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Calma Aparente y Asesinatos Del Viento... y Lejos de Todo. 03 de abril de 2011
por bajollave
Todo es calma aparente, pero hay enormes rocas que anuncian mi fin. Hay acantilados a expensas de mis noches.

Yo una capucha negra, charol, día nublado. Cinco pasos enterrados en un libro.

Y esas olas bramando despedidas, desde esta prodigiosa altura aleteando cabellos caigo en la violencia de la melancolia.

Pero ahora silencio... Quiero hablar:



Todo será igual, los aires regresarán cuando sea otoño. Vosotras, queridas olas, enfermas escandalosas exhibireis la plenitud de vuestros gritos. El viento os ama, y vosotras, enamoradas de mi, le cedeis en vuestros golpes míseras gotas. Regalais una pizca de vuestro cuerpo durante algún segundo. Esperais que él la traiga hasta mí. Yo os amé desde el primer momento que os vi. Pero una gota de mi amor puede ser el fin de vuestras guerras, si yo salto a ese mar de piel andrajosa puedo hundirme en él. La razón de vuestra lucha desaparece entre vuestras pieles, nervios conjeturados por las algas de la incosciencia. No lucheis por mí, el viento os oye, pido clemencia a aquel asesino que tira de mis ideas, intenta arrastrarme lejos de la tierra.



El romance de Niágara quedó lejos cuando yo en mi locura, en mi instinto, vine a este acantilado. Olvidando corrientes de un remanso pasado. Pereció. Yo impresionado por el oleaje de un nuevo amor me mantuve frente a él, un loco encaprichado de mis únicas halajas. Las heridas. Así continué semanas, observando en silencio. Desde que Niágara me enloqueció, no volví a sentir semejante enganche. Pero ya no reconozco semejante error en mis huellas. Ahora solo quiero ese azul, rebosante de paz.



Y ahora decido acercar mis pezuñas a la orilla de las infidelidades. Soy perro guardián quizá de mis secretos. El momento llega, y me dejo llevar por la corriente del aire traicionero. Me dejo empujar a los abismos de mis amadas olas. Ellas ahora no me ven, no me hablan ni me abrazan. No me sienten. Y yo me hundo, y el viento me mira. Continúa recogiendo los restos del cuerpo de mi amado oleaje, cuando en sus golpes regala al destino un trazo de su cuerpo. Una confabulación. Esas dulces locas despedazadas en movimientos tejidos a merced del maldito huracán. Ellas no pueden amar, solo se mueven con el viento, su piel está comprada por el oxígeno de él, el mismo que yo ahora pierdo. Me hundo, me hundo… No hay amor en este cuerpo índigo, y entre los brazos de mi amor, no siento el calor que pude esperar desde las alturas. Hace frío y mi energía se agota. Quizá debo dejarme ir.




Un reflejo, es el de mi cuerpo saltando, me despido de las rocas. Esa es toda imagen que tengo de mí, un débil cantautor de ensueños que nunca llegan a encontrar la escala adecuada entre las teclas de mi alma. Estúpido, nunca debiste saltar, el bosque te esperaba deseoso de mostrarte manjares de vida. Decepcionado ilustrado por sueños de odio, el miedo me agarra el pie y me hunde hasta el infierno,



Una vez abajo, entre las tinieblas del mismo diablo, me cubro de matorrales oceánicos. Me envuelvo en el verde del azul. No he muerto, aunque el oxígeno se fue, las entrañas de mi falso amor, aquel que me engulló, me mantienen vivo con sus artes marinas. Pero aquí no alcanza el aire a verme, estoy en la intimidad de la vida. Envuelto de verde imaginado, el ocaso se cierne y no puedo ver. Solo puedo sentir. Una corriente empieza a recorrer mis labios, mis hombros, mis lágrimas se mezclan con mi manta. El viento no puede oírnos. Me hace suyo, el agua me envuelve y la mar me atrapa en un placer próximo a la muerte.



Lejos de las tempestades, los hilos de aquel jugador se deshilan en auténtica armonía. Ella siempre me amó, y en su gesto indiferente, en sus olas desvaídas, ingratas, me arrastró a lo más profundo de su ser, y me mató de amor. Dejé de respirar el aire de aquel traidor, ya no lo necesité jamás. Me acurruqué en aquel fondo soltando las artimañanas de aquel embustero, ciegas vocanadas que me daban vida ilusa, mentira. Y me rendí al amor de ella, ninguno quisimos ya continuar con ápices el aire. Muertos de amor, lejos de todo.

1 Comentarios

Pero ahora silencio... Quiero hablar: en verdad ya no se que decir ante tanto talento.

05/04/11 08:04

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