has dejado cruzar.

- No exactamente mi admirado caballero, mirad detrs vuestro.

Sir Arthur gir la cabeza y para su asombr, pudo ver a un enano regordete, de barbas pelirrojas, arrodillado en un gran boquete junto a la balaustrada del puente, que se afanaba en tomar notas en un pergamino. Al sentirse observado dej de escribir y mir a los viajeros.

-Oh! Por favor!... continuad con vuestra conversacin seores. No era mi intencin interrumpiros en vuestros asuntos. Simplemente estoy tomando algunas notas de las reparaciones que necesitan realizarse en el puente dijo el enano mientras volva a enfrascarse en sus quehaceres.

- Y si te pago la cantidad del peaje? dijo Sir Arthur al trol en voz baja esta vez.

- No puedo aceptar que me pagues respondi Gortras al mismo tiempo que negaba con la cabeza -. Qu pensarn de ti? El gran caballero Sir Arthur de Aguasverdes pagando peaje como un vulgar y pattico campesino. Es inadmisible! No, no, no Inadmisible!

- En lo de pattico has acertado de pleno intervino el caballo.

- Pero entonces Cmo voy a proseguir mi viaje? dijo Sir Arthur al trol con cara de incredulidad, ignorando lo que acababa de decir sobre l su montura . No me permites pasar ni me permites pagar el peaje. Qu solucin me das?

- Tendrs que pelear conmigo y derrotarme antes de poder cruzar mi puente le respondi el trol . As, es como se ha venido haciendo generacin tras generacin. Desde los tiempos de nuestros antepasados.

- Pelear? repitieron Sir Arthur y el enano al mismo tiempo.

- Una pelea! Ningn enano en su sano juicio se pierde una buena pelea por mucho trabajo que tenga se regocij Thorglin mientras enrollaba el pergamino en el que estaba escribiendo y se sentaba en una roca que se haba desprendido de la balaustrada del puente, para presenciar la pelea en primera fila.

- Un momento, un momento pidi Sir Arthur mientras extenda los dos brazos pidiendo calma. Seamos razonables y discutamos esto como seres civilizados.

- Caballeros por favor interrumpi el enano mientras se atusaba la espesa barba con ambas manos -. No tengo todo el da, pronto se ir la luz y no podr continuar mi trabajo. Haced el favor de pelear de una vez y no demorar ms el asunto.

- Tenemos que hablar detenidamente, amigo dijo Sir Arthur bajando con dificultad del caballo y acercndose al trol al que condujo a un lado del puente.

- Qu os ocurre, Sir Arthur? pregunt el trol.

- Me gustara que hablsemos antes del combate.

- Vamos, por todos los dioses, no tenemos toda la vida. Dejaos de palabreras y pasad a la accin volvi a interrumpir Thorglin que ya haba sacado su pipa y se afanaba en encenderla . La noche se vendr encima pronto y deslucir tan majestuosa pelea.

- Creo que tiene razn el enano, Sir Arthur dijo el trol mientras coga el garrote que haba dejado apoyado en la balaustrada del puente -. Debemos pelear ya o no tendremos suficiente claridad.

- Un momento, un momento Hablemos antes los dos, a solas.

- Est bien, est bien acept Gortras . Pero slo un momento, o no acabaremos nunca con este asunto.

Trol y caballero bajaron por una suave pendiente que haba junto al puente, bordeada por pequeas arboledas que haca tiempo que perdieron su verdor, y que conduca hasta la orilla del ro.

- No veo la necesidad de tener que pelear, amigo Gortras comenz el caballero -. Qu necesidad tenemos de pelear y acabar malheridos uno de los dos? O los dos, incluso?

- Pero Sir Arthur vuestro honor! Tenemos que combatir o no os respetarn vuestros enemigos.

