TusTextos

Taimah

“Ga lu lo hi gi ni du da
El cielo nuestro abuelo

Un da wa gi ni li si
La luna nuestra abuela

E lo hi gin ne tse
La tierra nuestra madre

Ga li e li ga
Estoy agradecido

Si gi ni gé yu
Todos nos amamos

O sa li he li ga!”
¡Estamos agradecidos!

-Plegaria Cherokee

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Las chispas del despezado y ahora ardiente álamo que alimentaba el fuego central conseguían contrastar intrincadas sombras sobre las curtidas pieles, que conformaban las paredes del amplio tipi ceremonial, en el que el joven Askuwheteau se encontraba. Su hermano pequeño, Taimah, todavía dormía.

Los sabios ancianos habían enviado esa noche a llamar a todos los coyotes, como se los conocía a los guardias nocturnos entre los Cherokee, ya que debían escuchar el sueño que uno de los ancianos, Otoahnactob, había tenido y consecuentemente despertado a causa del mismo.

No suponía buen augurio que se convocaran dichas reuniones a altas horas de la noche. Eran indicios del destino oscuro, Otoahnactob repetía, de aquellas calamidades que acontecerían a los miembros de la tribu, igualmente como a los de los nativos Karankawa hacía ya unos años. Con la llegada del hombre blanco, los malos espíritus se apoderaban de hombres, mujeres y niños por igual, con una estrepitosa frecuencia. Profundas úlceras y piel color amarillento eran ya comunes en los grupos que habitaban cercanos a la frontera.

Ésta vez, el anciano había soñado con rocas color gris que acontecían desde el cielo hacia los Cherokee. Cientos perecían sin siquiera poder combatir, mientras nubes penetraban la tierra y envolvían el cielo cual tormenta otoñal. A lo lejos, el sabio distinguía varios caballos que escupían fuego, montados por blancos sin armas.

Poco sabían los que esa noche estaban reunidos frente al fuego, que a no muchas millas se acercaban, con primor ritmo, pulcros marchantes uniformes y pesadas piezas de artillería.

A la misma hora del día siguiente, los tipis eran ceniza y en su lugar se ungían cráteres. La vida abandonó el paraje y no volvió hasta dentro de varios días, en la forma de un niño que ya conocimos, Taimah, quien había sido el único sobreviviente y buscaba a su hermano. Encontró lo que no quería encontrar. Luego de tomar los víveres que escondidos habíanse salvado del ígneo y pluvial metal, caminó y caminó hasta encontrarse con una caravana de comerciantes blancos, que al verlo tan maltratado sintieron pena y lo llevaron con ellos.

Taimah fue adoptado por una familia que lo crió como propio, más esa “civilizada” y perfumada infancia entre espadas de madera y sermones religiosos no le hizo olvidar lo que su gente había sufrido. A pesar de haber sido rebautizado Taimah Jacobson, se prometió un reencuentro con los Cherokee, un reencuentro con su estilo de vida, y más importantemente, con los espíritus de la tierra que siempre consideró lo habían protegido.

Un día, ya crecido, Taimah se encontraba trabajando la madera en un aserradero del señor Jacobson, su padrastro, cuando un oficial confederado entrando sin mucha delicadeza, llamó a todos aquellos hombres mayores a ser reclutas...

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Continuará…

Santiagotomas199714 de abril de 2016

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