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Un Atolón Paradisiaco

Me reparto entre un atolón paradisiaco y la silla ergonómica del trabajo, como en un tango al limite entre suelo y techo, como el cuchillo jamonero rozando hueso y nervio.

Y a pesar de mis arcadas siento la brisa del mar y los brillos plateados de los peces sobre el cuerpo indomable de la chica que espera en el aeropuerto.

Mi columna vertebral sufre tanta tensión que podría atacar a mi jefe con el mismo reloj atómico que luce sobre su mesa y que parece haberse anclado al más viejo fondo marino, hoy, como el esnobismo que lo parió.

Estoy en lucha sobre si me reparto o reparto un tango cortando cabezas con el cuchillo jamonero.

Espero que entienda que esta reunión de última hora salvará a una familia de idiotas de los próximos comentarios de la revista Forbes y que un atolón no se diseña en un papel.
Notsoeasy19 de julio de 2016

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