Matar a PenÉlope
Hoy he empezado a matar a Penélope.
Le he clavado un puñal
en medio del pecho,
me he fabricado con sus lágrimas
un escudo que huele a dolor
y tiene el tacto suave del terciopelo.
Pero cuando la estaba matando
también, poco a poco, mi vida
entera se iba apagando,
mis ojos se cerraban y desde
mi azul, amor, ya te estaba,
aún sin haberte ido siquiera,
extrañando.
Aunque no quiera, tendré
que confesarte que no deseo
que ella se muera, aún sabiendo
como sé se trata de elegir
entre su vida y la mía.
Pero no puedo matarla del todo,
una parte de su anhelo sigue
aleteando en mi pecho, me
sigue atormentando noche a noche
y sigue haciendo también
crecer mi desvelo.
Le he clavado un puñal
en medio del pecho,
me he fabricado con sus lágrimas
un escudo que huele a dolor
y tiene el tacto suave del terciopelo.
Pero cuando la estaba matando
también, poco a poco, mi vida
entera se iba apagando,
mis ojos se cerraban y desde
mi azul, amor, ya te estaba,
aún sin haberte ido siquiera,
extrañando.
Aunque no quiera, tendré
que confesarte que no deseo
que ella se muera, aún sabiendo
como sé se trata de elegir
entre su vida y la mía.
Pero no puedo matarla del todo,
una parte de su anhelo sigue
aleteando en mi pecho, me
sigue atormentando noche a noche
y sigue haciendo también
crecer mi desvelo.
6 comentarios
Sandor
26/08/2014 · 10:41
Beth
Horas lentas como mareas...el pie se imprime sobre la arena y la resaca borra su arma.. es una titánica la de Pelélope y la de Ukises.
Buen poema,
Saludos
Teresina
29/08/2014 · 15:09
Todas en un momento de la vida,somos Penélope,y aunque a veces no cansemos , hay seguimos.Un beso cariñoso.
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Penélope nunca muere, la araña sigue tejiendo. Es su sino y sin el no puede sobrevivir. Triste jaula la de Penélope, anclada para siempre a su telaraña, cautiva de su propia razón de ser.
Un precioso poema que atrapa al lector entre sus hilos.
Un saludo, Beth.