TusTextos

Musas.



En el acantilado de una sonrisa escribí una negación de mí mismo, intenté anclarme a un subterfugio para que no me abandonara la razón y se apoderara de mí el sueño de los muertos. La vida pasaba en un instante y yo caía hacia el fondo del abismo. Bocanadas de aire pútrido invadían mis pulmones y mi cerebro regresaba al inicio de mi vida. Intentaban abortarme pues el mundo estaba sobrepoblado y no había espacio para un pequeño esbozo de poeta por venir.



Quizá fuera un miserable al nacer sin pretenderlo y esquivar el fuego abortista que pretendía destruirme. A veces los milagros aparecen en sitios inexplicables y fecundan vidas intrascendentes. La poesía me inundaba y brotaba a borbotones de mi alma, inundando de penas y tristeza este mundo miserable que acogía mi destino sin yo pretenderlo.



Empecé a escribir y ya no fui el mismo, me convertí en el ser irreverente y acomplejado que disfruta las pasiones, que vive la vida desde dentro, aunque la mire desde fuera y sea evidente que la cordura me tiene abandonado, en el epitafio gris de las almas errantes, esas que buscan la muerte para empezar a vivir. Las bazofias de la vida imploraban ser plasmadas por mi pluma y yo lo hacía a la perfección, convirtiendo los espectros en seres vivos dotados de naturaleza y materia gris.



Con el tiempo las musas me han sido infieles y me han abandonado a mi destino. Ya no me acompaña el mar, se alejaron las anémonas verdes, los arrecifes de coral, las sirenas, los susurros del viento de levante, las nubes de tormenta. Ya sólo me queda el silencio y la soledad de compañera.



Estoy desengañado del amor y sus secuaces, esos que hacen promesas que jamás podrán cumplir. El corazón desgarrado camina sólo como una marioneta sin hilos que mueve la brisa y que vaga sin rumbo por el desierto silencioso de la soledad sobrevenida, la que nos sobrevive y la que al final olvida nuestra extinción.



Voltereta05 de septiembre de 2021

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