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“el Señor López Se Tiñe de Rojo”.

Hirsuto y embutido en un traje de lino de color canela. Poco empático y engreído.
Así era el señor López, quien se había presentado en el despacho de la empresa familiar: “Patrimonial Raíces”, para hablarnos de un asunto económico.
Reunido con él en la sala principal de la entidad inmobiliaria, tomó la palabra y dijo: “Seré directo y claro: Soy Belcebú -dijo al tiempo que se teñía de rojo-...Y estoy aquí para ofrecerle un negocio que no podrá rechazar: El “business” será un éxito absoluto. Y a cambio usted me vende su alma. Así de sencillo”.
“Estoy azorado y muy violento”, contesté.
“No sé si se trata de una broma, pero..”.
“Acompáñeme a la salida”, dije al tiempo que intentaba levantarme.
Pero no me fue posible.
“Usted se irá cuando yo lo estime”, señaló el señor López.
Y fue en ese momento en el que me di cuenta de que me faltaba una pierna.
“No se preocupe, le restituiré su apéndice motor”, declaró.
En un mar de dudas y lamentos de dije: “Bien...¿Desea algo más el señor López?.
“No”, me contestó.
Y desde ese día, alquilamos todos los locales y pisos, con un éxito absoluto.
Ni que decir tiene que jamás me atreví a contarles a mi padre y hermanos el porqué de que la empresa fuera tan bien.
Tan sólo señalar que mi piel adquirió por momentos una tonalidad bermeja.
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Kikovacanillas
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Etiquetado

relato surrealista

Este texto fue recomendado por

2 comentarios

Paulitinamente 24/09/2015 · 22:53

Coñeeeeeeee
Mira que tener que enterarme por aquí ...
Ya decía yo ...

Sandor 24/09/2015 · 23:13

Lo del apéndice motor es genial...como toda la historia
Saludos