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Bajo la Lluvia

La angustiosa tarde no paraba de caer sobre sus hombros;
siluetas empapadas de fragmentos del obnubilado encima sus cabezas.
Su rostro yacía hipnotizado bajo el enredado pelo opacado por la lluvia,
llegando al punto de la confusión contra el oscuro matiz de su abrigo.
Él la miraba parado desde el frente, a kilómetros de distancia;
hasta que sus pálidas manos encontraron el cuerpo
que estilaba su penuria.
Ella lagrimeó un sollozo mudo,
que confundiose con el mar de invierno bajo sus pies.
En un cálido abrazo desaparecieron todas las controversias,
las frases inconclusas, los miedos, el frío, la lluvia,
sus manos entumidas y los cuerpos mojados
consumidos por el calor del estrecho;
dejando de esta manera insólita sus irónicas existencias terrenales.


G.S. 27/06/09
Yinter27 de junio de 2009

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