A Aquel Cantor...
Cómo no, ya que mi mayor dedicación es la escritura...he de dedicarle algunas líneas a ese hombre que cambió con su voz mi vida...
Gracias a tus letras me evado imaginando todas y cada una de las historias que cantas, todas las letras que cierras una mañana antes de echar a andar...
Las pequeñas cosas, esas que gracias a tí, recuerdo como algo bueno, que me hace llorar cuando nadie me ve...
Gracias a tí por inculcarme que hay que preferir volar a correr, hacer a pensar, amar a querer, tomar a pedir...
Con aquel tío Alberto que tiene de un niño la ternura, de un poeta la locura y aún como le ha tratado su vida...crée en el amor.
Aquella muchacha que rondaba tus noches y las mías poco antes de que dieran las diez...
Nuestra querida Lucía, a la que le dedicamos momentos de amor...momentos de...soledad nostálgica.
Los cantares de Machado, con aquel poeta que murió lejos de su hogar...al cual, al alejarse vieron llorar...
Tu titiritero que recorre las aldeas cruzando los viejos caminos de piedra, bajando una estrella que borre la huella de un recuero amargo, si es que lo hay...
Aquel hijo al que Hernández relató en una mezcla entre la luz y la sombra, con ese instante mayor de su potencia lunar y femenina...
Gracias, por demostrarme cada mañana que puede ser un gran día, joder, me subes la moral a cada jornada, cuando más lo necesito...
Ese nombre que nos sabe a hierba, que...a diferencia de tí, el mío es otro, otro que me lleva sabiendo a gloria bastante tiempo, aunque demos por perdida la batalla....de vez en cuando, es mejor no forzar las cosas, no?
Porque no hacemos otra cosa que pensar en ella...por halagarla y para que se sepa...tomamos papel y lapiz y esparcimos las prendas de su amor sobre la mesa cada noche...
La aristocracia de tu barrio, la cual me encanta, gente peculiar unida al tapete, a las cartas, la copa y el puro...
La libertad, a la cual cantas, esperando que retoñen aladas de savia sin otoño, reliquias de nuestros cuerpos que perdemos en cada herida, pero somos como el árbol talado, que retoñamos...y aún tenemos eso que nos hace tan grandes, la vida...
Y, claro, me enseñaste que si la muerte pisa algún día mi huerto, debo empezar a preguntarme demasiadas cosas...como ¿Quién mentirá un padrenuestro y a rey muerto, rey puesto... pensará para sí?...esas pequeñas cosas de nuevo...
Y en un reloj, darán las diez!
Gracias, mi querido amigo, porque, joder, si pinto bien es gracias a que...te tengo como compañero e hilo musical durante todos mis trazos de carboncillo...
Dejemos de acordarnos de esa gente que arregla todo sacando un conejo de la vieja chistera, vamos a dedicarnos a cantar, tú por tu lado, y yo por el mío, en mi escritorio, mientras dibujo o escribo, mientras me desquicio por esos temas...que me cantas a menudo...
Y ante todo...Gracias por haber NACIDO EN EL MEDITERRÁNEO.
Gracias a tus letras me evado imaginando todas y cada una de las historias que cantas, todas las letras que cierras una mañana antes de echar a andar...
Las pequeñas cosas, esas que gracias a tí, recuerdo como algo bueno, que me hace llorar cuando nadie me ve...
Gracias a tí por inculcarme que hay que preferir volar a correr, hacer a pensar, amar a querer, tomar a pedir...
Con aquel tío Alberto que tiene de un niño la ternura, de un poeta la locura y aún como le ha tratado su vida...crée en el amor.
Aquella muchacha que rondaba tus noches y las mías poco antes de que dieran las diez...
Nuestra querida Lucía, a la que le dedicamos momentos de amor...momentos de...soledad nostálgica.
Los cantares de Machado, con aquel poeta que murió lejos de su hogar...al cual, al alejarse vieron llorar...
Tu titiritero que recorre las aldeas cruzando los viejos caminos de piedra, bajando una estrella que borre la huella de un recuero amargo, si es que lo hay...
Aquel hijo al que Hernández relató en una mezcla entre la luz y la sombra, con ese instante mayor de su potencia lunar y femenina...
Gracias, por demostrarme cada mañana que puede ser un gran día, joder, me subes la moral a cada jornada, cuando más lo necesito...
Ese nombre que nos sabe a hierba, que...a diferencia de tí, el mío es otro, otro que me lleva sabiendo a gloria bastante tiempo, aunque demos por perdida la batalla....de vez en cuando, es mejor no forzar las cosas, no?
Porque no hacemos otra cosa que pensar en ella...por halagarla y para que se sepa...tomamos papel y lapiz y esparcimos las prendas de su amor sobre la mesa cada noche...
La aristocracia de tu barrio, la cual me encanta, gente peculiar unida al tapete, a las cartas, la copa y el puro...
La libertad, a la cual cantas, esperando que retoñen aladas de savia sin otoño, reliquias de nuestros cuerpos que perdemos en cada herida, pero somos como el árbol talado, que retoñamos...y aún tenemos eso que nos hace tan grandes, la vida...
Y, claro, me enseñaste que si la muerte pisa algún día mi huerto, debo empezar a preguntarme demasiadas cosas...como ¿Quién mentirá un padrenuestro y a rey muerto, rey puesto... pensará para sí?...esas pequeñas cosas de nuevo...
Y en un reloj, darán las diez!
Gracias, mi querido amigo, porque, joder, si pinto bien es gracias a que...te tengo como compañero e hilo musical durante todos mis trazos de carboncillo...
Dejemos de acordarnos de esa gente que arregla todo sacando un conejo de la vieja chistera, vamos a dedicarnos a cantar, tú por tu lado, y yo por el mío, en mi escritorio, mientras dibujo o escribo, mientras me desquicio por esos temas...que me cantas a menudo...
Y ante todo...Gracias por haber NACIDO EN EL MEDITERRÁNEO.
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