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1'60

Uno sesenta, puede ser una distancia específica desde aquella puerta a aquí, o una estatura, o una medida en una cinta métrica; o si se quiere, lo que hace alguien en una silla si nota cansancio o le duelen las rodillas. O también un punto de partida para narrar unos hechos…

Conrado es una persona en unas condiciones desfavorables, pues vive en la mendicidad; con un indumento maloliente andrajoso.

Este señor vive en la calle, cerca de una plazoleta, cerca de un parque, un buen parque.
Vive en el hueco de una obra, una obra de esas que están paralizadas...
En ese hueco tiene un colchón que encontraría también en la calle, tal vez apoyado en una vieja pared, o tirado sobre el pavimento. Tras el colchón ya ubicado en el hueco, medio esconde una o dos mantas sucias, muy sucias, asco sucias.

Conrado siempre lleva encima sus ropajes, no tiene una casa con armario con estantes para dejar la ropa bien doblada después de un “qué bien huele la ropa después de la colada”. Eso en él no se da.
En el pasado, cuando utilizaba corbata sí podía permitírselo, hacerlo, pero ya no.

Su aspecto es algo extraño, entre una extravagante realidad y la ficción de un cómic.
Es un señor delgado, y grueso por los ropajes que lleva encima, de aspecto artificial, inflado, aparatoso, una especie de globo aerostático andante sin alejarse demasiado de su colchón que hace de sede central.
Su baja estatura y esa desmedida hinchazón textil que sobrecoge a las criaturas que salen de la escuela hacen dél un personaje extraño, dél un personaje como grotesco.

Conrado, en verano, no atiende al calor, lo ignora, debe ignorarlo porque toda esa ropa encima puesta la necesitará en invierno. Él mismo hace de armario, de estantes para el indumento.
Quizás sea perjudicial para las células del organismo el someterlas a tanta presión térmica… tal vez; pero….¿qué sabrá él de eso? ¿será un señor con formación universitaria? ¿será una persona enajenada?

Conrado tiene muy mala relación con los grifos, con el agua limpia que limpia, también con la higiene, a nivel de piel y de ropajes, su atuendo.
Su vestimenta es nido de lo que allí se parasite; ha de ser así, por las condiciones en que vive. También tiene muy mala relación con la nutrición adecuada y saludable; y también con los cepillos de dientes y el bicarbonato para cepillarse los dientes, y se sobreentiende que con los platos de ducha y toallas limpias.
La mendicidad y marginación lo privan de conversaciones interesantes…, la única manera que tendría Conrado de acceder a una biblioteca con un mínimo de discreción y aceptabilidad sería si…

Dos o tres días a la semana se allega a la parte de atrás de un establecimiento de comida artificialmente sabrosa y riquísima, y le dan “tenga usted” sobrantes le dan.
Este señor, con regularidad se mete en un contenedor cualquiera aun su estatura, contenedor de basura, y busca. Sale de uno y se mete en otro, lo hace sin prisa. En el transcurso de sus horas.

No habla con nadie. No se comunica, no entabla verbo vínculos. Quizá sea por desprecio a sí mismo o a las demás personas, quizá también sea por dejadez que podría afectarle, en el supuesto que la comunicación sea una especie de “musculatura” a utilizar y de no ser así se podría atrofiar, quizá a la propia integridad o salud mental o moral, quizá; quizá su incomunicación sea también por los niveles demasiado bajos de autoestima, esa mínima y esencial autoestima que no se despilfarra en la búsqueda de elogios.


A la joven del establecimiento donde le dan ese tipo de comida, a esa joven, la saluda con una sonrisa y algún monosílabo o expresión corta. La joven no puede acercarse demasiado a él por el freno que supone su olor corporal y textil.

Al señor Conrado le han ofrecido..., le ofrecieron una alternativa mediante una organización no gubernamental y según se cuenta estaba dirigida, sustentada, supeditada, conservada y guionizada por una iglesia de ideología extremista, y él, esa oportunidad, la rechazó.

Un vecino, que un poco a escondidas, da comida a las palomas, a veces habla algo, poca cosa habla con él, siempre y cuando Conrado haya ingerido alcohol en envase de cartón, ese alcohol que venden en el supermercado y es barato, barato significa, a estos efectos, que de una moneda te dan cambio.

La otra tarde, se supo por mediación del alimentador de palomas, que si Conrado hubiese aceptado ese trato con esa organización eclesial y extremista hubiese sido como “pactar con el diablo”, según sus propias palabras.

Los días de lluvia moderada o intensa, el indigente Conrado se guarece en la entrada de un garaje que está delante de donde tiene su colchón, garaje en un edificio de tres plantas.

Si Conrado, por algún motivo experimenta alguna revuelta o enaltecimiento recto intestinal de letrina, se va como correteando al parque cercano y tras unos arbustos se acuclilla; uno de los problemas reside en que por el lugar de los hechos y desechos puede haber algún operario de parques y jardines ganándose el jornal. Conrado señor, sabe que no está bien ponerse de cuclillas con determinados testigos o compañías, o sea, que tiene otros lugares para tales posturas de repentina necesidad. Además, las ciudades suelen ser grandes lugares donde una persona puede o no puede…

A veces, al señor Conrado se le ha visto echado en un banco, dormitando, en el mobiliario urbano del parque cercano al hueco de la obra.

Pasaron las semanas, y una mañana, el señor vecino que iba a dar de comer a las palomas, advirtió un coche de policía y una ambulancia y un furgón para trasladar cadáveres. Vio que el personal cualificado rodeaba un banco sobre el cual había alguien carente de movimiento, de sonrisa, de respiración…, carente de ocurrencias y saberes, carente de sentido de vecindad, carente de futuro, carente de televisor…, carente de parpadeo, carente de actos de habla, carente de función orgánica múltiple, lleno de carencia; carente de problemas y de soluciones; carente de dar, pero no carente de recibir básica sepultura.

Al cabo de más de cincuenta y seis minutos, en ese banco ya no había nadie; y el único vecino que alguna vez había hablado con él algunas palabras pocas fuesen, se acercó, y pudo ver bajo el banco, junto a la cuidada vegetación una estropeada novela de bolsillo, de aquellas tan supuestamente denostadas, difamadas; era una novelita del oeste, y en la primera página había un nombre escrito en la parte superior, medio borrado por el tiempo y el trasiego o trajín…
En la portada descolorida y desgastada que acoge el ilustrado título de presentación, y con algunas rayas de doblez y cientos de veces usada, también figuraba escrito un nombre a bolígrafo.
Se leía un nombre… Conrado.
Difícil de leer, escrito estaba.
Se podía ver.
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Amanuense
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cronicas

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