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Muerte Del Viejo Himno

La habitación proporciona una obscuridad tan profunda que desorienta a los sentidos.

No poseo conciencia ni control sobre tiempos o espacios.

Mi cuerpo extendido obedece ciegamente a la voluntad de la quietud.

Siento la vida correr en forma de río.

Las lágrimas que lloro, son mi única verdad.

Las sienes, con débil pulso de tambor, se empeñan en acabar con un silencio cuasi doloroso.

El estado vegetativo que ocasiona este miedo advenedizo, es ahora mi amo.

Inesperadamente, tímidas pero certeras caricias, irrumpen rozando y erizando mi piel.

Abrazos envolventes revolucionan mi química.

La proximidad de otro cuerpo acrecienta la temperatura.

Cede el rigor, mi volumen se acurruca en placentera postura fetal.

Las yemas de hábiles dedos secan mis lágrimas.

Húmedos labios besan la sal en mis mejillas.

Esta vez la quietud total se me revela sumamente dulce.

Adormezco.

El aroma a sándalo y palo santo me reaniman.

La abstracta figura, que blanca resplandece, sentada a la claridad metálica de la ventana

entreabierta; no necesita rostro.

Su voz pausada, suave, me atrapa e invita a recorrer lugares apacibles y serenos dentro de mí. Suena

el cuenco.

Un té exquisito humea finamente.

Te acercas desnuda, envuelta entre vahos de flores y citrus frescos

Se desgajan, una a una, mustias estrofas del viejo himno a la soledad.
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Roluma
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Etiquetado

soledad espiritualidad lagrimas amor sentimientos caricias abrazos

Este texto fue recomendado por

4 comentarios

Luia 28/03/2018 · 22:44

Se siente, se experimenta, se vive. Exquisito.

Felicitaciones
Lu

Roluma autor 30/03/2018 · 03:02

Encantado que te guste Lula. Muchas gracias!!!

Remi 20/04/2018 · 19:38

Me dejaste sin palabras, se me paso leerte, un texto mágico me envuelve y lo siento muy dentro.
Un placer leerte, un abrazo Romula.

Roluma autor 02/05/2018 · 19:33

Lu, Remi, saber que les ha gustado me hace sentir muy feliz. Muchas gracias! Nos seguimos leyendo. Las abrazo.