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Esperanza

Salió al exterior, dejando atrás ese rincón lúgubre que representaba la única acepción de hogar que había conocido en sus quince años de vida; allí, tras las rejas el ambiente se percibía cargado, turbio, y la humanidad alcanzaba ya el crepúsculo, no había rastro de conciencia, nada de sentimientos que interrelacionaran a las personas y las volviera dependientes. Lo que un día fue el ser humano, sólo existía ya en las historias que los más longevos del lugar le contaron, y eran pocos, pues los frágiles no tenían cabida en la hostilidad; en un territorio animal, sin piedad, donde la supervivencia era la única opción si querías intuir el sol al otro lado de los muros. La comida escaseaba, las conservas eran el plato estrella, pero más valía sustituirlas por un arma utilizable y cargarla con el valor necesario para quitar la vida a otro. El día que la melancolía despertó en ella vino dado por el hallazgo de un viejo vinilo, la letra de las canciones le resultaron demasiado bellas como para escucharlas sin nadie a quien asociarlas. Pena, es lo que nunca sintió, al ser una adolescente nacida tras el caos no fue nunca capaz de hacer florecer sentimientos positivos y mucho menos de añorarlos.
Le dijeron que allí fuera, en el exterior, todo era peor, el agua torrencial discurría por los rascacielos bombardeados de forma cruel y solitaria, ante la mirada muda de unos seres despiadados que un día fueron personas, y dejaron de serlo debido a la terrible infección que había devastado el planeta. Sin embargo, ella no sintió un escalofrío mayor a los que ya había percibido; era la única inmune conocida a tal infección, la esperanza de una humanidad que quizás ya no la merecía. Ella ya había perdido a su única amiga, no temía a la muerte, quizás la esperaba mientras trataba de descifrar el pasado bello y luminoso en las miradas de los demás. Levantó su cabeza y observó las pupilas implacables de aquel hombre barbudo que la trataba como mercancía, como una cura, con una frialdad clínica. Entonces, encontró algo, el dolor tras esa piel sudorosa y esas ropas desgastadas, la pérdida y con ella la empatía; así que dirigió la mirada al frente y se adentró en la oscuridad, en busca de una solución.
Adrielegance13 de enero de 2016

1 Recomendaciones

2 Comentarios

  • Heraolympya

    Escribes muy bien, tienes madera de escritor.
    Hera.

    14/01/16 10:01

  • Adrielegance

    Muchas gracias por tus palabras, me alegro de que te guste. Saludos!!

    14/01/16 12:01

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