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Frente al Pasado.3.

Un policía municipal apostado a uno de los lados de la puerta de entrada del consistorio observaba la escena a la vez que le inquiría:
- ¡Eh , chico! ¿Qué llevas ahí?
El chaval con sus pantalones cortos de pana, sus calcetines altos de lana y jersey grueso de rombos, contrariado y maleducado le espetó:
- ¡A tí que te importa alguacilillo!- al tiempo que se echaba a correr, con la vista atrás para ver la ventaja que tomaba, con tan mala suerte para él que un compañero del guardia se topó en su camino sujetándolo del hombro con una mano y tomando el papel que blandía el niño, en la otra.
-¿Donde ibas bribón? ¿ Acaso no has oído a la autoridad..., que enseñaras lo que llevabas en la mano?. Ahora directo al calabozo...
- ¡No! Por favor, por favor que mi padre me muele a palos si se entera...
- Pues es lo mejor que te puede pasar, a ver si así aprendes la lección...
- La he aprendido señor guardia, se lo prometo...
Dirigiéndose a su compañero al llegar a su altura
- ¿Lo dejamos?...
Fingiendo estar francamente cabreado
- Déjalo ir, porque si no, no sé que le hago a este mierdecilla...
- Gracias, gracias, muchísimas gracias- esperando para huir bien lejos.
Tras soltarlo echó a correr como un galgo en pos de su presa, perdiéndose de vista en segundos.
Tras desaparecer de escena...
-¿De qué va esto?...
- Mira...
- No he aprendido chino todavía,...
- Ni falta que te haría porque esto seguramente es japonés...
- Anda con el Bruce Lee este- con gesto de fastidio.- Encima que te ayudo ahora dándotelas de listo...
- Calla, y mira estos números. ¿ No te recuerdan a...?

Abriendo los ojos como platos, atropeyándose las palabras en su boca
- Pero no es el número de teléfono de ...
- Eso es- sin dejarle acabar.-Vamos a informar.

Los dos municipales con su uniforme azul, su gorra calada en la frente, sus bigotes chevrón, papel en mano entraron en el edificio dirigiéndose a la habitación contigua al salón de subastas.

Sentado a una gran mesa de escritorio prácticamente vacía con un cenicero redondo de cristal Praga Bormiolli sobre el que descansaba un cigarillo rubio a medio consumir despidiendo una fina columna de humo que desaparecía en la nube formada en el techo, se encontraba uno de los que había sido hombre fuerte del Régimen en la sombra. Al lado del pitillo, múltiples colillas a medio apagar se camuflaban en pequeños montículos de ceniza grisácea recién consumida. Con la mirada puesta en el infinito, se oía el engranaje de sus neuronas en el vacío del silencio. El chirrido tembloroso de las dos viejas visagras mal engrasadas de la puerta que daba al vestíbulo principal, dio paso a los no menos trémulos movimientos de los dos guardias que cautelosos aunque decididos, sin la intención de molestar en exceso, penetraban en ese momento en la estancia.
Sin darse la vuelta, ante esta aparición inesperada aunque enseguida detectada dados los pasos dubitativos de ambos que contradecían su empeño decidido, sin pestañear y con una voz seca y sin entusiasmo, se dirigió a la pareja:

- ¿Qué se les ofrece? Espero que esta intromisión en mi espacio y mi tiempo esté justificada. De lo contrario darán cuenta de su dejación de funciones en el puesto de guardia.

Una vez delante del anfitrión, algo apocado e inseguro el que había descubierto el papel doblado al chico, lo dejó sobre la mesa al alcance del ex-director general de seguridad con un movimiento suave y calculado.
Ignorando éste la presencia de los dos hombres, con la mano izquierda tomó el cigarrillo del cenicero para después llevárselo a la boca, inspirar el humo a través del filtro como si no hubiera un mañana y más tarde de forma burlona juguetear con sus labios ejecutando perfectas oes que dejaba suspendidas en el aire. A la vez con la mano derecha y sus uñas amarillentas debidas a largas jornadas embebidas en el humo del tabaco, examinó el folio envejecido por las dobleces que le acababan de llevar. Enseguida reparó en que era uno de los modelos de proposición para tomar parte en la subasta de enajenación de bienes que se estaba llevando a cabo en el salón de al lado. Casi en el mismo instante volteó la hoja clavando sus ojos en unos símbolos que reconoció al segundo
y que susurró para sí, "ima matawa kesshite", ingurgitándosele progresivamente ambas yugulares a pesar de tener un cuello de buey y tomando su tez pálida una rubicundez irancunda...hasta que como una olla a presión explotó gritando...:

- ¡Fuera de aquí!... ¡Ya!- mientras acompañaba la orden con un sonoro puñetazo en la mesa dejando la mano sobre ella y que no precisó de repetición ya que los dos subalternos pusieran pies en polvorosa en dirección a la entrada sin mediar palabra.

Grito y golpe resonaron en el salón de actos una centésima de segundo haciéndose bruscamente el silencio durante el mismo tiempo, a la vez que las cabezas buscaban su origen, para posteriormente continuar todos con el desarrollo de la subasta, como si nada hubiera pasado.

Sólo una persona fue consciente de lo sucedido, tras echarse mano al bolsillo del abrigo de piel y darse cuenta de la ausencia del papel. Instintivamente y de forma furtiva dirigió su mirada hacia la rendija que dejaba la puerta con el marco tras la mesa de subastas. Sabía que tras ella unos ojos encolerizados inyectados en sangre en ese momento buscaban los suyos, y decidió ponérselo fácil, separándose unos pocos centímetros de la pared, de forma descuidada mirando lentamente alrededor, como el que espera que llegue alguien, hasta que fue descubierto.

- ¡Ahí estás ¡- pensó cuando finalmente lo localizó , mirando a su vez el número de teléfono que bien conocía, desde hacía tiempo.
Clopezn09 de marzo de 2019

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