- Vamos a ver amigo. Nadie tiene por qu enterarse de que no hemos combatido

- No, no, no! exclam el trol mientras giraba repetidas veces la cabeza a ambos lados mostrando su total desaprobacin . Tenemos que pelear para salvaguardar vuestro honor. Adems, de no combatir y dejaros cruzar mi puente se me perder el respeto a m tambin y ya nadie querr pagarme el peaje. Yo vivo de lo que me pagan los campesinos por cruzar el puente para ir a la ciudad! Y ltimamente no es que vaya muy bien el negocio.

- Creo que podemos solucionar esto de una manera bastante razonable, amigo Gortras respondi Sir Arthur mientras se sentaba en una enorme piedra que haba junto a la orilla del rio.

- Cmo? No veo otra forma de salvar vuestra honorabilidad si no es en el combate.

- Fingiendo!

- Fingiendo?

- Fingiremos que ambos combatimos y que te doy muerte. De esta forma no tendremos que salir mal parados ninguno de los dos y mi reputacin no se ver daada - explic Sir Arthur.

- Y qu gano yo con todo esto?

A pesar de estar usando todas sus dotes de persuasin, el asunto no marchaba de la forma que le gustara a Sir Arthur. Definitivamente, aunque era un trol, no era tan estpido como el resto de sus congneres. .

- Inmortalidad! Ser el combate ms increble que han visto los tiempos actuales! - exclamo el caballero -. Amigo, todos los bardos del reino cantaran nuestro pico combate. Tu nombre se conocer en todos los salones de los castillos desde las heladas tierras del norte hasta los clidos edenes del sur. Desde las tierras donde nace el sol hasta donde muere.

- Si, todo eso me parece muy bonito. Ningn trol en mi familia so siquiera con alcanzar tan altas cotas de popularidad pero... Si simulamos mi propia muerte durante el combate no podr seguir cobrando a los que quieran cruzar por mi puente. Tendr que cambiar de nombre. Buscar otro puente, lejos de aqu, donde seguir ganndome la vida. Y este puente ha pertenecido a mi familia desde hace ms de ocho generaciones. No lo veo claro! expres Gortras mientras mova la cabeza con evidentes signos de desaprobacin.

- Creo que puedo compensaros de alguna manera. Con algo de dinero, por las molestias, amigo Gortras dijo mientras sacaba la mano de la pequea bolsa de cuero que colgaba de su cintura y la abra con la palma abierta hacia arriba -. Os dar estas diez monedas de oro para que podis marcharos a otro puente lejos de aqu y empezar de nuevo.

- No se Sir Arthur. Es una cantidad de dinero muy elevada, pero empezar de nuevo Y a mi edad! Ya no soy un jovenzuelo! se lament el trol abriendo ambos brazos y elevndolos hacia el cielo . No s No me veo con fuerzas suficientes.

- Os dar dos monedas ms le interrumpi el caballero . Doce en total! Por las molestias y para cubrir los gastos del traslado.

- Es una cifra tentadora, Sir Arthur. Est bien dijo el trol mientras estrechaba con fuerza la mano del caballero y se guardaba las monedas con una rapidez endiablada -. Acepto el trato! Pero qu haremos con el enano? Querr ver la pelea y no creo que sea fcil persuadirle de su empeo de vernos combatir.

- Es verdad! No me acordaba de l. Ya lo tengo! exclam tras pensar unos segundos -. No te preocupes, le diremos que queremos combatir a solas, para no distraernos con la presencia de pblico y bajaremos aqu a la orilla a simular la pelea.

- De acuerdo. Espero que sepas lo que haces Sir Arthur, sera una autntica deshonra si el enano descubre t plan y nos encontrase aqu abajo fingiendo una pelea.

- No te preocupes ms, ahora subamos y pongamos nuestro plan en marcha, amigo dijo mientras se levantaba de la piedra en la que se haba sentado momentos antes y comenzaba a andar, sendero arriba, seguido por el trol.

- Ya habis decidido cundo empezis la pelea? dijo Thorglin nada ms verlos aparecer . No puedo perder todo el da. Tengo mucho trabajo por delante en este puente como ya os he dicho antes.

