Viernes. Después de una semana de dormir cinco horas al día, de estrés y tensión; por fin viernes. Y con el viernes el inicio de un fin de semana tranquilo, calmado, relajante... Sales con tus amigos por la tarde, te diviertes. A las 20:30 tienes ensayo de la banda, y sabes que hoy será cansado. Tan solo quedan tres ensayos para el concierto y quedan aún cosas que corregir. Aunque no tienes muchas ganas, vas alegre. Entras por la puerta, tu compañero y "vecino de enfrente" de la banda te ha colocado la silla y el atril. Entrar en la sala y montas el instrumento, y te vas tan feliz con el saxofón colgando y las partituras bajo el brazo. Te sientas en tu sitio y en un momento, el director te borra la sonrisa con unas palabras. Te quedas mudo, sin poder casi ni respirar. Pero aún así te recuperas pronto. Observo el cielo, es azul claro. El sol brilla aún. Empieza el ensayo con un pasodoble, y no nos sale tan mal como pensabamos. El director está contento, tu bromeas con tu compañero de atril. Disfrutas de la música. Tocas la segunda obra. Es triste, melancólica, nostálgica. Mientras tus dedos, tu corazón, tu respiración, tu boca y tu mirada siguen la partitura, entrelanzándose entre ellas para formas la melodía que a su vez se entrelaza con los sonidos de tus compañeros; tu cabeza está perdida. Las palabras del director empiezan a retumbar en tu cabeza como un eco lejano, que te desconcentra. El cielo se ha vuelto de un naranja azulado, que unido a nuestra triste interpretación despide al sol. Acabas la obra un tanto desconcertado. Aunque ha habido algunos fallos, y ha sido necesario parar a revisar ciertos pasajes, ha estado bastante bien. Tus pensamientos, tu actitud... Todo iba acompañado junto a la melodía, lo que hacía más fácil sentirla. Y por lo tanto transmitirla. La última obra del ensayo, algo más dificil. Se intercalan cambios de tiempo, de modalidad, de tono. Todo cambia. Empezamos con un pasaje meláncólico. Tu tienes nueve compases de espera. Observas el cielo y es negro totalmente, ni una estrella alumbra en el firmamento. Tan solo la luna brilla a lo lejos, intentando rescatar la esperanza perdida. El segundo pasaje es misterioso. Tu cabeza ya está en cualquier lado y una lágrima asoma traviesa entre tus pestañas. Llega un pasaje alegre pero no, no tienes fuerza para hacerlo. No puedes sentirlo, no tienes ganas. Acaba la obra con el motivo principal, triste y melancólico. Ahí sí sacas a relucir tus sentimientos, casi llorando. Sabes transmitir justamente lo que la obra pide, lo que sientes. Acaba el ensayo y el director te felicita. Sonries vagamente y te marchas a casa. Y cuando ya estás dentro, entonces te das cuenta de que te afecta más de lo que creías. Sin darte cuenta, lloras entre el amargo silencio de la luna, hasta que el cielo se torna de un color naranja azulado. 2-5-14
Ahora empiezo a comprender porque me fije en ti. Puedes sentirte orgullosa, eres toda una dama.
Me pongo en pie y te aplaudo.
Un beso.
Pol