Daño Colateral
"Son las 5 de la mañana y ni siquiera puedo pronunciar tu nombre... no porque no pueda, o, no quiera, es que no lo sé, no lo sé, hasta ni siquiera sé si existes..."
Y asà arranca el último borrador que leà del tipo que no podÃa encontrar musas para provocarse escritos.
Como si esa fuera la solución. O el problema. O el puente. O la nada.
Por que ya lo escuché quejarse de la monotonÃa que le causaba tener que escribirle a la misma persona versos diferentes con sabor a iguales. Algo que ni su quisquilloso mentor podÃa notarlo, solo su caprichoso ego de paladar "exquisito" y avinagrado era capaz de sacarle pulgas a su inspiración.
Auscultaba las piedras,
la flor naciendo de árboles secos,
la risa de la mujer que le vendÃa caramelos vencidos,
el reflejo de las estrellas dibujadas en los charcos de la calle,
su impaciencia, su locura.
Era un idiota con todas las luces.
El amor no era más que una sopa de letras que se revolvÃa para encontrar nuevas palabras. Solo eso.
Pero a la gente que le importa que hubiera maravillosas estrofas de canciones que carecen de melodÃa nadando en el aire, si cada quién canta su solo en el tono que le queda.
Pero a la gente que le importa que tuviera que exprimir su corazón y el de otros, sacudirse las soledades y pintarse de depresiones, en pos de un verso.
Pero a la gente que le importa lo que el tipo tuvo que sufrir para poder resumir en una gota, el resultado de 54.000 besos y 2 millones de lágrimas, que sin saberlo, plagia sin plagiar la empatÃa de potenciales lectores.
A nadie le importa el que enferma y se tortura en lamentos por no rendirse ante una página en blanco. A nadie...
ram
Y asà arranca el último borrador que leà del tipo que no podÃa encontrar musas para provocarse escritos.
Como si esa fuera la solución. O el problema. O el puente. O la nada.
Por que ya lo escuché quejarse de la monotonÃa que le causaba tener que escribirle a la misma persona versos diferentes con sabor a iguales. Algo que ni su quisquilloso mentor podÃa notarlo, solo su caprichoso ego de paladar "exquisito" y avinagrado era capaz de sacarle pulgas a su inspiración.
Auscultaba las piedras,
la flor naciendo de árboles secos,
la risa de la mujer que le vendÃa caramelos vencidos,
el reflejo de las estrellas dibujadas en los charcos de la calle,
su impaciencia, su locura.
Era un idiota con todas las luces.
El amor no era más que una sopa de letras que se revolvÃa para encontrar nuevas palabras. Solo eso.
Pero a la gente que le importa que hubiera maravillosas estrofas de canciones que carecen de melodÃa nadando en el aire, si cada quién canta su solo en el tono que le queda.
Pero a la gente que le importa que tuviera que exprimir su corazón y el de otros, sacudirse las soledades y pintarse de depresiones, en pos de un verso.
Pero a la gente que le importa lo que el tipo tuvo que sufrir para poder resumir en una gota, el resultado de 54.000 besos y 2 millones de lágrimas, que sin saberlo, plagia sin plagiar la empatÃa de potenciales lectores.
A nadie le importa el que enferma y se tortura en lamentos por no rendirse ante una página en blanco. A nadie...
ram
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