Vicenta, a la que Llaman Jefa.
Primer tramo, primera parte
Ahí va al volante del automóvil, aquél de alta gama, vehículo con buena protección bien defendido por una buena póliza de seguros.
En su interior, la señora que conduce mira el entorno como que busca algo…, y la velocidad se reduce poco a poco, el auto...pues, parece que... va a... detenerse...eso pare...
La conductora sujeta el volante con ambas manos, con un conducir con un maniobrar tranquilo, con paciencias con prudencias…, para todoterreno, toda circunstancia.
Junto a ella el copiloto, también señor de edad aproximada, sujeta un mapa de carreteras de aquellos de antes tan interesantes. En el salpicadero un orientador virtual con una pantalla que indica la ruta. Orientador que al copiloto le inspira desconfianza….debido a lo que les sucedió un día en el pasado, pues fueron a parar, a encallar, a un callejón en extremo estrecho, además de sin salida…, sucedió en una localidad de montaña, de alta montaña con calles empinadas, bajadas pronunciadas… Recuerdos del ayer, escarmientos, calendarios, ya pasados.
Han llegado a una localidad, ¿tres mil habitantes? Tal vez…tres mil dos, tres mil tres?
La conductora ya ha detenido el auto, también el motor, en un margen de la vía de acceso a la localidad.
Se apea, cuidadosa cruza pues prudente.
Ante ella un restaurante, ante ella una joven, en el detrás el nudo: un delantal, trabaja de camarera pues.
Surge entre ambas un dialéctico juego: a tal pregunta tal respuesta.
La camarera, persona servicial, señala a la montaña como diciendo “Allá arriba, allá usted vaya”.
La conductora regresa al auto... se adentra: “Tenemos que tomar una carretera local, más adelante bien cerca, a no más de un kilómetro de aquí, recto por ahí”.
Pues así sea para allá van.
Comienza el ascenso. Vía estrecha. Muchas curvas. Maleza en los márgenes. Señal de peligro por animales sueltos, silvestres o salvajes...mucho cuidado.
Faltan unos siete kilómetros para llegar, así que adelante, hasta el destino final...
Se trata de...llegar a…
Se trata de arribar ante un granero fuera de uso; sito en la entrada de un pequeño pueblo de montaña… “Allá arriba, allá usted vaya”.
La pareja, en su esplendente automóvil, pues para allá va...curvas hacia acá, curvas hacia allá.
Quizás tengan oportunidad de conocer a Vicenta, o quizás no.
Jefa la llaman. En una de esas casas vive.
Ahí va al volante del automóvil, aquél de alta gama, vehículo con buena protección bien defendido por una buena póliza de seguros.
En su interior, la señora que conduce mira el entorno como que busca algo…, y la velocidad se reduce poco a poco, el auto...pues, parece que... va a... detenerse...eso pare...
La conductora sujeta el volante con ambas manos, con un conducir con un maniobrar tranquilo, con paciencias con prudencias…, para todoterreno, toda circunstancia.
Junto a ella el copiloto, también señor de edad aproximada, sujeta un mapa de carreteras de aquellos de antes tan interesantes. En el salpicadero un orientador virtual con una pantalla que indica la ruta. Orientador que al copiloto le inspira desconfianza….debido a lo que les sucedió un día en el pasado, pues fueron a parar, a encallar, a un callejón en extremo estrecho, además de sin salida…, sucedió en una localidad de montaña, de alta montaña con calles empinadas, bajadas pronunciadas… Recuerdos del ayer, escarmientos, calendarios, ya pasados.
Han llegado a una localidad, ¿tres mil habitantes? Tal vez…tres mil dos, tres mil tres?
La conductora ya ha detenido el auto, también el motor, en un margen de la vía de acceso a la localidad.
Se apea, cuidadosa cruza pues prudente.
Ante ella un restaurante, ante ella una joven, en el detrás el nudo: un delantal, trabaja de camarera pues.
Surge entre ambas un dialéctico juego: a tal pregunta tal respuesta.
La camarera, persona servicial, señala a la montaña como diciendo “Allá arriba, allá usted vaya”.
La conductora regresa al auto... se adentra: “Tenemos que tomar una carretera local, más adelante bien cerca, a no más de un kilómetro de aquí, recto por ahí”.
Pues así sea para allá van.
Comienza el ascenso. Vía estrecha. Muchas curvas. Maleza en los márgenes. Señal de peligro por animales sueltos, silvestres o salvajes...mucho cuidado.
Faltan unos siete kilómetros para llegar, así que adelante, hasta el destino final...
Se trata de...llegar a…
Se trata de arribar ante un granero fuera de uso; sito en la entrada de un pequeño pueblo de montaña… “Allá arriba, allá usted vaya”.
La pareja, en su esplendente automóvil, pues para allá va...curvas hacia acá, curvas hacia allá.
Quizás tengan oportunidad de conocer a Vicenta, o quizás no.
Jefa la llaman. En una de esas casas vive.
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