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Km 666 Restaurante (primera Parte)

Raquelina acaba de vestirse para la ocasión, nada especialmente especial…
Asoma la cabeza por la ventana, para comprobar si Agapito ya ha llegado…

La joven, con un poco de altanería, se despide de su abuela: “Vendré tarde”. La señora mira el televisor, el concurso de preguntas, se despide a medias, concurso también de respuestas.

La joven, al acercarse a la puerta de la vivienda para salir, advierte un sobre en el mueble del recibidor, se lo acerca para verlo mejor, en el membrete está impreso el nombre de la empresa de cobro de deudas…., pues Raquelina, a veces caprichosa y superficial, tiene deudas contraídas, intenta pagar como puede, cuando puede. A consecuencia de ello su carácter a veces se altera, parece enfadarse por naderías.
Funciona, como se suele decir: un poco estirada.

Falta poco para las ocho y veinticinco de la noche, Raquelina sale a la calle, en ese momento llega Agapito, al volante del auto de segunda mano.
Se dan un beso, charlan un par de minutos en la calle y…. “¿Dónde podemos ir a cenar?”, él, tras preguntar, queda pensativo. Nadie dice nada.

Por la acera de enfrente ven pasar a una mujer de aspecto desaliñado e inquietante, como si se tratara de una figurante en una película de suspense penumbras, con ataque hiriente, arma blanca por detrás.
Raquelina no puede dejar de mirarla…
La mujer empuja un carro sin compra, pero sí con sus pertenencias de hacer vida en la calle. La mujer saca papeles de una papelera, le cae uno al suelo que la mujer no percibe..., sigue, sigue su camino… hacia un callejón cercano metafórico existencial…, allí más contenedores, más rebuscar, más mendicidad.

A Raquelina no se le ocurre otra cosa que cruzar la calle e ir a ver el papel, se inclina se hace con él, Agapito la mira extrañado.
Cierto, es un comportamiento extraño…, Raquelina y sus manías pues.
La joven regresa a este lado de la acera, mira el papel, es una publicidad, “Km 666 Restaurante”.
“Pues, ya tenemos sitio para cenar”, y como él tiene muchos problemas con el Sí y con el No, pues... suben al auto y se enrumban para allá, él con dudas, ella lo contrario.

Según el opúsculo, el extraño restaurante está a pocos kilómetros…
Siguen adelante.
Van. Falta poco.
Es otro paisaje.
Muy cerca que casi ya llegan.

El lugar parece como un paisaje propio de una de esas películas con gritos, en que aparece alguien desaliñado y trata de hacer que….no te des cuenta de la ficción.
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Amanuense
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