Odio
Habían comenzado a salir hacía seis meses. Seis meses y nueve días, para ser exactos. Lo sé porque desde que Mario me la presentara no había pasado un solo día sin que yo maldijese a mi mejor amigo.
Lo odio desde ese momento. Odio su voz, su manera de andar, su facilidad para sacar un chiste rápido de cualquier cosa; odio esa actitud despreocupada, ese aire de chico peligroso que irradia, de novio que mamá no quiere para su hija y que tanto gusta a las tías.
No soporto verle la cara.
Y sin embargo ahí estaba yo, pegado a ellos, en ese concierto de un grupo que no conocía, como en aquel partido de Estudiantes, igual que en el botellón de Nochevieja, soportando su cara, sus bromas ingeniosas, sus abrazos, sinceros, casi de hermano, con la complicidad que desde niños había existido entre nosotros y que ahora me resultaba grotesca.
Viendo cómo se abrazan, soportando sus caricias
Se besaron, un beso largo. Mario se entregó. Ella ella recorría el local con sus ojos negros, aburridos, fríos, ausentes. Y entonces se toparon con los míos. Y se incendiaron.
Desde el escenario, The Moonstones repetían una y otra vez que sería mía.
Sonreí.
© Alberto Pasamontes, marzo 2014
Hace tiempo que tenía esta idea en mente. Y al ponerme a ello, descubrí casi por casualidad este tema de The Moonstones donde canta el hermano de uno de mis mejores amigos.
http://www.youtube.com/watch?v=jZ6KdZtq5xA
Lo odio desde ese momento. Odio su voz, su manera de andar, su facilidad para sacar un chiste rápido de cualquier cosa; odio esa actitud despreocupada, ese aire de chico peligroso que irradia, de novio que mamá no quiere para su hija y que tanto gusta a las tías.
No soporto verle la cara.
Y sin embargo ahí estaba yo, pegado a ellos, en ese concierto de un grupo que no conocía, como en aquel partido de Estudiantes, igual que en el botellón de Nochevieja, soportando su cara, sus bromas ingeniosas, sus abrazos, sinceros, casi de hermano, con la complicidad que desde niños había existido entre nosotros y que ahora me resultaba grotesca.
Viendo cómo se abrazan, soportando sus caricias
Se besaron, un beso largo. Mario se entregó. Ella ella recorría el local con sus ojos negros, aburridos, fríos, ausentes. Y entonces se toparon con los míos. Y se incendiaron.
Desde el escenario, The Moonstones repetían una y otra vez que sería mía.
Sonreí.
© Alberto Pasamontes, marzo 2014
Hace tiempo que tenía esta idea en mente. Y al ponerme a ello, descubrí casi por casualidad este tema de The Moonstones donde canta el hermano de uno de mis mejores amigos.
http://www.youtube.com/watch?v=jZ6KdZtq5xA
10 comentarios
Asun
07/03/2014 · 09:58
Alberto es una alegría leerte de nuevo. Espero que veas todos tus proyectos convertidos en realidad.
Besos
Libelula
17/03/2014 · 06:03
Que bueno.
Luego mirare el video.
Besos
Buitrago
21/03/2014 · 17:51
lo siento, pero es lo que hay. ¡¡Monstruo!!
Abrazos
Amparoiglesias
06/08/2014 · 12:30
Aún no he visto el video, aunque lo haré! Me ha encantado el texto, creo que porque has conseguido que todo el que lo lea, sea ese chico que odia a su mejor amigo... El último toque de unos ojos aburridos que se avivan o se incendian cuando se topan con los tuyos, me encantó, que a becs el fuego de unos ojos aparece según a lo que estén mirando.
Has conseguido que me ponga en el lugar de ese chico un momento y piensa que habría hecho de ser él.
Fabuloso!
Amparo.
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Querido Alberto, mucho tiempo sin leerte, por lo que es de agradecer este breve aperitivo hasta que llegue esa esperada novela.
Me gustó la historia, actual y real como la vida misma.
Un abrazo fuerte.