Temor a Papá (segunda Parte)
Un día, este papá, que siempre se había mantenido muy lejos de poseer y estar poseído por un carácter cariñoso afable, cordial desenfadado, empezó a comportarse de una manera poco habitual, diferente podría decirse, poco usual.
El hombre se volvió algo reservado, prudente.
Su vociferar se redujo.
Empezó a formular preguntas nunca antes oídas, a comunicarse de un modo no tan avinagrado, no tan brusco.
Virgilia, ante aquello, empezó a extrañarse, a mirar gradualmente.
Se hizo cargo de que su padre nunca reconocería el comportamiento que le brindó a ella; ya intuía desde tiempo atrás que su padre nunca le daría explicaciones del porqué ni del para qué de esa actitud paterno filial tan arisca.
Este papá interpretó que la paternidad se ejercía desde las alturas de un escaño o tribuna imaginario.
Con golpes en las puertas en la mesa. Que se ejercía como si... alcaide de...
Una mañana, ella llegaba de comprar el pan, era temprano, a pesar de todo quería tener a su temido padre atendido lo mejor posible, algo así como hacer lo contrario que él hiciera con ella.
Se acercaba ella al portal del bloque de pisos, temprano era.
Al introducir la otra mano en el bolso...se topó inesperadamente con él, que salía en calzoncillos, también llevaba una camiseta fina desgastada, con alguna que otra mancha, estaba el señor ataviado con esa traza un tanto deplorable así con esa estampa.
Muy raro este comportamiento. Cierto.
Un papá que con frecuencia desaprobaba el indumento de su hija.
Que desaprobaba a la persona a través del atuendo.
Desaprobar lo interno mediante lo externo.
“Padre..., ¿a dónde va usted de esa guisa?”.
“A recoger a mamá a la estación”.
“¿No se acuerda usted que madre murió hace más de diez años?”.
¡¿Cómo?!
El hombre, en paños menores, quedó reacio, algo sumiso, también extrañado, pensativo, dubitativo.
Entre otras cuestiones porque confiar en su hija no era algo que...
Desconcertado dio media vuelta, ambas personas entraron en el ascensor,
el hombre mas preguntaba si mamá murió o no...
Todo aquello a este padre le sonaba a extraño, como si no se aclarase.
El síntoma, no manifiesto, ya salió a la superficie, ya había llegado.
Su hija, toda la vida ha temido a su padre con ese vocabulario intimidante, y ahora...
Ahora el patrón de “Prisionero o una hija prisionera, que debe cuidar a su carcelero”.
Fin de la Segunda parte
El hombre se volvió algo reservado, prudente.
Su vociferar se redujo.
Empezó a formular preguntas nunca antes oídas, a comunicarse de un modo no tan avinagrado, no tan brusco.
Virgilia, ante aquello, empezó a extrañarse, a mirar gradualmente.
Se hizo cargo de que su padre nunca reconocería el comportamiento que le brindó a ella; ya intuía desde tiempo atrás que su padre nunca le daría explicaciones del porqué ni del para qué de esa actitud paterno filial tan arisca.
Este papá interpretó que la paternidad se ejercía desde las alturas de un escaño o tribuna imaginario.
Con golpes en las puertas en la mesa. Que se ejercía como si... alcaide de...
Una mañana, ella llegaba de comprar el pan, era temprano, a pesar de todo quería tener a su temido padre atendido lo mejor posible, algo así como hacer lo contrario que él hiciera con ella.
Se acercaba ella al portal del bloque de pisos, temprano era.
Al introducir la otra mano en el bolso...se topó inesperadamente con él, que salía en calzoncillos, también llevaba una camiseta fina desgastada, con alguna que otra mancha, estaba el señor ataviado con esa traza un tanto deplorable así con esa estampa.
Muy raro este comportamiento. Cierto.
Un papá que con frecuencia desaprobaba el indumento de su hija.
Que desaprobaba a la persona a través del atuendo.
Desaprobar lo interno mediante lo externo.
“Padre..., ¿a dónde va usted de esa guisa?”.
“A recoger a mamá a la estación”.
“¿No se acuerda usted que madre murió hace más de diez años?”.
¡¿Cómo?!
El hombre, en paños menores, quedó reacio, algo sumiso, también extrañado, pensativo, dubitativo.
Entre otras cuestiones porque confiar en su hija no era algo que...
Desconcertado dio media vuelta, ambas personas entraron en el ascensor,
el hombre mas preguntaba si mamá murió o no...
Todo aquello a este padre le sonaba a extraño, como si no se aclarase.
El síntoma, no manifiesto, ya salió a la superficie, ya había llegado.
Su hija, toda la vida ha temido a su padre con ese vocabulario intimidante, y ahora...
Ahora el patrón de “Prisionero o una hija prisionera, que debe cuidar a su carcelero”.
Fin de la Segunda parte
0 comentarios
Ingresá para dejar un comentario.
Todavía no hay comentarios. Sé el primero en dejar uno.