Las Noches que (no) Mueren
Fue solamente un segundo, el tiempo justo en el que tu mirada se cruzó con la mÃa, el instante preciso en el que sin quererlo te leà el alma. Y en ella ya no habÃa nada, al menos nada de mÃ. Tus ojos sólo mostraban indiferencia, la que esperaba que sintieras ante cualquier otra persona, menos ante mÃ. Estaba en frente tuyo, dándote dos besos, hablando sin saber cómo, tratando de retener ese momento un poco más. Pero tú, estabas ante mà como quien ve un recuerdo del pasado, algo o alguien que ya no le inspira sentimientos, ni buenos ni malos. QuerÃas irte, te lo noté en todo: en tu mirada, en tu actitud, en tu cuerpo, en tu forma de alejarte. Y allà me dejaste, con mil preguntas atormentando mi cabeza: ¿Cuánto hacÃa que no le veÃa? Que rápido se ha ido, ¿no? ¿Con quién estarÃa? Estaba más guapo, ¿verdad? ¿Realmente estaba indiferente o se fue tan deprisa por miedo a lo que podrÃa pasar?
Los dos sabemos lo que podrÃa haber pasado si su indiferencia no fuera tal y se hubiera quedado un par de minutos más conversando. Estábamos en nuestro escenario perfecto y a la hora en la que siempre pasa algo entre nosotros. Si se hubiera quedado hablando, al poco, se habrÃa sentido a gusto junto a mÃ, como dos piezas que encajan, las luces se habrÃan encendido, la música se hubiera parado y nos encontrarÃamos solos en medio de un montón de gente. SaldrÃamos a la calle, a la frÃa noche, y tomarÃamos el mismo camino, sabiendo perfectamente el rumbo de cada uno. PasarÃamos puntos clave en los que ninguno dirÃa nada y asumirÃamos, en un acuerdo mudo, que querÃamos seguir caminando juntos. LlegarÃamos al final y ahà pasarÃa lo que ya dimos por supuesto al no separar nuestros caminos un par de calles más atrás. ¿Y después? La eterna pregunta: ¿Qué significa esto?
Quizás, con su indiferencia sólo trataba de evitarnos esa eterna pregunta, formulada en un casi amanecer, tres años después.
Los dos sabemos lo que podrÃa haber pasado si su indiferencia no fuera tal y se hubiera quedado un par de minutos más conversando. Estábamos en nuestro escenario perfecto y a la hora en la que siempre pasa algo entre nosotros. Si se hubiera quedado hablando, al poco, se habrÃa sentido a gusto junto a mÃ, como dos piezas que encajan, las luces se habrÃan encendido, la música se hubiera parado y nos encontrarÃamos solos en medio de un montón de gente. SaldrÃamos a la calle, a la frÃa noche, y tomarÃamos el mismo camino, sabiendo perfectamente el rumbo de cada uno. PasarÃamos puntos clave en los que ninguno dirÃa nada y asumirÃamos, en un acuerdo mudo, que querÃamos seguir caminando juntos. LlegarÃamos al final y ahà pasarÃa lo que ya dimos por supuesto al no separar nuestros caminos un par de calles más atrás. ¿Y después? La eterna pregunta: ¿Qué significa esto?
Quizás, con su indiferencia sólo trataba de evitarnos esa eterna pregunta, formulada en un casi amanecer, tres años después.
1 comentario
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¡Precioso Reich!
un beso