De Vuelta 2
Pero era una idea tan descabellada que Amanda sacudió la cabeza como si la espantase, lo cual hizo que el hombre de mediana edad que iba sentado a su lado la mirase de reojo y se enfrascase de nuevo en su periódico. Ella no se dio cuenta; estaba demasiado ensimismada pensando en su situación. ¿Cómo iba a pensar hacía tan solo seis meses que la agencia de publicidad en la que trabajaba se declarase en quiebra? Ni tampoco había pensado cuando alquiló aquel ático en la mejor zona de la ciudad que su relación con Ricardo se terminase; pero así había sido tres meses atrás, con lo cual se quedó ella sola pagando un alquiler astronómico y además sin trabajo. Tenía algún dinero ahorrado, pero a este paso pronto se quedaría sin nada. Y por nada del mundo querría pedirle dinero a su padre. Sus relaciones no eran demasiado buenas y él siempre la había acusado de vivir por encima de sus posibilidades. Mientras el paisaje monótono de las afueras de la ciudad iba pasando ante sus ojos, pensaba si no sería providencial esa herencia; al menos tendría donde vivir. Y en los pueblos todo era más barato, según decía siempre su madre. Pero en contrapartida también las posibilidades de encontrar trabajo serían menores. Por eso seguía rondándole la cabeza la idea de montar en la casa de Tía Irene una especie de posada; algo pequeño pero bonito donde se pudiesen alojar parejas o familias pequeñas para pasar un fin de semana o tal vez unas vacaciones cortas. El pueblo era muy pequeño, pero ella lo recordaba pintoresco, con su mezcla de casitas de pescadores al lado del puerto y la zona más rural donde estaba la casa de su tía, en las afueras. Se le daba bien crear lugares agradables, tenía buen gusto para buscar muebles antiguos y sabía combinar las telas con gracia para que el ambiente fuese acogedor. También era una buena cocinera, organizada y rápida entre los fogones. El problema, el eterno problema de siempre era el dinero y sobre todo, el estado en que se encontrase la casa. Si necesitase muchos arreglos sería imposible llevar a cabo su alocada e incipiente idea; ningún banco le concedería un préstamo y sus escasos ahorros no le permitirían ir más allá que darle un ligero lavado de cara. El movimiento del tren y lo aburrido del paisaje la fueron adormeciendo. Soñó con casitas meciéndose a orillas del mar, barcas de pescadores pintadas de rojo y campos sembrados de cónicos montones de heno en veranos cálidos y largos. Eran los recuerdos de su infancia.
10 comentarios
Buitrago
07/11/2012 · 16:46
Jejejeje muy bueno, esta es mi Beth jejeje
Pues mira, algo mas moreno y depilado, con una peluquita y poco mas, yo, clavadito a Michelle... Bueno, con el clitoris mas superficial y desarrollado jajajaja
Besos
Antonio
Elmalevolico
08/11/2012 · 06:37
Todavía no se ve pa' donde va y eso me mantiene a la espectativa... mmm no me dejes así por mucho timepo o yo mismo mando un correo al FBI para denunciarte jajajajjaja
mmmmuas!!! un beso...
Asun
08/11/2012 · 13:11
Muy bien Beth, a ver a donde nos lleva esta nueva aventura que has iniciado.
Besos.
Kc
09/11/2012 · 05:29
Hermosas imagenes, que bien!! seguire esperando los postreros acontecimientos, éres increible Beth! sea como sea lo que escribes lo haces de maravilla te admiro mucho.
Abrazos cariñosos.
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Admirable, que envidia mas cochina la mia, prosa, poesia, narrativa. Nada se escapa a tu maestria.
Besos
Antonio