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¡qué Has Hecho!

(Primera parte)

Fiodora es una joven con dos habilidades notables, una es que en un año, a su madre le puede decir unas cuantas veces: “Mamá, me han despedido”. Y como puede deducirse, la otra, es una gran habilidad para encontrar un empleo nuevamente. Tiene como un olfato para ambos eventos o sucesos.

Esta mañana, su madre mientras prepara el desayuno mira en dirección a la habitación de Fiodora..., y a los pocos minutos ya aparece la joven, lo hace con una carpeta y en el interior dos folios curriculares para entregar allende ella considere oportuno, ello tendrá lugar esta misma mañana...
Su madre, mientras enjuaga un cacharro, le dice al salir ella de la vivienda: “Hija, que te vaya bien”.
Esta madre ya habla de estos asuntos con una resignación normalizada impregnada de rutina, como que ya sabe cómo empieza el ciclo y cómo acabará...y volverá a empezar y de nuevo acabará.

La mañana ha transcurrido y...

A primera hora de la tarde Fiodora sale de su habitación, con los pies molestos e incomodados de tantos pasos y andares, pues ha estado varias horas fuera, en la calle, buscando algún establecimiento en el que poder hacer entrega de su valiosa y peculiar presentación laboral...con tantas idas y venidas, altas y bajas, saludos y despedidas; y vuelta a empezar.

Fiodora huele el Té de tres años recién hecho, y aparece en el salón de la casa: “Mamá, he entregado un currículum en una papelería, y otro, en una zapatería”.
La mamá de la joven la mira la acaba de escuchar, y otra vez la mira, sin decir nada significativo, con esa actitud de haber leído varias veces un relato y conocer de memoria el argumento, aunque a esta madre siempre le queda el aliciente de los matices, de los detalles, los grandes y pequeños detalles, como si por fuera todo eso fuese lo mismo, pero queda la interioridad el entresijo del acaecer laboral de la joven Fiodora. Como si esta madre hubiese visto o quisiera ver en esas idas y venidas, esas entradas y salidas, algo relevante o de importancia, aun compaginado con una resignación.

Cada vez que entrega un curriculum, de inmediato se centra y concentra en su bandeja de entrada a la espera de noticias a su favor. Cada dos horas mira, consulta esa bandeja, sagrada bandeja, lo hace desde tiempos inmemoriales, es un ritual que se repite inexorablemente, durante doce meses, año tras años, doce meses.

Falta poco para que anochezca, es invierno, oscurece temprano, y Fiodora no sale de casa, ahí se queda a la espera de noticias...a que su bandeja de entrada disponga de esa necesaria información tan valiosa para ella.
Los minutos se suceden, según cronos, se suceden.
¡De pronto!
“¡Mamá, tengo un mensaje de la zapatería”.

Su mamá, ante esas palabras de su hija, se implica a la baja, con aires de rutina sentido aburrimiento, con aires de ya saber cómo va acabar todo este asunto, pero aún así esta madre: “¿Qué te han dicho, hija?”
La joven, en general, no está demasiado entusiasmada tampoco, en su fondo queda ese círculo cerrado que le genera algo de hastío, en el fondo se da cuenta de algo a lo que no sabe nominar, hay un aborrecimiento no lo suficiente intenso como para una introspección depurativa. Se siente atrapada por algo que no puede nombrar con precisión, y el hecho de generarle ingresos le resulta positivo y a la vez también una pequeña trampa o anclaje para seguir así...
“Mañana, a las nueve de la mañana, la dueña quiere hablar conmigo”.

Esta mañana, Fiodora ha salido temprano en dirección a la zapatería...

A las once horas quince minutos ya de vuelta llega a casa entra, se sienta en la butaca, acaricia a Urraca su gata: “Ya tengo trabajo mamá.”

“¿Cuándo empiezas?” Su madre, interiormente, de pensamiento, no puede evitar calcular aproximadamente, en más o en menos margen de error cuando le dirá: “Mamá, me han despedido”. Por prudencia, su madre, estos pensamientos se los reserva para sí misma.

Urraca cierra los ojos a las caricias de Natalia. Urraca queda quieta al amparo de la joven, una joven de buen fondo, un fondo que se le vuelve en contra, un fondo que no sabe manejar bien para no convertirlo en una inconveniencia personal y social.

“Empiezo el próximo lunes”.

Natalia mira la pantalla rectangular de su teléfono de bolsillo, y hoy es viernes.
Y además se le ha ocurrido hacer algo interesante el fin de semana, algo antes de empezar en su nuevo empleo, algo que desde mucho tiempo atrás no hacia.
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Amanuense
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relato

1 comentario

Josh 27/10/2026 · 03:27

Amanuensis, me gusta cómo retratas la lucha de Fiodora por encontrar estabilidad laboral y cómo su madre parece conocer el ciclo de memoria. Hay un tema muy humano detrás de esta historia: el deseo de empezar de nuevo. Creo que profundizar un poco más en el conflicto interior de Fiodora haría que los lectores conectaran aún más con ella. ¿Es esta la primera parte de una historia más larga? ¡Me encantaría saber cómo continuará su camino!