- Habr pelea! respondi el caballero dirigindose al enano.

- Has perdido el juicio? pregunt el caballo a su amo con asombro y los ojos abiertos como platos por la sorpresa.

- Lucharemos abajo, en la orilla. Los dos a solas y sin testigos prosigui Sir Arthur sin hacer caso a su montura.

- Se ha vuelto loco definitivamente exclam el caballo en voz alta mirando al cielo . Me llevara las manos a la cabeza si an las conservara en lugar de estas intiles pezuas.

- Pero no podis luchar sin testigos - protest el enano mientras su cara se volva roja por momentos. Tengo que ver la pelea para poder contarla y reflejarla en mis escritos. Es inadmisible! Nunca se ha odo nada igual!

- Lo siento maestro Thorglin, pero ya est decidido le interrumpi el caballero -. Lucharemos los dos a solas y sin ningn tipo de distraccin. El vencedor del combate os contar todos los pormenores que queris saber sobre el duelo.

- Pero no es just, no puedo creer que me hagis una cosa igual - se dirigi de manera airada Thorglin al trol.

- Est decidido y as se har respondi Gortras de manera tajante.

- Has perdido la cabeza, necio? pregunt el caballo a Sir Arthur.

- Cllate de una vez! Confa en m. Se lo que hago prosigui el caballero.

- Pues debe ser la primera vez en t triste y lamentable vida que sabes lo que haces le respondi el caballo . All t! Despus no digas que no te advierto acerca de tus descabelladas ocurrencias.

Sir Arthur se acerc al delgado lomo de su montura y extrajo del viejo y rado capacho su casco. Lo tom con las dos manos y se lo coloc con toda la solemnidad que requera la ocasin. Embraz su escudo y se dirigi, ladera abajo, hacia la orilla del ro mientras desenvainaba una espada oxidada por la punta y mellada en diversos puntos de su hoja. Junto a l, tambin de manera solemne, bajaba Gortras el trol, agarrando con firmeza su enorme garrote.

- Qu hacemos ahora? pregunt Gortras cuando haban alcanzado la orilla del ro y los resecos rboles los ocultaban de las posibles miradas indiscretas procedentes del puente . Tendremos que hacer un poco de ruido, por lo menos.

- Eso es, amigo. Tenemos que hacer un poco de ruido respondi Sir Arthur mientras dejaba el escudo en el pedregoso suelo -. Golpeemos los rboles!

Dicho lo cual, caballero y trol, se pusieron a golpear los rboles que haba a su alrededor mientras gritaban y lanzaban todo tipo de maldiciones, durante un buen rato.

- Ya est bien, amigo Gortras dijo Sir Arthur jadeando por el esfuerzo que haba realizado . Creo que ya es suficiente. Ahora escndete tras esos juncos y qudate ah hasta que nos hayamos marchado todos.

- Un momento, tendrs que mancharte un poco de sangre - respondi el trol mientras dejaba su garrote apoyado en un rbol.

A continuacin se produjo, a s mismo, un profundo corte en la mano izquierda con el cuchillo que acababa de coger de su cinturn. La sangre, negra y viscosa, brot de la palma de la mano casi al instante y goteo directamente sobre el suelo.

- Pero no creo que sea necesario.

- No te preocupes Soy un trol! Regenero mis heridas con rapidez. Sanar en un momento le tranquiliz mientras restregaba la palma de la mano ensangrentada por la armadura y el escudo de Sir Arthur, que an estaba en el suelo.

- Est bien. Escndete ahora. le dijo mientras estrechaba la mano del trol y miraba con asco su armadura manchada de sangre.

- Hasta la vista, Sir Arthur.

- Hasta la vista, amigo Gortras se despidi mientras envainaba la espada.

El trol entreg al caballero el escudo, que lo tom con ambas manos y lo embraz. Mientras suba cansinamente la pendiente que llevaba hasta el puente, dirigi una mirada hacia atrs y pudo ver a Gortras como desapareca tras los juncos de la orilla.

