la Buena Persona
Te supe mirada y miré de nuevo
y no dijiste nada.
Días, en los que la carta era el eterno manantial
de donde nacía ese decir para no callarse nada.
Y al tiempo, los rumores de mil olas protegían
tu aliento en la lejanía.
Día a día, el ser se convertía en ave de doradas alas,
lento caminar, letra y texto que al compás nacían.
Ningún tiempo ha superado este mirar primero.
Es la detención de un espacio,
la búsqueda en un encuentro
y ese despertar en la Buena Persona;
árbol fecundo, acogedor momento, peine de un viento
que no agosta los sembrados de esperanza.
y no dijiste nada.
Días, en los que la carta era el eterno manantial
de donde nacía ese decir para no callarse nada.
Y al tiempo, los rumores de mil olas protegían
tu aliento en la lejanía.
Día a día, el ser se convertía en ave de doradas alas,
lento caminar, letra y texto que al compás nacían.
Ningún tiempo ha superado este mirar primero.
Es la detención de un espacio,
la búsqueda en un encuentro
y ese despertar en la Buena Persona;
árbol fecundo, acogedor momento, peine de un viento
que no agosta los sembrados de esperanza.
3 comentarios
Albasilencio
15/03/2014 · 19:49
siempre hay esperanza. si no, la vida no merecería ser vivida.
me gusta este escrito.
saludos.
Febe
17/03/2014 · 07:03
Nostalgia por las cartas compartidas y un millar de olas de distancia.
Buenahora fue ése mirar primero, insuperable a través del tiempo. Salud por esa buena persona y esa incansable búsqueda de un encuentro.
Ingresá para dejar un comentario.
:)