TT
post_add person
menu

El Campeón

Nicolasa ya sale de casa, la acompaña Celso, su padre, señor de aspecto ágil, atlético; últimamente algo encogido.
Sale cogido del brazo de su hija, va asido a su codo.
Caminan.
Ella extrae del bolso un impreso con datos de él, lo mira, lo repasa.
Caminan.
Llegan a la panadería de la señora Paquita, buen pan.
“Papá, siéntate en este banco, vuelvo presta, que compro el pan, espérame”, unas palabras amables a un padre.
Nicolasa, en la entrada, la preceden tres mujeres y un señor, aspirantes a comprar pan, buen pan.
Sale, en la otra mano lleva el producto..., levadura, harina, sus bases.
Mira al banco…
¡Celso ha desaparecido, no está!

Esta hija, con un buen dominio de la ansiedad, mira al frente, a un lado, a otro, él no está.
Introduce la mano en el bolso mundo femenino, saca el teléfono de bolsillo, un icono, una llamada.
“Dime Nico”.
“He dejado a papá en el banco, sentado, y no está, no lo veo”.
“Bien, la visita al neurólogo es dentro de unos cincuenta minutos”.
“Sí”, Nicolasa mantiene la calma.
“Ya salgo para allá, si lo veo te aviso”.

Ambas hermanas finalizan la comunicación. Papá no aparece.
Nicolasa advierte ahí enfrente un local de artes marciales, como para probar suerte entra, pregunta, otra vez el teléfono de bolsillo con una foto de Celso: “¡Señor! ¿Ha visto a este señor?”
El hombre de estatura mediana, complexión fuerte, trapecios sufridos, cuello corto… “Pues sí, está dentro, hace unos minutos me preguntó si podía presenciar los entrenamientos de quienes aprenden”.
“¿Puedo pasar, soy su hija?”
“Pase, pase”.
En efecto, ahí está Celso, con una sonrisa complaciente, como recordando su pasado de instructor, de practicante de su disciplina preferida, admirando a dos iniciados en el suelo inmovilizándose con técnicas de agarre, de bloqueo.

“¡Papá, te estaba buscando!”
El hombre venido a menos la mira a ella: “¿Quién eres tú?”
“Soy Nico, tu hija, tenemos que ir al médico, Cristina también viene”.
“Ah, sí, bueno, bueno, pues vamos.”

“Cristina, he encontrado a papá, ya llegamos al médico, estamos en la esquina”.
“Estoy en la puerta, abajo, os espero aquí, ya me contarás dónde estaba”.

Se acaba la comunicación. Los iconos se volatilizan en pantalla.
Entran en el edificio.
person
Amanuense
autor
visibility 13.058 lecturas star 2 recomendaciones people 2 seguidores

Etiquetado

relato

0 comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé el primero en dejar uno.