Vuela
un dulce aleteo
que nos lleve adonde
florece el nardo y
donde lanza su
picante aroma
el romero.
Envuelveme en tu
tibieza mañanera
cuando abra los ojos
preñados de dicha
y de anhelo.
Extiende tu manto
sobre un campo rojo
de amapolas;
deja que me siente
a tu lado, y
no preguntes nada
ni me cuentes
tus añoranzas
11 comentarios
Dos hermosas aves que se acompañan entre el silencio y la palabra y al detenerse simplemente seguirán siendo dos hermosas aves escuchando y actuando desde los latidos de sus corazones.
Transmites serenidad y cariño, pero yo arrebatada por tus versos te mando un abrazo fuerte aunque te desplume un poquito.
Beth, prometo, prometo nada de añoranzas, celebrar el silencio y solo arrugar quizás, tan solo un poco el manto, delicioso paisaje, cariños.
Un pastoral, un cuadro de un paisaje y tiempo idílicos que no se desea ser mancillado por pasadas tempestades.
Así lo he visto yo. Me encanta su estética, intensamente visual.
Un beso grande, Beth.
Llévame a volar!!
Creo que ya lo hiciste con este magnífico texto... No creo que sea legal decirte que eres excelente, porque ya lo sabes. Te has enamorado de un ave joven, con alas fuertes que pueden con su peso y con el tuyo en la espalda.
SALUDOS!
PASA POR MIS ENAJENADOS TEXTOS
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Beth:
Amiga de la mirada claro que estoy dispuesto a volar contigo hacia ese lugar maravilloso que has pintado con tus letras.
"Envuelveme en tu
tibieza mañanera
cuando abra los ojos
preñados de dicha
y de anhelo".
Yo también escribí algo llamado "Vuela"; pero con otro sentido.
Un gusto leerte.
Sergio.