La Trampa Del Miedo.
Miedo a no encontrar la puerta oscura
de regreso a wateres con cisterna rápida,
de cocodrilos y serpientes con plumas de
cisne en lagos azules.
Que engullen abilidosos nuestra mierda fermentada.
Miedo a destaponar nuestros oídos huecos de madera
y a volar entre las calaveras de las llanuras de una penhínsula rota.
Miedo a conocer la luna, a beber el vino.
A no alcanzar el paquete de cigarrillos de suspiros de violetas nervios desgajados
de una aureóla roja palpitante.
Miedo a que vuelva el Moloch que aullaba en Gingsber
a cobrarse los sacrificios no sacrificados, mal vendidos.
Y a tener que vaciar nuestros cráneos y nuestras vidas por su causa fría.
Miedo a no tener hambre, a no tener prisa a no escupir rancio
en las mañanas etílicas y correosas y soleadas y pegajosas
de alquitrán y rosas podridas.
Miedo a los senderos sin miedo y sin ladrones y sin oscuridad hueca y limpia.
Miedo a no tener asco.
Miedo a no tener miedo.
Miedo a no encontrar adictos a la lascivia y los labios energúmenos,
secos en tormentas de luchas violentas y ateas.
Dónde nacen gemidos cada segundo, cronometrado, en reloges sin agujas, parados, de carne.
Miedo a mirar a las estrellas cuando brillan y vibran luces carnavalescas
en calles frías y desamparadas.
Miedo amargo y húmedo que se odia a si mismo.
de regreso a wateres con cisterna rápida,
de cocodrilos y serpientes con plumas de
cisne en lagos azules.
Que engullen abilidosos nuestra mierda fermentada.
Miedo a destaponar nuestros oídos huecos de madera
y a volar entre las calaveras de las llanuras de una penhínsula rota.
Miedo a conocer la luna, a beber el vino.
A no alcanzar el paquete de cigarrillos de suspiros de violetas nervios desgajados
de una aureóla roja palpitante.
Miedo a que vuelva el Moloch que aullaba en Gingsber
a cobrarse los sacrificios no sacrificados, mal vendidos.
Y a tener que vaciar nuestros cráneos y nuestras vidas por su causa fría.
Miedo a no tener hambre, a no tener prisa a no escupir rancio
en las mañanas etílicas y correosas y soleadas y pegajosas
de alquitrán y rosas podridas.
Miedo a los senderos sin miedo y sin ladrones y sin oscuridad hueca y limpia.
Miedo a no tener asco.
Miedo a no tener miedo.
Miedo a no encontrar adictos a la lascivia y los labios energúmenos,
secos en tormentas de luchas violentas y ateas.
Dónde nacen gemidos cada segundo, cronometrado, en reloges sin agujas, parados, de carne.
Miedo a mirar a las estrellas cuando brillan y vibran luces carnavalescas
en calles frías y desamparadas.
Miedo amargo y húmedo que se odia a si mismo.
3 comentarios
Libelle
31/12/2011 · 06:08
Como siempre excelente poema abrazos
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WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA me enkanto eso, que pedazo de grito la madre que me pario (con respeto) me ennnnnncannnnntoooo!""""!!!!!!!!! Y adoré la referencia de Gingsberg :p muy oportuna jajaja!!!Un abrazo y que no se akaben los cigarrillos :9