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Amor En Tiempo de Redes

Era un día como cualquier otro, la rutina de siempre.
Me levante de un salto al escuchar el despertador, me saluda mi esposa con un beso en la mejilla y un buen día, se dirige a la cocina. Tomo coraje para entrar al baño y ducharme.
Luego de vestirme y desayunar, tomo las llaves del auto, de casa y la empresa y con un saludo de mano me despedido de mi esposa para ir a trabajar.
El día transcurría como cualquier otro, mientras en un intervalo me decido revisar las redes sociales. Tuve la curiosidad de revisar los perfiles que coincidieran con la localidad donde yo vivo.
Fue en ese momento en el que tuve un flechazo, no sé qué ocurrió pero algo en mi se despertó.
Sus ojos, su pelo, su sonrisa, en fin, todo de ella me enamoro. No pude evitar mirar todo su perfil, una personalidad increíble, una seguridad en sí misma y un valor como nunca había visto en otra chica.
Volví a mi rutina, pero sin poder olvidar su nombre, su rostro.
La vuelta a casa fue exactamente igual, los pensamientos volvían a ella una y otra vez.
Desperté en la madrugada, agitado, sudoroso, había soñado con ella, la conocía, la besaba y la hacía mía. Intente volver a dormir pero no pude y creí que el agua caliente de la ducha podría ayudarme a relajarme y a sacarla de mi cabeza.
Deje que el agua corriera por mi espalda, apoye la frente en la pared e intente no pensar en nada y no pude.
Volví a la cama y me dormí, al cabo de un rato, pensando en su sonrisa.
Al otro día en la oficina, otra vez me encontraba buscando su perfil, me decidí a escribirle, pero& ¿Qué iba a decirle? ¿Qué me gustaba? ¿Qué no podía dormir pensando en ella? ¿Qué estoy casado pero que quisiera conocerla? En fin, mil preguntas sin respuestas, así que solo le dije hola.
Con la ilusión de que me contestara volví a casa, 5 horas habían pasado de aquel mensaje y no obtenía respuesta alguna.
Tirado en la comodidad de mi sillón no me cansaba de ver sus fotos una y otra vez.
Tenía en mi cabeza la imagen de una chica, muy parecida a ella, hubiese jurado que era ella, la había visto el día anterior cuando en un instante salí de la empresa para despejarme y olvidarla por un momento y fui yo mismo a entregar un pedido a un negocio cerca de mi barrio.
Así que con la ilusión de despertar su curiosidad le volví a escribir, sin esperar a que contestara mi mensaje anterior, le dije: -Ayer nos vimos y le deje mi número de teléfono móvil.

La semana paso y nunca me contesto, pero mi curiosidad me llevaba a escribirle nuevamente y a suplicarle que me contestara, necesitaba saber si era ella a quien vi. La había contactado por la pagina de la empresa, por la mía personal y nada.
Volví a escribirle: Por favor, contéstame. No puedo más con esta duda. ¿Sos la chica que trabaja en el supermercado de la calle Belgrano?
Espere, impacientemente, a que me contestara y creí que lo mejor era volver a trabajar y dejar de estar pendiente de esa chica.
Los minutos pasaron tan lentos, incluso las horas, hasta que mi móvil sonó. Ya casi sin esperanza y creyendo que podría ser cualquiera, menos ella, veo su nombre en la pantalla.
Me sentía como un niño con juguete nuevo, estaba feliz.
Por fin, había conseguido que me hablara, pero lamentablemente mi ilusión se esfumo cuando me dijo que no era ella.
Así que volvía a 0, a intentar encontrarla entre la multitud de esta gran ciudad.
Le confesé que la veía en todos lados, que no podía evitarlo, que quería hablar con ella, que me diera una oportunidad.
Pasaron un par de horas hasta que volvió a escribirme, como la imagine directa, sincera, yendo al grano y sin rodeos.
-¿De qué quisieras hablar? Voy a serte sincera, no voy a andar dando vueltas, estoy en pareja y no busco amante ni cibersex, así que si es lo que buscas no me interesa.
Solo atine a contestarle que yo también estaba casado, pero que había algo en ella que me atraía mucho y que tampoco buscaba amante.
La verdad es que no buscaba una amante, pero al momento que salieron esas palabras de su boca, me imagine con ella así, viéndonos a escondidas, compartiendo un almuerzo y terminándolo con un sexo salvaje donde ambos dejemos salir el animal que llevamos dentro, para terminar abrazados en la cama, desnudos, donde solo me quedara unos minutos guardando en mi mente el olor de su piel y acariciando su pelo y rodeándola en mis brazos, besando su frente de vez en cuando, para volver a dejarla ir con las ansias de volverla a ver otro día de la semana para volver a repetir nuestro ritual.
Obviamente, no le mencione mi estúpida locura. Solo se me ocurrió decirle que me encantaba la manera en la que se mostraba, que si su marido no la celaba, a lo que me respondió que no que él no sentía celos de que alguien más la mirara o le dijera cosas lindas.
Considerando que jamás iba a aceptar la locura de que fuéramos amantes, le propuse ser amigos, suponía que era la única posibilidad de que de alguna manera me aceptara en su vida.
No me respondió, tal vez necesitaba pensarlo y no confiaba en mi amistad, que a decir la verdad no era sincera, solo era una táctica para acercarme a ella.
Al otro día, era sábado, estaba en casa y necesitaba saber de ella, no podía esperar hasta el lunes para cuando estuviese trabajando.
Le pregunte como estaba y su respuesta fue que estaba bien, que se acababa de despertar y que estaba desayunando en la cama.
En ese momento, mi mente voló y me imagine llevándole el desayuno a la cama, dándole el beso de buenos días.
No me reconocía, ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué estaba tan obsesionado con ella?
Y fue en ese momento, que mis dedos escribieron lo que estaba pensando y le pregunte: ¿Cuándo nos conocemos? Y le envié una foto donde terminaba de hacer ejercicios y estaba sin camiseta.
Obviamente fue una pregunta con doble intención, ella la capto y con su manera tan directa me contesto:
-No tengo intenciones de conocer a nadie, suerte con tu búsqueda.

Fue tajante, no andaba con rodeos y eso es lo que más me volvía loco, lo decidida que era.
Fue en ese momento que termine por arruinarlo cuando no pude mas y le confesé que quería verla, que me gustaba demasiado, que me pasaban mil cosas más y que no podía sacarla de mi cabeza, que a todas horas la pensaba e incluso que hasta soñaba con ella.
No obtuve más respuestas, me borro de su vida, me saco de sus redes, no solo con mi cuenta personal, sino la de la empresa.

Ahora los días pasan, así sin más emoción, me siento vacio, me falta algo, ella.
Me obsesione tanto que la asuste, hoy no hay día en el que busque su rostro entre la multitud, para aunque sea verla de lejos, saludarla con la mano y regalarle una sonrisa en manera de disculpas.
Ojala logre olvidarla porque la agonía de ya no verla más me está matando.
Vampiresa10 de junio de 2020

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