Durante un buen rato tuvo Sir Arthur que contar el combate mientras Thorglin se afanaba en tomar nota de todo cuanto deca el caballero y le haca repetir, una vez tras otra, los golpes ms espectaculares para no dejar nada sin reflejar en sus escritos.

- Bueno maestro Thorglin dijo finalmente el caballero intentando poner trmino al relato que haba tenido que repetirle al enano ms de cuatro veces . Si nos disculpas tenemos que proseguir nuestro viaje o no llegaremos nunca a nuestro destino.

- Estoy completamente de acuerdo, caballero. Siento haberle entretenido tanto tiempo respondi el Enano. Pero comprender que no todos los das es testigo uno de un combate del famossimo Sir Arthur de Aguasverdes, aunque sea de manera indirecta.

- Si no se os ofrece ninguna otra cosa maestro Thorglin, debo proseguir mi marcha le dijo mientras montaba con dificultad sobre su caballo y se dispona a retomar su camino.

- Existe un pequeo detalle que no se ha tenido en cuenta en todo este asunto, Sir Arthur interrumpi el enano mientras colocaba una piedra sobre el pergamino en el que haba estado escribiendo, para evitar que se volara, y sacaba otro de su bolso y lo desenrollaba -. Este pergamino tiene el presupuesto de casi todos los arreglos que haba que acometer en el puente y que, con la muerte del trol, ya no voy a poder cobrar, evidentemente.

- Qu tiene que ver eso conmigo? pregunto sorprendido Sir Arthur.

- Ya que habis sido vos quien ha acabado con la vida de la persona que me encarg el estudio, es justo que asuma la deuda que tena contrada conmigo respondi el enano mientras sealaba con un spero y rechoncho dedo el pergamino.

- Esto ya es lo ltimo! grit el caballo mientras giraba el cuello para dirigir su mirada al jinete -. No estars pensando pagar tambin las deudas del trol, no?

- Cierra la boca de una vez! recrimin a su montura.

- Tenga en cuenta que al poner fin a la vida del trol, he dejado de ingresar el dinero que me pagara por el arreglo del puente. Es justo que, al menos, cobre el presupuesto que le he realizado argument el enano mientras volva a enrollar el pergamino.

- Cunto tena que pagarte Gortras por el proyecto de reforma? pregunt Sir Arthur con tono cansino.

- Esto es el colmo! farfull el caballo para s mismo.

- Slo cuatro monedas de plata respondi el enano.

- Te dar una.

- Una? Se burla de m? exclam ofendido Thorglin -. Acaso sabis el trabajo que tiene elaborar un informe de desperfectos de un puente para poder ofrecer un proyecto decente?

- Una moneda. No os dar nada ms.

- Tres y ni una menos.

- Dos! Es mi ltima oferta, maestro Thorglin.

- Acepto las dos monedas de plata, pero sabis perfectamente que me estis pagando un precio infinitamente inferior a lo que mi trabajo vale dijo el enano mientras estiraba su mano para coger, de mala gana, las dos monedas que se le ofrecan.

Despus de despedirse de Thorglin, los dos viajeros pudieron reemprender, finalmente, su camino.

- No puedo creer que le hayas pagado dos monedas de plata a ese enano, simplemente por haber tomado unas medidas dijo el caballo cuando se haban alejado un poco del puente . Aunque me intriga ms an saber cmo te has librado del trol, porque estoy seguro que no ha sido luchando.

- No empecemos otra vez, quieres? No ha sido nada fcil salir de sta de una pieza.

- Resumiendo Cunto? pregunt el caballo.

- Cunto?

- Exacto. Cunto le has pagado al trol?

- Por qu dices que cunto le he pagado al trol.

- Cuando pones ese tono al hablar, quiere decir que ha costado dinero salir de sta. Como siempre! sentenci la montura con resignacin.

- Doce dijo casi susurrando un momento despus.

- Cmo?

- Doce! Maldita sea. Doce monedas de oro!

