-hablar a una Planta-
Llegué a A Coruña ayer, después de pasar un fin de semana en Madrid, con mi mujer y mis hijos. Espléndido.
Antes de subir me tomé un par de cervezas, para entonarme, que acabaron tres bocks.
Y cuando llegué al piso dieciseis en el que vivo, fueron apareciendo todos mis amigos: Los duendes, los muertos, los enemigos, los inmigrantes...
Así es que entré en la casa. Y allí estaba ella... Haciendo su justa función clorofílica.
Verás lechuga -así la llamo- vengo triste por haber tenido que dejar a mi hijo Santi en la capital.
Estaba tan guapo como siempre o más. Sigue prácticamente sin hablar el muy cabrón y ya va a hacer trece años. Comprendo su postura existencial. Pero no hay que ser tan radical.
Pues si lechuga he pasado seis días si escribir y lo hecho muchísimo de menos.
Y a ti...¿Te ha regado bien María?.
En fin que el retorno del separado siempre es fuerte. Mi ex estaba preciosa. Y fuí a cenar a un mexicano con mi hija-mujer ya a un restaurante mexicano: Méjico Lindo, donde pude comprobar horrorizado como el camarero le echaba los tejos a Julia.
Verás lechuga no es que me importe que se quieran ligar a la joven, lo que me disgusta es la futilidad existencial. No hace nada la estaba paseando en carrito por el paseo marítimo.
Me refugiaré como siempre en la lectura. Ella nunca me falla.
Y cómo no platicaremos largo y tendido tú (lechuga) y yo.
Hoy, según acabe en el médico: Me lesioné una costilla en una caída que tuve antes de irme a Madrid, comenzaré a trabajar en Ecos do Sur. Mi nueva familia son los inmigrantes.
Además tiene la inmensa ventaja de que todos ellos están mucho más jodidos que yo. Lo cual alivia.
Y ahora sin coña: Los quiero muchísimo: Son mi gente.
Antes de subir me tomé un par de cervezas, para entonarme, que acabaron tres bocks.
Y cuando llegué al piso dieciseis en el que vivo, fueron apareciendo todos mis amigos: Los duendes, los muertos, los enemigos, los inmigrantes...
Así es que entré en la casa. Y allí estaba ella... Haciendo su justa función clorofílica.
Verás lechuga -así la llamo- vengo triste por haber tenido que dejar a mi hijo Santi en la capital.
Estaba tan guapo como siempre o más. Sigue prácticamente sin hablar el muy cabrón y ya va a hacer trece años. Comprendo su postura existencial. Pero no hay que ser tan radical.
Pues si lechuga he pasado seis días si escribir y lo hecho muchísimo de menos.
Y a ti...¿Te ha regado bien María?.
En fin que el retorno del separado siempre es fuerte. Mi ex estaba preciosa. Y fuí a cenar a un mexicano con mi hija-mujer ya a un restaurante mexicano: Méjico Lindo, donde pude comprobar horrorizado como el camarero le echaba los tejos a Julia.
Verás lechuga no es que me importe que se quieran ligar a la joven, lo que me disgusta es la futilidad existencial. No hace nada la estaba paseando en carrito por el paseo marítimo.
Me refugiaré como siempre en la lectura. Ella nunca me falla.
Y cómo no platicaremos largo y tendido tú (lechuga) y yo.
Hoy, según acabe en el médico: Me lesioné una costilla en una caída que tuve antes de irme a Madrid, comenzaré a trabajar en Ecos do Sur. Mi nueva familia son los inmigrantes.
Además tiene la inmensa ventaja de que todos ellos están mucho más jodidos que yo. Lo cual alivia.
Y ahora sin coña: Los quiero muchísimo: Son mi gente.
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2 comentarios
Paulitinamente
14/11/2015 · 10:04
Yo también vi el cómic !
Diálogos con una lechuga ...
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Jajaja!
Un texto raro, al menos raro para mí, porque rara vez leo algo así por estos lares. Me lo imaginé entre viñetas, a modo de comic.
Buen texto.