No Gris Sino Negro
Hacedle hueco a vuestro hermano
y en la oscuridad de la noche
juntaros unos a otros
en el hueco del viejo colchón,
no se pierda el calor humano
no permitáis el derroche
taparos entre vosotros
pues está vacío el arcón.
Estás de suerte, ¡enhorabuena!
has encontrado una hoja vieja
donde apretar los dibujos,
donde adivinar las letras
con la que envolver la cena,
siendo feliz como el que festeja
devorando sus ostentosos lujos,
esos, que con tu mirada... penetras.
No suenan melodías en tu rincón,
no hay siquiera habitación,
toca el viento a rebato
anticipando la furia y el terror
de la lluvia y su fulgor
haciendo el momento ingrato
repitiéndose la maldición
de vivir sin rubor
de agujeros llenos, los zapatos.
Duele la marejada en la panza
sin barquichuelos que naufragar
sin rocas donde embarrancar;
rompe una ola tras otra
asemejando en la pared, lanzas,
sin lograr la sensación aminorar
a sabiendas de que no va a calmar
cual coces rabiosas de una potra.
Al final del día una tristeza serena.
Baña una lágrima impotente
las profundas cicatrices
que solo llevan al desierto.
Tras tantas lunas con pena
no se vislumbra en el horizonte
un cuento donde comer perdices,
ni sueño del que decir: me despierto
y en la oscuridad de la noche
juntaros unos a otros
en el hueco del viejo colchón,
no se pierda el calor humano
no permitáis el derroche
taparos entre vosotros
pues está vacío el arcón.
Estás de suerte, ¡enhorabuena!
has encontrado una hoja vieja
donde apretar los dibujos,
donde adivinar las letras
con la que envolver la cena,
siendo feliz como el que festeja
devorando sus ostentosos lujos,
esos, que con tu mirada... penetras.
No suenan melodías en tu rincón,
no hay siquiera habitación,
toca el viento a rebato
anticipando la furia y el terror
de la lluvia y su fulgor
haciendo el momento ingrato
repitiéndose la maldición
de vivir sin rubor
de agujeros llenos, los zapatos.
Duele la marejada en la panza
sin barquichuelos que naufragar
sin rocas donde embarrancar;
rompe una ola tras otra
asemejando en la pared, lanzas,
sin lograr la sensación aminorar
a sabiendas de que no va a calmar
cual coces rabiosas de una potra.
Al final del día una tristeza serena.
Baña una lágrima impotente
las profundas cicatrices
que solo llevan al desierto.
Tras tantas lunas con pena
no se vislumbra en el horizonte
un cuento donde comer perdices,
ni sueño del que decir: me despierto
Este texto fue recomendado por
5 comentarios
Voltereta
20/10/2018 · 22:33
La vida en la calle es muy dura, casi tanto como la muerte
cuando no la esperas. Has trazado un camino poético del que es difícil escapar, sin antes quedar prendido en la tela de araña de tu poesía.
Un saludo.
Remi
23/10/2018 · 17:53
Es muy emotiva tu poesía, maravillosamente escrita.
Un abrazo Clopezn.
Ingresá para dejar un comentario.
FANTÁSTICO!!!!!...
Saludos.