- Ests loco? T te crees que somos ricos o algo por el estilo le reprendi mientras frenaba su avance en seco.

- Y qu queras que hiciera. Pelear con el trol, acaso.

- Sera preferible! Mejor que nos maten de una vez a acabar muriendo de hambre, porque te dedicas a ir dndole monedas a todo el que se te cruza en el camino. Acaso piensas que vamos a comer del aire?

- Maldito jamelgo! Slo piensas en comer!

- Ser porque aqu eres t el nico que comes, viejo gordo.

Caballo y jinete se alejaban del puente de manera pesada, casi imperceptible, por el helado y fro pramo. El jinete luca una armadura que debi ser bella y reluciente en otros tiempos mejores pero que ahora apenas alcanzaba a ser la sombra de lo que antao fue. Le cubra desde los pies hasta el cuello y presentaba ms de una abolladura y alguna que otra parte bastante oxidada y manchada de putrefacta sangre de trol. El glido viento recorra el pramo con furia y los golpeaba sin ninguna contemplacin helndolos hasta lo ms profundo de sus cuerpos.


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La pesada puerta de madera se abri con un prolongado chirrido entrando, junto con la enorme figura, una rfaga de aire helado que hizo bailar y crepitar las llamas de la chimenea que calentaba la lgubre y abovedada estancia de piedra. Sobre las llamas haba un pequeo caldero de bronce con algo ms parecido a agua sucia humeando que a un caldo decente. Una mesa rectangular de roble, un sucio asiento y un banco astillado constituan el principal mobiliario de la sala. En el lado opuesto a la entrada, una cortina de tela, vieja como todo lo que haba a su alrededor, medio ocultaba una oquedad que deba dar paso a otras dependencias del lugar. El trol cerr con premura para impedir la entrada del invierno, haciendo que la puerta volviera a chirriar. Apoy su garrote junto a la misma, cogi el cucharn que estaba dentro del caldero y llen una jarra que bebi de inmediato.

- Al fin llegas! Ya estaba empezando a creer que realmente habas combatido contra ese mequetrefe y te haba derrotado, amigo.

- Ya veo cmo has venido corriendo a buscarme, Thorglin respondi de manera irnica, y un tanto enfadado, mientras dejaba la jarra vaca sobre la repisa que haba cerca de la chimenea.

- Cunto le has sacado a ese palurdo?

- Solamente he conseguido diez monedas de oro minti el trol mientras sacaba las monedas y las pona sobre la mesa, justo en el centro de la misma, dejando las dos restantes a buen recaudo en su bolsillo.

El enano se levant de su asiento y se puso de puntillas junto a la mesa, estirando el brazo todo cuanto pudo, para coger sus cinco monedas con rapidez pero el trol lo detuvo agarrndole la mano con firmeza contra la mesa.

- Y t, amigo Thorglin? pregunt el trol con cierta desconfianza acercando su cara hasta casi pegarla con la de su compinche -. No has conseguido nada hoy?

- Oh! S! Lo olvidaba respondi el enano con una risilla nerviosa -. He conseguido un escudo de plata minti tambin ste.

- No es mucho le dijo Gortras -. Al menos nos alcanzar para comprar vino, unas buenas hogazas de pan y algo de comida decente con esa miseria que le has sacado al caballero.

- S. Maana temprano bajar al pueblo a hacer algunas compras.

- No olvides comprar tambin un poco de grasa para la puerta. Hace un ruido insoportable y se atranca cada vez que se abre dijo mientras se dejaba caer pesadamente sobre el enorme banco de madera junto a la chimenea y acercaba los pies al fuego.

- Muy bien amigo trol. Traer un bote de grasa tambin.

Thorglin guard sus cinco monedas de oro en la pequea bolsa de cuero que colgaba de su cinturn y volvi a sentarse en el asiento junto al fuego.

Al poco tiempo ambos dorman apaciblemente al calor de la lumbre.

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Nsc7705 de junio de 2016

1 Comentarios

  • Nsc77

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    05/06/16 10:06

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